Empecemos poniendo unas sevillanas que, desde mi punto de vista, no son cualquier cosa.
Alba Molina (en muchos sitios de Internet dan la autoría a Estrella Morente) en estas sevillanas tiene una forma de decir que llega dentro, muy dentro... quiebros, dejes, tonillos que dan a la letra y a la música un punto de realidad femenina encantadora, natural y también desgarradora. Las pondremos para seguir los pasos indicados más abajo.
No, qué va, yo no entiendo de flamenco ni de sevillanas, pero me crié en una casa donde se alternaba lo más cool del momento, que escuchaba mi madre, fina, elegante y bien educada, con el flamenco y la alegría de mi tata, ni fina, ni elegante, ni falta que le hacía.
José Guardiola, Nat King Cole y Los Brincos luchaban por hacerse un hueco entre fandangos de Alosno de los hermanos Toronjo (mi mamá es de Cabezas Rubias).... y hasta Manolo Escobar, que a mí particularmente me sacaba de quicio. Pero ni un solo día faltaba la música, y eso que a veces... ... ... A veces mi madre se sentaba en el descansillo de la escalera y cantaba fandangos de su tierra, una tierra que odiaba y añoraba a partes iguales. Yo la odiaba a ella, no me gustaba que hiciera eso, en mi casa entraba y salía medio pueblo y la podían ver, allí nadie cantaba fandangos de Alosno, qué vergüenza... Ahora siento no haberme sentado con ella y haber llorado las mismas lágrimas gordas como charcos que se le caían sin que la voz se le quebrara, claro que entonces no sabía yo que algún día tendría los mismos sentimientos de desarraigo que tenía ella y que se me caerían las lágrimas igualitas, igualitas, añorando las raíces que me alimentaron y que tanto odié porque a veces era alimento envenenado. Eso sí, yo libero al mundo de mi cante y reparto mis lágrimas al aire en modo aspersor, mientras bailo flamenco como si nadie me viera. Es muy bonito dar una vuelta y ver el chorrito de agua salada volar de tus ojos hasta el cristal del espejo...
Empezar a bailar en esa casa no era difícil, aprendías por puro contagio. Bailar y cantar es medicina para el alma y bailar flamenco, es también medicina para la espalda, que me lo recetó mi otorrino, y para la autoestima es un bálsamo, un aceite suave que alguien te extendiera con afecto por las orejas, el pelo y el alma.
Pero veamos un ejemplo...
Imagina que te levantas un poco baja de ánimo y sin ganas de ná que diría mi queridísima Martirio. Da estos pasos y los demonios se irán a otra parte, tú despídelos con cariño, a fin de cuentas sin ellos no seríamos las que somos. Empezamos:
1. Cepíllate el pelo, lávate la cara, mírate a los ojos, sonríe a la mujer que te mira desde el espejo, ¿a que es una tía estupenda? Hace calor, quítate la ropa. Toda. Deja de mirarte a los ojos. Vamos... eres preciosa... Me enamoré, me enamoré, me enamoré... tu risa, tu pelo, tu cara paisaje del cielo...
2. Pon las sevillanas, dale al play, respira hondo, levanta los brazos... más... mira el espejo... muévete, baila, quiébrate, escucha, siente, llora, ríe, haz lo que te salga. Todo. La soledad, la soledad, tu soledad... tus besos, mi miedo...
3. Ya has visto que puedes vivir sin nada y bailar sin ropa. Ponte una falda de vuelo y vuelve a bailar, esta vez dando aire a la tela. Asoman tus piernas, se ven tus pechos, qué hermosura... Ponte una camisa blanca, hazle un nudo bajo el pecho, deja el estómago fuera, gitana. Sube los brazos, hinca la cabeza, mira arriba, vuelve a jincar, gira, gira, gira, mírate qué guapa estás, qué bien te mueves, qué bien te sientes. Tú que te das, tú que te das, tú que te das... mi sangre, mis ganas, mi aliento...
4. Ahora una flor en el pelo. La que más te guste... una enorme margarita blanca, por ejemplo. Mete tu mano bajo la nuca, despéinate, acaríciate, libérate, libérate, libérate... Y date el son de los campos y las playas de Cádiz.
Otra opción si finalmente no te atreves a bailar, es irte a Puerto Banús y leer un buen libro. En papel o en áipad, eso es lo de menos, pero que haga juego con tu alma o, al menos, con tu bikini.

2 dicharachos:
Bueno, pues qué decirte? Que lo de Cabezas Rubias ma tocao. Pero, realmente, lo que me sugirió tu post fue una palabra dicha en el campo que yo viví de niño...
La palabra es mujé. Allí era una palabra llena, plena.
Me gusta lo que escribes y cómo lo escribes. Por cierto, yo también he leído ese libro de Murakami este agosto y me ha gustado mucho. Espero comentar contigo algunas cosas que se me han quedao en suspenso...
...Ozu...Que plasticidad
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