19.10.08

Albóndigas claritas

Estas no las he probado en ningún sitio más que en casa de mi madre. Bueno, la casa es de mi padre, pero la que guisaba era ella. Y la que planchaba, limpiaba... bueno, y la tata. En aquella época tener tata no era muy meritorio, las pobres no ganaban nada y eran explotadas hasta el límite, pero tuvimos la suerte de tener tata. Yo quería mucho a mi tata y pude haber querido a mi madre, si mi madre hubiera sido más feliz. Ella no vivía donde quería ni como quería, y eso impide que guises bien. Y yo no entendía por qué mi madre no guisaba bien y estaba siempre tan enfadada. Ahora sí que lo sé, pero ya no tiene remedio, sólo me sirvió para aprender.

Voy a la receta. Ponemos a calentar una olla bien grande con agua y un hueso de jamón de Jabugo. Por este motivo, tendremos que ir quitando la grasa y los espumarajos que saldrán. Hay que ver las cosas que comemos...

Previamente, en tu carnicería de confianza, o pidiéndolo en alguna otra, habrás comprado 150 gramos de carne de cerdo, otros tantos de ternera y otros tantos de pollo. Si hay mucha confianza, a la máquina de picar le echaremos también tres dientes de ajo bien hermosos (no voy a nombrar ahora a Faustino) y una lasca de jamón. Si no la hay, tendrás que picarlo todo en casita, y a mano. También lo venden picado, sí.

Vamos al lío. En un bol grande, pones las carnes picadas con el jamón picado y los ajos picados. Lo mezclas todo muy bien. Salpimentar y añadir el zumo de tres limones (los puedes coger de casa de Candi, que en el mercadona son muy caros) y tres huevos bien batidos, además de un puñadito de pan rallado. Amasar bien. A estas alturas, el agua debe estar hirviendo y el hueso echando espumarajos que deberás empezar a quitar. En un recipiente ad hoc pones harina a discreción y en ella empiezas a bañar las albóndigas. También odio liar albóndigas, como odio liar croquetas y odio los líos, así que me salen grandes, pero en estas no importa que sean un poco más grandes de lo habitual, no son como las albóndigas en salsa. Pasar las albóndigas por la harina, sacudirlas bien y echarlas en el agua hirviendo. Ya sólo tendrás que esperar a ir probando que no estén crudas, que estén bien de sal y de limón, el caldo espesa un poquito y... al día siguiente estarán mejor.

Lo confieso, yo lío las albóndigas con guantes. Muy limpios, claro, pero guantes de goma. O de látex. Si se los ponen los cirujanos, ¿por qué yo no?
Es carne a fin de cuentas...

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