24.8.08

Tortilla de patatas con verduritas.

Una tortilla de patatas no es cualquier cosa. Es decir, no cualquiera puede hacerla (buena, digo). No tengo foto, mi nene me quitó la cámara y lleva todo el verano volando voy, volando vengo. Y yo que me alegro.
Por ejemplo, el tipo de patata, el tipo de aceite, el tiempo en cantidad y calidad, los huevos, algo de leche, sal y una sartén que no se pegue, son todos requisitos fundamentales. Como en todas las recetas, hace falta poner mucho afecto, amor si se tiene y paciencia. Ya sabes, si no tienes tiempo, llama al telepizza y mañana intentas la tortilla.

Empezamos. Pelar las patatas de Chipiona o sitio similar, tersas como mis... bueno, quiero decir tersas, estiradas pero no tensas, y de un tamaño adecuado como su... bueno, quiero decir que ni grandes ni pequeñas. Trocearlas en rodajas finas, no es necesario usar tabla ni que salgan todas las rodajitas a medidas exactas, pero sí procurar un grosor adecuado como tu... bueno, que nada.
Salar un poquito, pero poquito, que la sal sube la tensión y con ver el Telediario es suficiente. Las ponemos a freír con sosiego en el aceite de máxima calidad, virgen extra andaluz, amén de cordobés o jiennense, por dejar la faena rematada y perfecta.
Chof, chof, chof, mientras arreglamos las verduritas de calidad (aunque sirven muy bien las socorridas bolsas de verduras troceadas frescas del mercadona, más concretamente la sopa juliana y la sopa campesina, fifty-fifty. En caso de haberlas comprado en la frutería de calidad a precio de oro, se lavan muy bien y se trocean pequeñitas, muy pequeñitas: zanahorias, brócoli, judías verdes, espinacas, acelgas, coliflor, col... absolutamente todas las que te gusten. Si te cansas de picar, ponte un disco movidito y tómate un kitkat musical (baila como si nadie te viera... ¡pero echa un ojo a las patatas!) para luego seguir, inasequible al desaliento.
Las patatas se ponen tiernas enseguida y entonces es el momento de darle caña al fuego para que se pongan pelín doraditas y pelín crujientes. Las sacas y las dejas reposar bañadas en el huevo batido al que se añade algo de sal y un chorrito de leche.
En el mismo aceite de las patatas, ya sabéis la crisis en la que nos tienen sumidos nuestros jerifaltes de la política, echamos las verduritas a dorar, deben quedar al dente, si es posible. Se les pone un poquito de sal, pero recuerda: poca.
Cuando la verdurita esté, se añade al barreño de patatas, se mezcla todo muy bien y se echa en la sarténquenosepegajamás, en la que a fuego lento (revoltosas, caricias que parecen mariposas) se irá haciendo por dentro y por fuera. Darle la vuelta es un arte muy sencillo si lo haces en plan casero y no como los cocineros masculinos, que no pueden evitar ser hombres y tratan a las tortillas con una brusquedad que no es menester.
Cuando vemos que está hecha por debajo (es como cambiar de marcha en el coche: la tortilla te lo pide con su volantito exterior ya hecho) se deja patinar por la sartén (si pusiste una que se pega, te acordarás de mi padre, pero ni mi padre ni yo somos responsables: sólo tú, por dejadez) hasta que se deposita con suavidad en un plato llano. Tal como es lógico, coges la sartén con la mano izquierda, el plato con la derecha, y vuelta a resbalar, pero esta vez dejas caer la tortilla como dándose un porrazo de boca contra la sartén. Esperar a que baile la tortilla cuando movemos (en horizontal, por dios) la sartén, es señal de que hemos llegado a buen puerto y tendremos buen provecho.
¿O no?

  © Blogger templates The Professional Template by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP