6.10.07

Ser mujer debería cobrarse aparte.


Me cuenta un amigo que fue a una discoteca de puretas (o similar) y que le sorprendió el hecho de que estaba llena de mujeres maduras vestidas de veinteañeras, con aspecto de pedir guerra. A mí no se me puede dar una información así, con tonito de "hay que ver como están las divorciadas", y esperar que me quede relatando: "Pues sí, pues sí..."
Yo, que soy una mujer madura y que intento no vestirme de veinteañera, me siento dolida cuando sé de esas cosas, porque me parece que todo lo que les pasa al resto de las mujeres del mundo, de alguna forma me pasa a mí también. Y claro, a una no le gusta verse fea, verse mal juzgada, verse como ciudadana de segunda, de tercera o por debajo del nivel social de los osos polares, que son especie protegida (lo que no impide que se carguen alguno)
Me pasa algo cuando a las gitanas no las dejan estudiar, me pasa algo cuando cada afgana sale a la calle debajo del burka, me pasa algo cuando una familia entera desprecia el trabajo doméstico de la madre, me pasa algo cuando a alguna mujer la matan por no obedecer las normas que ella no votó, me pasa algo en fin... a lo que no sé ponerle nombre. El caso es que me pasa, y no siempre sé qué hacer con lo que me pasa.

Puestos a hablar, hablaba con el mismo amigo sobre el lenguaje no excluyente, el lenguaje no sexista, el lenguaje que, al parecer, tan caro les sale a algunos utilizarlo. Y me hablaba él de economía, la del lenguaje.
¿Por qué negar, sin nombrarlas, a todas las mujeres que desde el anonimato y, a veces, el dolor y la oscuridad de sus "hogares" han mantenido a flote la economía mundial, además de forma gratuita, con la excusa precisamente, de estar economizando, pero esta vez con el lenguaje?
Puestos a economizar, el masculino podría fácilmente desparecer de la escuela, por ejemplo, donde los profesores y los padres son francamente minoritarios, cuando no inexistentes. Claro que de la educación siempre se han encargado las mujeres, ¿verdad?
No podríamos hacer lo mismo con el FMI, o con el gesiete, o el geocho... allí todo es gris marengo o, en un alarde de originalidad, raya diplomática.
Y yo sólo supe contestar que jamás un hombre entenderá lo que se siente cuando, ya de mayor, descubres que te han estado ninguneando cada vez que tus padres hablaban de ti y de tu hermano, en todos los documentos oficiales después de casarte, en todos los dicursos, en todos los textos que tuvieran que ver con el común de los mortales, en las cartas del banco que pagabas tanto como él, en la guía telefónica, en las cartas del tutor o la tutora de tu hijo o de tu hija, aunque seas tú la única que las lee, y de pronto, empiezas a acostumbrarte a escuchar cómo te nombran: ella, madre, mujer, maestra... además de él, padre, hombre, maestro... esto suponiendo que alguien lo haga, que no es lo que, de momento, abunda. A mí me gusta.
Siento mucho que a algunas personas les moleste tanto el derroche de palabras que es nombrar a las mujeres, o usar palabras que incluyan a todos y todas, pero que se vayan acostumbrando porque, a la gente joven, al alumnado de las escuelas, en el caso de que lo oigan, no sólo no les molesta, sino que les gusta.
Y den gracias a que las mujeres no hemos pedido indemnización, daños y perjucios, si no ahora tendríamos que estar hablando en femenino mil años para compensar y omitiríamos el masculino además, pero únicamente porque somos grandes ahorradoras, no porque queramos ningunearlos.

A veces lo que siento, ese algo que me pasa con todo esto, es solidaridad con la que sufre, incluida yo misma. Y otras, como en el caso de las guerrilleras discotequeras, es puro cabreo con ellas, por no defender su derecho a ser mayores y a estar solas sin tener la sensación de que estás incompleta, por ejemplo. Luego se me pasa, porque pienso en que algunas veces se acabn las fuerzas y no puede una ser además de persona, trabajadora y mujer, valiente.
Sea como sea, en el país que sea, ser mujer es un sobreesfuerzo lo mires por donde lo mires: hasta en una sociedad tan perfecta (¿?) y organizada como la nuestra, en las mejores condiciones posibles, ellas tienen que ir por el mundo impecables, tersas, las más de las veces subidas en tacones incomodísimos, sólo aptos para actos ¿impuros ? en la intimidad del tálamo, la mayoría con doble y hasta triple jornada de trabajo, demostrando lo que valen al haber conquistado al payo del audi, que las hará libres, con su belleza inmortal y, cómo no, estando a disposición de todo el mundo...

Así que pido un sobresueldo, sea el que sea el que la mujer tenga. Pero si un sueldo no es posible, que nos den al menos el plus de peligrosidad que tienen los bomberos.
Y ya puestos, un bombero para cada una.

3 dicharachos:

IGUALES 3000 dijo...

Hola Lola. Soy Manuel, de IGUALES EN LAS TRES MIL. DESDE ALLÍ HE LLEGADO A TU BLOG Y HE LEIDO ENTUSIASMADO tu post. Todo, todo cuanto dices es incontestable, genuinamente verdad. Me ha gustado mucho la forma en que has ido desgranando una por una todas las razones por las que todavía aún hoy en pleno siglo XXI merece la pena luchar, merece la pena desde cualquier ámbito y lugar reivindicar lo que es de justicia social. Lo que has escruito debería leerse en los colegios, en los institutos en las oficinas, en todos sitios. Realmente, maravilloso. Encantados estamos de contar con los comentarios de mujeres fuertes e inteligentes como tú en nuestro espacio para la igualdad. Recomendaré a mis alumnas que visiten tu blog.
Un cordial saludo en el nombre de mis compañeros de Iguales.

©Lola dijo...

Dicen que no hay mejor manera de aprender algo que experimentándolo.
Para bien y para mal.

En cualquier caso, me abrumas...

Tecolinha dijo...

¡PLAS PLAS PLAS!
Muy bueno, gracias por contarlo...

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