17.10.09

Que 50 años no es nada... más, ni nada menos

1959 fue el año de nacimiento de La Bella Durmiente, de Barbie, y el mío, con resultados obviamente diversos.
Es decir, ellas no se arrugaron por falta de risas, lágrimas y emociones varias. Yo lo pasé mejor y también peor, claro.


Los Sírex, Victoria Abril, Astérix, Obélix y Superman, tienen mi edad. También la fregona y el chupachups, vaya par de inventos, y los Lego, aquella adicción que dejamos para engancharnos a Internet.


El 15 de octubre de 1959, cinco días después de nacer una servidora de ustedes, el Instituto Karolinska de Estocolmo comunicaba a Severo Ochoa que le había sido otorgado el Nobel de Medicina.

Milagros como las primeras tabletas de turrón de Suchard, a las que sigo enganchada como si mi colesterol y mis lorzas incipientes no existieran, nacieron también en 1959. Y muchos amigos y amigas a los que no nombraré porque no llevan tan bien como yo esta (mierda) maravilla de cumplir la pila de años.

El mini es del mismo año, aquel coche que tantas veces dije que tendría pero que, cuando llegó el momento, me pareció que no era digno de acoger tan magna figura como la mía. Vaya, que me daba miedo pegármela en aquella cosa tan chica.

Y también el año que nací yo empezó Rouco Varela a hacer de las suyas. Menos mal que lo compensa España con la creación de la DGT y la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil, que me vienen cuidando conjunta y coordinadamente con mi ángel de la guarda emocional toda mi vida. Sí, soy una tía con suerte, mucha suerte diría yo.

Todo es tan emocionante... Los recuerdos, el mérito de haber llegado hasta aquí, el principio de conciencia de que ya sólo queda bajar, todo es soportable, amable y genial. Pero nada es perfecto y mi cumpleaños, compartido con tanto personaje insigne, tenía que estar manchado, estigmatizado, cagado en fin, por

¡¡EL MALDITO 50 ANIVERSARIO DE CARREFOUR!!,

evento que he conocido esta mañana miestras luchaba como una jabata contra mi colesterol e incipientes lorzas, al pasar por allí corriendo, que decía la canción.

Y que, como supondrán mis diez lectores, me ha dejado sumida en una tristeza infinita, una desazón mortal, verme compartiendo aniversario con semejante tugurio me resta glamour, me acentúa el restillo de cutrerío que me quedaba, me hace tremendamente humana y eso me da mucho, mucho corahe.

Aunque pensándolo bien, una reina humana tiene su puntito glamuroso, hermoso y divino. Miren si no a Letizia, que ya lo anuncio, engordará un poquito a los 50 años y le sentará muy bien. Tal que a mí misma.

9.9.09

A todos los sapos de mi vida...


...a los que alguna vez convertí en príncipes (mal hecho por mi parte, pobres...) estropeando las bondades naturales de tan lindos batracios. Ahora que soy mayor y ya sé que donde se ponga un hombre de verdad que se quiten los toreros, pido perdón a todos y cada uno de ellos. Les quise mal, me quise mal. Ahora que soy mayor ya aprendí que el amor no lo tienen que poner ellos, que lo llevo yo sin importar si ellos son o no son, si quieren estar o se van... Les quiero ahora, les quiero bien, les quiero así.

Lo diré con palabras prestadas, que la poesía no es lo mío mientras no homologuen la poesía bruscadadá ;P

No puedo hacerte hoy responsable de mi sueño, ni de nada.
Crucé mares de oxígeno en tu búsqueda, tú no estabas, quise encontrarte muchas veces, tanto quise, que dibujé fantasmas.
En el marasmo de mis ocupaciones cotidianas, te perdiste, celoso, irreverente, pequeño camarada del fracaso, amante de la sangre derramada, adalid de las nubes, viento frío en la cara, mi centinela acorralado por su propia existencia figurada.
No puedo hacerte hoy responsable del tropiezo ni de la ciega dicha,

Mi amor te transformó en un príncipe, y la corona que te puse sobre el hombro, pesaba demasiado, famélica figura que se escapa, fui yo que te pintaba, fui yo que te escribía, fui yo que te escondí, como un retazo de sol que envuelve a la mañana rosas blancas, tras el ozono azul de mis palabras, mentira que refulge a la luz del desamor, cuando cae el telón de la ignorancia, y la verdad nos ciega con su luz tan extraña...
No eras hermoso, en mis ojos la belleza descansaba, no eras siquiera bueno, yo quería tanto que lo fueras...., que dibujé fantasmas.

ALEJANDRA MENASSA

21.7.09

Masajes y maridos



Yo adoro Internet, pero me gustan mucho más los masajes, dónde va a parar.
Claro que hay masajes y masajes, masajes duros, masajes tiernos, masajes blandos, masajes redondos y con picos, incluso hay masajes que son verdaderos atropellos. Cuando estos últimos te los da un voluntario o voluntaria, se aguanta con más o menos dignidad y a los 30 segundos, aproximadamente, hay que decir ¡basta! sin que se note que dices ¡basta!. Un gracias, estoy fenomenal, puede ser suficiente.
Cuando el masaje es lo que tiene que ser y te lo da quien te lo tiene que dar, no hay hora, ni fecha, ni cumpleaños, ni que vienen los amigos a cenar, ni que hemos quedado, ni que hay entradas para el Boss, yo no veo la hora de terminar. Mi abuela definía bien la esencia de mi ser terrenal: Esta niña no tiene hartura. Y salvo en lo de niña, el resto sigue igual.

Un día padecí el masaje de una aspirante a peluquera, que si llego a ser yo miembra del tribunal que debía admitirla, acaba en una peluquería canina. Qué ira tenían aquellas manos, qué tensión, qué dolor creo... Me compadecí de aquellas manos tensas y no dije nada, así que volví a casa con una calva considerable. Pero también aprendí la lección: nunca más tendría un grado compasivo más alto con los demás que conmigo.

Hoy he ido a darme un masaje y la masajista me ha dicho antes de empezar: Me revienta dar masajes, a mí lo que me gusta es maquillar. He estado a punto de salir corriendo, sin embargo me he quedado. Y, si bien el masaje ha sido más que aceptable, lo mejor de todo ha sido escuchar a los seres humanos que me rodeaban. Humanas, en este caso.

El sitio es un pijositio que, como todos los pijositios, son de quiero y no puedo. Aromaterapia, musiquita para meditar (que me pone de los nervios), todo limpísimo y una pared de papel de fumar con la sala contigua, desde donde oigo con toda nitidez, porque además gritan un poco, la conversación que se desarrollaba entre dos buenas amigas de las que se lo cuentan todo y no se lo repiten a nadie porque ¿a quién se lo voy a contar, mujer?.

Antes de entrar las vi en la sala de espera. Treinta y tantos años, uñas pintadas de negro, las veinte, las veinte uñas digo, melenas morenas sevillanas densas de morir y con mechas que necesitaron al menos tres horas para aclarar algo. Pulseras, reloj enorme, cadena, collar, aros de vértigo, plataforma de esparto y loneta, raya ancha y negra en los ojos, rimmel engrudo, y bolsos dorados del mercadillo. Faldas ceñidas intentando sujetar sin conseguirlo los michelines que no se fueron con la operación bikini 2005 y ante los que es evidente que se han rendido, y escotes en uve que insinúan que aquello se está convirtiendo en un desastre. Anillos de casadas y cara de cansadas, tan jóvenes. Debieron ser muy guapas, puede que incluso lo sigan siendo debajo del enfoscado-maquillaje y de tanto complemento.

Hablaban de lo mal que lo acaba de pasar una amiga en el hospital por un problema ginecológico. La pobre se vio negra para encontrar quien la acompañara por las noches, dijo una de ellas. ¿Y eso cómo es posible? ¿Y la familia? ¿Su madre? ¿No tiene hermanas? ¿Ni primas, ni tías, ni ? ¿Que está sola en el mundo?, pregunta espantada. Yo pensé en ese instante que esta mujer no contempla como compañía a ningún espécimen del sexo masculino. No, no, qué va, claro que tiene familia, madre y dos hermanas, pero no viven aquí. Otra que no considera a los hombres como posible compañía. No saben lo que se pierden, pienso yo mientras pongo bien la oreja... Tras un breve silencio, a una se le debió iluminar la mente , cae en la cuenta, y pregunta: ¿Y el marido?, ¿Por qué no se quedaba el marido?

De repente la pregunta tocó los entresijos más profundos y dolidos de su amiga, algo tremendo se revolvió en esa mujer porque contestó casi gritando: ¡¡¡¿El marido? ¿Tú ves muchos maridos en los hospitales?!!! Los maridos te comen el coño cuando a ellos se les antoja, pero no te lo lavan en un hospital, ¡que pareces tonta, joder!


¿Que si me relajé? Sí, mucho, sobre todo cuando llegué a mi casa y vi que no había ningún marido de esos a la vista.

5.7.09

Sí, no, sí, no...

Mientras te afanas en explicarme lo que nos podemos perder si no digo que sí a todo, yo me ocupo de las cosas importantes... como mis zapatos nuevos ;)


28.6.09

Madres



Madre: Lola, dile algo, pa mí que está bulímica.

Hija: Bulímica dice, lo que tengo es ansiedad de aguantarte, por eso vomito, porque mi vida me da asco.


Yo: Vamos a ver, un poco de calma. Madre, cállate por favor, sólo quiero hablar con ella.

Madre: ¿Que me calle? ¡Pero si soy su madre! ¿Quién va a saberlo mejor que una madre?


Yo: Pues casi que cualquiera. Yo misma, que no soy de vuestra familia. O un profesional.


Hija: ¿Un loquero? ¿Un chismoso caro? ¡Ni hablar! Además, yo sé lo que me pasa. ¿Sabes qué me dice cuando vomito? Pues me dice a gritos:

¡¡LA PRÓXIMA VEZ QUE VAYAS A VOMITAR NI SE TE OCURRA COMERTE LOS YOGURES CAROS, TE COMES LOS DEL MERCADONA, QUE PA TIRAR SIEMPRE HAY TIEMPO!!


Lo he creído siempre y lo sigo creyendo ahora que soy madre: La maternidad ha estado y está sobrevalorada socialmente e infravalorada emocionalmente.
La paternidad puede hacer el mismo daño, pero es más fácil de entender.

Y no me extiendo...

27.6.09

Hago ¡chás! y aparezco a tu lado. V.O.



No, lamentablemente, no apareció Hugh Jackman. Era una moto. Salía yo de trabajar doce horas del tirón, agotada pero contenta, satisfecha con el trabajo realizado, esperando el descanso de mi hogar, un bañito de sales, el sofá, mi sosiego. Y tuvo que venir el imbécil a estrellarse contra el parabrisas de mi coche. Con la de farolas y papeleras que había, tuvo que elegirme a mí.
Yo lo vi venir, lo hice constar en el atestado, y además, pude ver con antelación lo que iba a ocurrir con la moto y el coche. Lo que no esperaba jamás es el circo que se montó en un segundo. Desde que pensé le doy, a este gilipollas le doy, hasta que le di, no dio tiempo a que pasara el tiempo. Fue algo así: Este gilipollas me jode el viernes, que le doy, mecagoenlaputa, no me da tiempo a pitarle, no me ve, ¿pero es tonto?, no ha ido a la escuela infantil o la susodicha escuela era pública y le tocó una maestra interina con cinco hijos, que no tuvo energía para enseñarle nada, porque no sabe por dónde ni para dónde se mira al cruzar la calle... ea, le di.

Afortunadamente, cuando era pequeña le robaba dinero, bastante, a mis padres para irme a los coches de tope, los coches que llaman locos. Así no aprendí a conducir, claro, pero sí a esquivar golpes, también de motos pilotadas por seres absurdos. Aún siendo habilidosa, no pude evitar ver cómo un casco negro más antiguo que la lana, caducado seguramente, se estrellaba contra la esquina derecha del parabrisas de mi coche y cómo una voz de mujer, a mi derecha, chillaba cual rata de alcantarilla desesperada.
La verdad es que ahora puedo escribir esto, pero en aquel momento sentí pánico. Un pánico espantoso de pensar que alguien se iba a morir a mi lado. Luego, pánico de pensar que le quedaran secuelas. Después, cuando vinieron a decirme que sólo tenía un rasguño, me dieron ganas de ir a taparle la boca. Hasta que caí en la cuenta de que ella no pilotaba el artefacto.

Sentí una tristeza profunda cuando escuché a un espontáneo (cani, por más señas) con moto, decir: El coche, la culpa siempre del coche. Y entonces pude llorar. De rabia más bien. Y escuché una voz chillona, como si otra rata hubiera salido de las alcantarillas sevillanas que me gritaba: Señora, que la que está en el suelo es ella, no usted. De repente entendí el éxito que tienen las mentiras y la casquería en la prensa, la televisión y la vida diaria. Si tienes sangre, eres víctima. Si no la tienes, pues ya no. Y también me di cuenta de que las poligoneras (de alma, que no de barrio) siempre estarán esperándome detrás de alguna esquina.

Así que probé una cosa. Tenía ciertas ganas de vomitar, pero no eran incontrolables, de hecho me fui calmando rápidamente. Pero como la gente me miraba como si fuera culpable de algo, empecé a dar arcadas de las de darse la vuelta y a poner cara de dolorosa. Y sí, medicina santa, conseguí que los testigos dijeran lo que vieron y que dejaran de mirarme como si la culpable fuera yo. Y es que, como me dijo una vez un poli: Si no hay sangre, no podemos hacer nada.

¿Queréis sangre? Pues sangre tenéis. Qué asco...

P.D. Los policías, encantadores. Los señores que me pusieron, me quitaron y me guardaron los triángulos, encantadores. La señora que me regaló la botella de agua, una madre. Y mis amigos del tribunal que venían detrás, un regalo. Salvo el cabreo con el soplagaitas del moterito ycuantomásaceleromásgrandeserálahostia, lo demás fue una experiencia casi religiosa. Aprender, es que no dejo de aprender, ¡coñoyá!

Atestado nº 7857/09-ZZToP



Automóvil algo sucio, al parecer como siempre, conducido por una señora, estupenda persona, aficionada a los coches locos desde pequeña, lo cual le da unas habilidades nada comunes a la hora de esquivar moscones, lástima que esta vez no fueran moscones sino un payo tonto el culo y la tonta el bote de su novia, por hacerle de paquete (en la moto).
Venía la susodicha señora, no la novia del tonto el culo, conduciendo tranquilamente por una avenida de una sola dirección, iba la primera de un montón de coches que acababan de salir de un semáforo en rojo, es decir, el semáforo se había puesto verde, igual que el siguiente y el siguiente. Todas las tardes, los tres semáforos, se ponen verdes al mismo tiempo, cosas de las nuevas tecnologías, lo que permite que la avenida sea fácilmente transitable, salvo si hay gilipollas en los alrededores.
Pues eso, que además la pobre mujer venía escuchando la radio y pensando en la mezcla de jabones y sales de la Boutique del jabón, una pasta oye, que iba a echar en su bañera when de repente, plof.
Ella lo vio venir, menos mal, pero sólo le dio tiempo a esquivar media moto y consiguió no darle de lleno jugándose el pellejo a punto de besar una farola. La moto y sus ocupantes venían como una exhalación por el paso de peatones. Sí, eso he dicho. En un paso de peatones, en rojo para los peatones, en verde para los coches, un insensato con moto cruza cual viandante y mira al único lado por donde no vienen coches.
La conductora del coche pensó en una micromillonésima de segundo: Este gilipollas me jode el viernes, que le doy, mecagoenlaputa, no me da tiempo a pitarle, no me ve, ¿pero es tonto?, no ha ido a la escuela infantil o la susodicha escuela era pública y le tocó una maestra interina con cinco hijos, que no tuvo energía para enseñarle nada, porque no sabe por dónde ni para dónde se mira al cruzar la calle... ea, le di.

Pide la señora que conste en el atestado que volvió a emocionarse con el poder de la mente en general, y de la suya en particular, debido a todo lo que pudo pensar en tan brevísimo lapso de casi no-tiempo.
Como iba diciendo, tras comprobar que los motoristas de los cojones no se habían matado ni tendrían secuelas graves (de hecho los rasguños no merecían la ambulancia que pagamos la ciudadanía al completo), la señora lloraba de tristeza, según ella no daba crédito a lo que había ocurrido ni a la reacción del público que tanto gusta de ver mierdas ajenas. Dice entender ahora el éxito de los programas televisivos amarillo canario.
A lo que iba, el motorista quedó en manos de mi compañero y yo atendí a la señora que dijo que no se movía de allí hasta que no quedara confirmado el hecho tal y como había ocurrido.
Finalmente, el motorista comemierda, mandó a mi compañero a pedir el número de móvil a la señora, para hablar al día siguiente sobre lo ocurrido.
¡Ja!, dijo ella, con un enfado que yo ya no podía diferenciar de la tristeza que también parecía experimentar. Es más dio una arcada y al preguntarle si necesitaba la ambulancia respondió: No, necesito la porra y darle al capullo ese, ¿me la presta?
Señora, por Dios, le dije, eso no es manera de arreglar las cosas.
Ella me miró y la entendí, así que opté por seguir midiendo y anotando todos los datos necesarios para arreglar el desaguisado.
Total, que mi compañero desistió de conseguir el número de móvil y le propuso un parte de amistad.
¿Cómoooo? Gritó ella, ¿amistad con quién? ¿sabe usted lo que un amigo? ¿tiene alguno? Yo no soy amiga de nadie que haga algo así, imposible.

Viendo que no había manera de engañarla, el nene, que se casa dentro de dos meses con la infeliz que transportaba sin amor ni cuidado algunos, vino a pedir perdón a la señora que le miró con sorpresa, y antes de que ella pudiera reaccionar el tonto el culo le dio dos besos y le puso cara de cordero degollao. Y entonces empezaron una conversación:

Nene de unos 28 años: Perdóname, de verdad.
Ella: ¿Perdonarte? Tengo unas ganas de darte dos hostias, que no te puedes imaginar, pero como tengo que aguantarme, dime una cosa: ¿Por qué lo has hecho? ¿Por qué has cruzado por un paso de peatones, en rojo, en moto, con tu novia, sin mirar...? ¿Por qué?
Nene: Es que pensé que no venía nadie.

Una vez más, la señora hace constar su sorpresa por la mente humana, esta vez en sentido contrario, 28 años de tiempo para pensar y no conseguir una respuesta sensata.

Ella: ¿Te has hecho daño?
Nene: No mucho. ¿Y tú?
Ella: Pues sí, me siento fatal, moralmente agredida por ti y por el público.
Policía 1: No le riña más al pobre, que bastante tiene.
Ella: ¿Cóooooooomo dice? ¿El pobre? Joder, ¿es que ningún tío es capaz de hacerse responsable de sus actos? ¡Quiero irme a mi casa! ¿Funciona mi coche?
Policía: Perfectamente. ¿Quiere ver el golpe?
Ella: pues no, hoy ya he visto bastante. Y, volviéndose al Nene, le dice: Mírame a los ojos, vas a ir al hospital, le vas a pedir perdón a tu novia y le vas a decir de mi parte que se piense bien lo de casarse contigo. Ah, y si vas a tener hijos, ve antes a que te traten o algo, no vayan a hacer algún día lo mismo que tú. Y no, todavía no sé si voy a denunciarte, así que espero que al menos esta noche, no duermas.
Nene: Lo sé, lo sé, mil perdones de verdad.

La señora se fue a su casa, no sin antes obligarme a que todo lo anterior constara en el atestado, y lo que ella viviera, supongo que lo contará en otro post cutrecool, parece que últimamente no se relaciona con la jet-set.

11.6.09

Secretaría de relaciones con la prensa de M.M.

La señora María Mancini no anda perdida cotilleando en las colas de los mercadonas, no. Ha tenido un atasco insalubre, debido probablemente al consumo excesivo del queso para ensalada del sitio de marras, que le provocó un cúmulo grasiento que, aunque no mermaba en nada su natural belleza, su doctor de cabecera y su ayudante diagnosticaron como esohayquequitarlonovayaaser. Sana mental y físicamente donde las haya, la señora Mancini se asustó, pero desconfiada como nadie, probó a diluir el cúmulo extraño de formas más naturales que las sugeridas por su carnicerodemilgüoqui.

Las liposucciones de corporación dermoestética son para el vulgo, así que lo descartó enseguida como posibilidad de remedio. Y, discreta como sólo es ella, probó en otros lugares menos masificados como el centro Osho en la India, un centro espiritualmente humildísimo donde para meditar durante tres meses te piden una analítica de SIDA, que debe ser para que no se contagien los mantras. Una vez inspeccionado el lugar, descubrió que sus opciones para "meditar" eran una pila se señoras de todas las edades y algún señor que se preparaba para el tránsito al otro barrio, así que desistió de anudar las piernas y acabar con un lumbago de la leche por un quítame allá esas pajas, con perdón.

Durante sus meditaciones decidió que nada como la madre patria para curarse de cualquier dolencia e ingresó en la clínica Buchingué de Marbella, pero lo primero que hicieron fue no dejarla salir al mercadona de los alrededores donde no hay poligoneras, sino pititas y gunilas a las que copiar modelos discretos y austeros para el verano. Pero lo peor no fue eso, lo peor es que allí no la dejaban catar ni cacahuetes para ver el rosco de pasapalabra, ni chocolate negro con almendras Valor y picos artesanos de Alcalá para después del puchero con pringá, régimen recomendado por la OMS desde que el mundo es mundo.



Así que María claudicó y vino a darse cuenta de que meditar no es lo suyo, dejar de comer menos y que su carnicero particular podía acabar con el problema liposuccionando de cuajo y de un solo tajo, mientras ella se dedicaría a reponerse y aceptar los mimos a que hubiera lugar por parte de sus fans, amantes e incluso familia si no hubiera más remedio. Así que ha terminado volviendo a sus raíces cortijeras y anda retirada en su cortijo particular (que disfraza de hotel para despistar)

Desde allí nos recomienda que disfrutemos de las humildes cercanías, (cada uno de las suyas, a ver si la vamos a liar) ¿quién necesita las Barbados teniendo cerca de casa este chalecito, aunque no esté adosado? Próximamente tiene una gira como miembra de un jurado de bellezas pedagógicas que la tendrá más que entretenida, pero promete volver, si cabe, más renovada, hermosa y feliz que nunca. No desesperen, volverá, yo sé que algún día volverá.



Hugh J., secretario personal de la señora.
(¿A que todo el mundo pensó desde el inicio que firmaría una secretaria? Pues no, que la señora es feminista, paritaria y buena paridora y bueno, me tiene esgalasao, pero no de escribir, precisamente, no... ;))

7.5.09

Mercadona. Capítulo y III

El descubrimiento crucial sobre cualquier pueblo es saber qué relación existe entre sus hombres y sus mujeres. Pearl S. Buck



La conversación de aquellas mujeres se convirtió en el centro de atención de todo el mundo.
Cajera uno: Tú con tal de no estar en tu casa con tushíhos te inventas hasta lo de ir al hospital. Lo que sea menos aguantar a sus niños, dijo en voz alta y como dirigiéndose al respetable, que tan atentamente seguíamos su diatriba cariñosa.
Ella: Cuidao lo que está diciendo. Ten cuidaíto, a ver si se van a creer toa esta gente que soy una mala madre y que no quiero a mis hijos.
Cajera uno: Eso te pasa por tener tantos, ¿es que no eres capaz de aguantarte las ganas?
Ella: ¿Y tú? Lo bien que vives ahí sentada todo el día, dijo, como si vivir bien fuera un pecado, ¡A ver si te levantas del banquito! Cuidao lo que ha dicho, se va a creer la gente que no quiero a mis hijos, insiste buscando la aprobación del ya más que interesado público, ¡Pero si he estado todo el rato en el hospital llamando a unos y otros, que los tengo por toa Sevilla repartíos, que no sé lo que voy a pagar en móvil, y luego se cree el otro que me lo gasto charlando contigo! ¡A ver si levantas el culo ya de ahí!
Cajera uno: Nschtté, que a mí me pagan por mover las manos, dice mientras zarandea con recochineo el paquete de garbanzos paseándolo por el escáner, y no por estar de pie.
Ella, cambiando de conversación: ¿Qué, cómo está tu madre?
Ella parece tener una personalidad modelo amazona acorazada, todo el día simulando que puede con todo, que no pasa nada, que su cabreo sólo es sentido del humor. Sin embargo, la cajera parece una mujer más sumisa,con esa falsa sumisión que sólo las mujeres hemos aprendido a interpretar, que diría una psicoanalista americana, y por lo tanto, no puede dejar salir su ira de cualquier manera, así que la disfraza contestando pausadamente, como la hija aparentemente buena y obediente que cree que tiene que ser.
Cajera uno: Ya ves, la pobre, cómo aguanta, con la cadera rota, sin moverse, que la tenemos que ir a cuidar, con todo lo que hay por hacer...
Amiga: Es una gran mujer, qué capacidad, qué aguante, qué sacrificada.
Cajera uno: Bueno, bueno, dice claramente molesta por no llevarse su recompensa en halagos, pero a mí me da miedo verla así, porque eso que se está aguantando tiene que salir luego por algún lado, y a eso le temo yo más que a una vara verde.
Vaya, pensé, puede que no hayan leído a Jung, pero la intuición femenina es inapelable, inmensa y tremendamente sabia.
Ella va al final de la caja para cortar esa conversación que todas sabían que no podía seguir, que se había convertido en una conversación espesa, con demasiada carga emocional, y ayuda a su amiga a guardar la compra en las bolsas.
Amiga: ¡Coño, tía, mira las magdalenas, que me las estás espachurrando!
Ella: ¡Será hijaputa, encima que te ayudo!
Amiga (volviéndose airada y ya un poquito harta del estrés de Ella): ¿Y a ti quién te ha dicho que yo necesito ayuda?
Ella no se lo tiene en cuenta, al fin y al cabo se tienen unas a otras, se apoyan, se ríen, se critican, se quieren y se odian, y viven como han vivido la mayoría de las mujeres desde que el mundo es mundo: haciendo vida de patio de casona andaluza, o de patio de luz, o de puerta en verano, de parque, de cola del mercado, siempre mirándose de reojo y siempre tendiendo una mano, por si acaso alguien la necesita.



Así que se miran, y se ríen a carcajadas, dándose un empujón en la cadera, que menea el mostrador.
Cajera uno: ¡Un poquito de relajación, a ver si nos tranquilizamos que aquí viene gente de orden! Vamos pa casita y cuando llegues, le dice a Ella, te tomas dos valerianas, pero no dos pastillas, no. Tú hoy necesitas dos cajas.
Cajera dos: En vena, diría yo, hay que ver cómo estamos.
Ella a la cajera dos: ¡Oiga! A ver que maldecimos por ahí.
Cajera dos: Oiga no, si te quieres dirigir a mí, que sea con respeto. Yo pa ti soy doña Oiga, a ver si la vamos a liar.

Todas se ríen otra vez, a carcajadas fuertes, como para echar los demonios fuera, el dolor, el tedio y el cansancio. Porque todas tienen cara de cansadas, cara de estar hartas de ser las más pobres entre los pobres y entonces yo pienso si este juicio sumarísimo que estoy haciendo por mi cuenta tiene que ver con sus realidades o es sólo que no he podido evitar verme en ellas como en un espejo, mientras pienso que yo esa vida no la podría soportar. O sí, vaya usted a saber, porque en el fondo, aunque sea muy en el fondo y por mucho que nos joda... todas llevamos una poligonera dentro.

El que otros piensen que son inofensivas lleva a algunas mujeres al frenesí; intentan afearse imitando las maneras de los hombres y lo consiguen. Sueltan tacos, mientras se fuman un puro y queman la colcha, ingiriendo alcohol puro, con los ojos inyectados en sangre, hinchadas por la vanidad esperando la gloria: ¡escribe como un hombre!
Carolyn Kizer (tomado de La mujer herida, de Linda Schierse)


6.5.09

Mercadona. Capítulo II


Ella estaba muy inquieta, no paraba de moverse delante y detrás en un área de al menos 60 centímetros cuadrados. Tía, volvía a dirigirse a su amiga, el chico se despierta de noche y hace aarrrggggngngn, ¿eso será malo? La amiga la mira con cara pensativa, de experta, y pregunta: ¿Lo hace sólo una vez y se duerme, o más bien se ahoga?
Ella: ¿Ahogarse mi niño? Tia, qué dices, es algo así: aarrrggggngngn, zzz, aarrrggggngngn, zzz, aarrrggggngngn, ¿qué crees que pueda ser?
Amiga: Hum... no sé tía, ¿cuándo le toca ir al pediatra?
Ella: La semana que viene. El caso es que lo llamé, le expliqué por teléfono lo que hacía el niño y el hombre me entendió la mar de bien, así que me mandó polaramine, y mano de santo, pero me dijo que unos días. A ver si va a ser que como ya no se lo doy...
(Empecé a sentir un deseo irrefrenable de conocer al pediatra, de hablar con él y que me diera sus impresiones sobre una consulta telefónica de ese onomatopeyismo tan barroco)
Amiga experta: Dáselo otra vez, eso no mata a ninguno. Le das por la noche y duerme como un bendito.
Ella: Vale, pues ná más que llegue, le meto un lingotazo, que llevo una semana sin dormir. Esta noche el cabrón del mediano, me llama a las 5 de la mañana: Mama, que la cama está llena de mijitas y no me puedo dormir. ¡¡¡So hijoputa, si te comiste un paquete de galletas medio dormío, ¿¿no vas a tener mijitas en la cama??!!! Cucha, y la Bea ya sale, ha sío salirle las tetas y me tiene frita. Si es que no sé cómo estoy viva...



Mi afecto va creciendo, aunque reconozco que me daría pánico volver a vivir con alguien así.

Mercadona. Capítulo I

Hay mercadonas por todas partes. Ya es imposible , ni poniendo empeño, quedarse sin el queso rallado para las ensaladas, la verdura del sofrito que tanto tiempo te ahorra y ese sin fin de briks, bolsas y botes todos iguales vayas a la provincia que vayas, robando exotismo a los viajes. Han sido listos y hay casi tantos mercadonas como farmacias en cada rincón del suelo español. El otro día sin ir más lejos, estuve en el Mercadona de la carretera de Banús a Estepona. Coches caros en el parking, gente tranquila y bronceada por los pasillos, madres hablando bajito, padres guapos y amables, carros llenos de agua mineral para guiris que no se atreven con nuestros grifos, poco colesterol y dinero de plástico a la hora de pagar.



Y hoy he ido al mercadona de un barrio de esos que llaman obreros, y he aprendido mucho más de la vida en diez minutos de lo que aprendería en el otro en dos días sentada en la puerta. No había gente bronceada ni gafas de sol de Versace, éramos todos gente corriente, hasta que me crucé con Ella. Iba como un cohete tirando de la cesta llena. Vestía unas mallas negras que debían estar haciéndole sudar el pensamiento. Calzaba unas bailarinas caladas con estrellitas, que algún día fueron doradas y ahora son color asfalto con un toque nomedatiempodelimpiarlas (hoytampoco). Y una camisa que no tenía nada que ver ni con una cosa ni con otra. Como si la hubiera cogido deprisa del tendedero antes de salir a la calle. El pelo, como no podía ser de otro modo, negro zahíno y recogido en una cola de caballo semidespeinada.

Había mucha gente haciendo cola para pagar y respiré hondo para no pensar que estaba perdiendo el poco tiempo de vida que me queda en una cola del mercadona, cuando llegó
Ella y se puso detrás de mí. Alineó su canasto con el mío, como marcando el territorio, y resoplando y pensando a borbotones se fue y volvió con un paquete de magdalenas. Volvió a resoplar y volvió con una lata de atún... coño, la cervecita, para un vicio que tengo... Tía, estoy muerta, dijo Ella. La miré creyendo que me daba conversación cuando la señora rellenita de delante le contestó, ¿Y éso? Ya ves, hasta el coño. Cuatro horas en el Virgen del Rocío con mi madre, como no tengo ná que hacer, ahora me paseo por los hospitales. ¿Y para qué ha ido tu madre al hospital? Una colonoscopia, informa Ella sin mucho entusiasmo. Ushhh, ¿y por qué le hacen eso, qué tiene la pobre?, pregunta interesada la amiga.
Ella se coloca bien la malla, se estira el sujetador, se aprieta la goma del pelo, todo eso en un segundo, y contesta muy segura de sí misma: Ostia tía, la he llevao, he tenío que dejar a los niños repartíos, la he aguantao, he esperao allí cuatro horas sin decir ni mú, y ¿encima quieres que sepa lo que tiene? ¡Y yo qué sé lo que tiene!, la he llevado, ¿no?, pues ya está.

Es más que obvio que
Ella no quiere mucho a su madre y como seguramente nadie le habló del psicoanálisis, los grupos de anónimos ni de las bondades del perdón, pues se desahoga en el mercadona, que por el mismo precio se lleva la cesta llena y el alma algo más limpia. Empecé a interesarme mucho por lo que debía sentir una mujer así y la miré de cerca. Ah, claro, tiene psoriasis, normal, por alguna parte hay que largar la ira de tantos siglos acumulada, más la propia, que no debe ser moco de pavo... y empecé a sentir afecto por aquella desconocida.


19.4.09

Sin asunto, porque no hay palabras

A veces, cuando me sorprendo a solas, pensando, "comiéndome el coco", cuando se me va la pinza y me atacan la soledad, el desánimo, el miedo, el cansancio, la tristeza... y esa inevitable sensación de no haber hecho lo suficiente, y de ya no tener tiempo para hacerlo, entonces, cuando más feo se va poniendo todo, suena la guitarra de Carlos y oigo a Javier dando brincos hiphoperos en su cuarto; sin darme cuenta, se me dibuja una enorme sonrisa en la cara, y se me llena el pecho de aire, y me acabo dando cuenta, inevitablemente, de que no tengo nada de qué arrepentirme.

El cine

Hoy he vuelto al cine. Siempre que puedo, vuelvo al cine. Y me conformo con el cine que tenemos, porque no hay otro, pero llevo muy mal el público que tenemos, porque creo que eso sí que es mejorable, no diré que solucionable porque desde los diez años, por algo que no viene a cuento, no creo en los milagros.

El caso es que, por empeño de no bajar a la capital de una de mis amigas, para ir a mi viejísimo y querido cine Avenida, versiones V.O., hemos ido a un cine de centro comercial de la zona. No es que en el Avenida seamos todos los espectadores "de pelito", pero la mayoría sabe comportarse. Y no es que los espectadores de cines de centros comerciales sean todos unos impresentables, pero la probabilidad de encontrarse con cenutrios varios es inmensamente mayor. Es decir, la misma gente que aparca donde le sale de los huevos en carrefures varios, va a los cines de centros comerciales. Resumiendo, hoy hice deporte de riesgo yendo a ese tipo de sitio, y claro...

Fila 7, en el pasillo, a mi aire, sitio sobrado para estirar las piernas y, lo reconozco, asientos benévolos con la espalda, que los del Avenida son para faquires. Dispuesta a ver una película americana de las que ya sabes lo que va a pasar, pero que entretiene y está más o menos bien hecha (La sombra del poder), de periodistas, de macizorros que después de Hugh ya no me emocionan, y con lo que me gusta a mí el sonido de las teclas de un ordenador y en la pantalla gigante... todo el cine en silencio... y entonces empezó la pesadilla.

En la misma fila 7, al otro lado del pasillo, bastante amplio, un señor de unos 37 años. Ni uno más, ni uno menos, mirándole a la cara. Mirándole la barriga 69 años y 90 kilos, y recordé la mala leche que destiló el endocrino que llevaba la salud de mi madre hace años: ¡Señora, el aire no engorda! Miéntase a sí misma, pero no me mienta a mí. Me encantó aquel médico tan honesto, y tan caro.

A lo que iba. El viejoven barrigón, aparentemente orgulloso de ambas cosas (aunque yo no me lo creo), empezó el concierto al mismo tiempo que empezó la película. Hay gente torpe que cree que la oscuridad del cine les pone a resguardo de todo, y de eso, nanay. Primero chupó con ganas la pajita de la macrococacola, ssschhrrrttt. Después, sacó la pajita y la volvió a meter (en el vaso) con el consiguiente ñiiieeecccc del plástico fajado a la cañita de los cojones. Le miré. Me miró. Se levantó de pronto como si hubiera sonado una alarma y bajó la escalera a galope de cerdo, que no de pura sangre, tlonc, tlonc. Pensé que igual tenía diarrea y no podría volver; me sentí aliviada, pero la felicidad duró lo que tardaron en servirle un bocoy de palomitas y una bolsa de kikos de los gigantes, que yo distingo muy bien su sonido de los kikos pequeños de toda la vida. Compró kikos transgénicos, claro, no podía ser de otro modo. Para colmo de males la película sufrió una parálisis de un minuto en el que comenté con mis amigas mi problema y el payo se enteró, pero hizo como que no.



El viejoven con papeletas para una angina de pecho en modo aviso, se sentó en su asiento como si viniera del París-Dakar a pie. Jadeando y medio ahogado por el esfuerzo de subir la escalera de la sala, se tiró al asiento, lanzó un bufido y empezó a devorar lo que quiera que fuera aquello que había comprado al por mayor, sin darse un respiro, como si se lo fueran a quitar y, lo que es peor, como si estuviera en su casa, o lo que es peor, más peor aún, en la de su consentidora madre que no le enseñó a comportarse en público. Y su padre, obviamente, menos. Crunch, crack, tronch, crunchcrunchcrunch, mis nervios se iban erizando, cambiaba de postura, me daba media vuelta, pensaba aquello de si no le dejo, no puede hacerme daño, todo está en mi mente, tengo que ignorarlo, no puedo cambiar el mundo, y a mí qué más me da... Cuando más zen me sentía, mi cuerpo (que sabe que no hemos estado nunca en el Tíbet) solito se dio la vuelta, sin pedirme permiso, y dijo bajito y dulcemente: "Por favor, ¿podrías dejar de hacer ruido?" En una décima de segundo vi un rayo de odio en su mirada, un asco infinito y sobre todo, una sorpresa que no le dejó más que la única salida que yo intuía que él conocía: la agresividad y el cabreo. Una reacción muy habitual cuando alguien recibe una regañina pública de una persona que no conoce.

De muy mala leche, me contestó algo que yo no entendí, y ya puesta, no pude dejar de insistir: "¿Cómo dices?", otra vez muy dulcemente y muy bajito. "Que cuando termine", dijo él con muy mala baba y muy incómodo. Me dio la sensación de que era la primera vez que le pasaba algo así. "Ah, vale", dije yo, con una amplia sonrisa.

Esperé unos segundos y tras dar el último cubazo en el suelo con el cartón ese que le copiamos a los americanos y comerse los dos kikos de miscojonesclubdefútbol, fue incapaz el pobrecito casi ni de respirar. Pude ver el previsible fin de la película totalmente en paz, disfrutando de la música y de los ojitos de Russell Crowe... qué ejemplares da Australia, incluida la Kidman... va a ser cosa de tomarse una tila e ir a ver canguros, que allí dicen que hay muchos solteros (canguros y de los otros).

En fin, que dice la Sinde que va a ordenar Internet para que nadie piratee y robe películas, canciones ni nada de nada, y digo yo que antes tendrán que hacer cosas más urgentes, porque el cine no me lo estoy cargando yo que soy casi adicta. El cine se lo cargan los malos cineastas, la falta de ideas de los tiempos que corren, las salas estúpidas que ahorran minutos encendiéndote la luz en la cara cuando aún lloras porque Denis murió (vale, de eso hace mucho tiempo, pero a mí me sigue doliendo infinito), y sobre todo, sobre todo, que entra cualquiera sin título de espectador formalito, sin que nadie le diga nada.



Señora Sinde, por favor, no impida a los viejóvenes devoradores de palomitas y kikos bajarse las películas del eMule para verlas en el sofá de su casa, y dejarnos a las viejas glorias disfrutar del cine de antes en paz. Menos mal que prohibieron fumar y las pipas, si no, yo no sé qué sería de mi alma fantasiosa.

21.3.09

Las lincesas, que diría el Kiko Veneno


Mi amiga Pepa me manda un enlace al blog de "las linces" que han desaprovechado la oportunidad de llamarse "las lincesas", que suena mucho más bonito, femenino y noble.
El caso es que, siendo que estoy de acuerdo en casi todo lo que dicen, a mí esta vez no me apetece seguir machacando y dando vueltas a lo que ya sabemos: la iglesia católica, las religiones en general, no están de nuestra parte. No están de parte de las mujeres, ni de los niños y niñas, ni de los hombres con corazón. La jerarquía eclesiástica es... otra cosa.

Que las cuestiones de conciencia son de cada uno y de cada una y que estamos en un estado laico es lo que parece que olvidamos unos y otras.
¿De qué tenemos que discutir con los obispos? Porque yo no discuto de mis cosas con quien no me va a comprender ni tiene nada que aportarme. Y mientras sigamos discutiendo les estaremos dando un sitio que no les corresponde: el de padres de nuestras almas (discutimos con ellos como adolescentes heridas por papá) y el de otorgarles un poder legislativo-ejecutivo-judicial, como si alguien les hubiera votado en las últimas elecciones y que por supuesto no les corresponde. Claro que no gobiernan, pero nos cuestan un dinero y una energía que ya vamos necesitando para otras cosas en este mundo tan cambiante pero no peor que el suyo.

Humildemente creo que aquí lo que hace falta no es discutir con los obispos, lo que hace falta son políticos valientes que pongan a la iglesia donde le corresponde: en el Vaticano, en misa, en catequesis por la tarde, en confesiones y pecados y penitencias, pero no en nuestra declaración de la renta, ni en nuestras vidas, ni en nuestras leyes, ni muchísimo menos en nuestras escuelas públicas donde cada minuto es de oro para ponernos al día con los finlandeses.

No tenemos que dar tantas explicaciones porque no hemos hecho nada malo. Queremos ser libres en un estado que presuntamente lo es, ¿qué más hay que añadir?

Señores obispos, tienen ustedes todo mi respeto hacia sus ideas y sus conocimientos científicos acerca del buen uso del condón. Y ahora, a ver si me van dejando en paz.

15.3.09

¿Quién dijo que las canciones no son poesía?

Gracias a un amigo 2.0 tengo conocimiento de esta maravillosa canción, digna de estar en la lista de "canciones para un desahogo temporal", junto con Me embrujaste, o cualquiera otra de Quintero, León y Quiroga.

Que la disfruten.

25.2.09

Mi madre no me quiso nunca



Es la frase más dura que se puede decir, escuchar o escribir. La otra, porque hay dos, es "y mi padre menos". La parte en que la niña no es aceptada por la sociedad andrógina lo dejaremos para otro día. Cuando una mujer, a quien se lo escuché, es capaz de decir o escribir algo así, es porque está bien segura de lo que dice.

Aceptar que "mi madre no me quiso nunca" debe ser tremendamente duro, y podría ser que muchas mujeres lleguen a usar la mala noticia a su favor, antes de aceptar la realidad y conseguir serenar sus vidas, si es que lo consiguen... Y usando la mala noticia a su favor, crecen las Víctimas, y las Víctimas son molestas, pesadas, manipuladoras, falsas y tremendamente dañinas. Te venden duros a dos euros y si no espabilas, ni te enteras.

Personalmente prefiero la rebeldía, es mucho más divertida que el victimismo. La historia personal de una niña que no cumple con la norma de la sumisión inherente a su naturaleza empieza antes de cogerle afición a la rebeldía. Es decir, la rebeldía nace por una necesidad tan elemental como la supervivencia individual, aunque sea en condiciones más o menos penosas. O te rebelas, o mueres. No es necesario que muera el cuerpo de una mujer para que su vida sea un puro vagar por el infierno, buscando una salida que a veces ni siquiera quiere encontrar. Porque da miedo no saber qué hay fuera, el miedo a lo desconocido es tan grande que prefiere quedarse en las brasas de la casa del demonio que salir corriendo y ver qué pasa si , finalmente, logra reunir el suficiente valor para elegirse a sí misma.

Y es que cuando nace una niña y siente que su madre no la quiere, si no se rebela contra el dolor, acaba muriendo de pena. Porque hay muchas formas de matar a las niñas, incluso sin viajar a China.

4.2.09

Federico Gómez Álvarez



Si lo escribes en Google te salen páginas con su nombre y el mismo nombre suyo de él, pero nombrando a otros. Un lío.

Menos mal que yo sé que tiene blog. Y también sé que llevaré a mis hijos a ver su obra, que creo que sé dónde está. Porque siempre llevo a mis niños a ver todo lo bonito y todo lo que me emociona, siempre que esté a mi alcance.

En el blog de Federico y supongo que en más sitios que he visto por ahí, o en alguno que él mismo nos pueda contar, podríamos disfrutar y mucho, sólo mirando. Justo lo que yo necesitaría hacer ahora mismo: sólo mirar y no andar metida en todos los líos que se me ponen a tiro. Necesito sitios como los que él enseña, mirar cosas como las que él hace, y silencio, mucho silencio reparador del alma que anda algo dispersa, desubicada, perdida, inquieta y por qué no decirlo claramente: ando histérica perdida.

Ayer fue un día difícil. Estaba yo en el trabajo, ya tarde, y me dice el administrativo: "Ha llegado un sobre para ti, pero ábrelo lejos, no tiene remitente y a ver si explota".

Como soy intuitiva cuando me interesa, pensé que no explotaría y que seguramente era algo bueno. Y acerté, faltaría más. Pero no de la forma que yo creía. El acierto tenía una grandísima sorpresa: una vez más, me regalaban diamantes de los que no me puedo colgar en las orejas (que tengo muy bonitas, por cierto).

Un magnífico libro, con unas fotos preciosas y unos textos que, hasta ahora, me han encantado. Y una dedicatoria. De un artista. Para mí sola. Sin pedirlo. Sin hacer cola en ningún stand del cortinglés, sólo porque sí, no hay un motivo, dice, o una razón, simplemente porque sí, o ¿por qué no?.

Yo, Federico, estoy encantada, feliz, me siento halagada y mimada, y qué quieres que te diga, me encanta sentir eso, así que gracias, un millón o más.

1.2.09

Nunca me regalan diamantes

¿O sí?




El último encuentro de Sàndor Màrai

(He hecho una foto de pantalla en Scribd porque no tenía ganas de copiar)

17.1.09

Miedo a morir

En realidad lo que tengo es un terrible miedo a la muerte. Y cuando no puedo soportar el dolor, me consuelo con el sexo o enamorando a alguien. Sólo eso puede hacerme creer que puedo parar el tiempo y dejar de sufrir.
(Del libro blanco)

Me están zarandeando la corona y eso me cabrea mucho



Leo en el blog de María Barceló sobre la inconveniente paridad de género. Que ni sé si es buena o mala, ni me interesa por encima de otras cosas más urgentes, y menos aún mientras las mujeres sigamos jugando a lo que jugamos, que cada una sabe a qué es, y sálvese la que pueda.

Veo a SorayaSSSSSS, en un periódico
vestida de y posando como una presunta vampiresa (no es mi tipo, con ese pedaso de pinré, lo siento) y ,por el milagro de los programas del corasón, corasón, la gente que no sabía de su existencia empieza a conocerla por su cara, que no por su valía (o no valía) política. Y ahora sufre porque sabe que la ha cagado, dicho sea así, en general y porque es tan obvio que para qué darle más vueltas.

Hay que tener poco seso para elegir este momento de crisis económica, dolor mundial y asesinatos de mujeres incrementados por el espíritu navideño, para posar "así" y dar alas a
los rosas para que hablen de sus inmensos escotes, que rivalizan con los de Espe (válgame dios), y de los modelazos que lleva a las cenas de trabajo en modo gala on. Si Soraya tuviera que vestirse en el carrefú de mis amores parecería una señora doméstica y de las que cobran poco. Y eso no es ni malo ni bueno, es que es así, que yo de eso sé un rato. El glam o se tiene, o no se tiene, y con dinero sólo puedes simular que lo tienes, que no es lo mismo que tenerlo, capicci?

La ministra de Defensa fue juzgada por su embarazo y ahora por su ropa. Aún recuerdo que, cuando ganó
Aznar las elecciones, uno de los objetivos más interesantes para la prensa, durante el primer verano del gobernante gobernando, era ver a la Botella, señora de, en bañador, como ahora persiguen a Letizia para pillarla en bikini y juzgarla y condenarla por su físico. Nadie se plantea cómo la tendrá, o qué gayumbos usa el teniente general del ejército de tierra. El que sea, qué más da.

Las ministras del PSOE se dejaron ganar también por el
ego y posaron en su día como si fueran modelos de alta costura. No hubo paridad, así que no pudimos ver a los ministros posando con trajes de Armani y la camisa a medio abrochar. Afortunadamente, añado. Y me estoy acordando ahora del bikini de la ministra que no se entera de . (Pongo enlace en un idioma de proyección y uso universal, para que pueda entenderlo el común de los mortales).

Y para rematar la noche, la de hoy que no me apetecía escribir y mira cómo voy, hace un ratito perpetré un intento de
relax absurdo con el zapping y me encuentro que los periodistas del corazón defienden a Soraya y se toman a risa el hecho de que un hermano tarado de otro tarado diga que tiene una ONG y lleva una stripper a la cárcel de Picasent, donde hay tipos condenados por delitos sexuales y malos tratos. Ni que fueran delitos de quitar cedeses en elcortinglés, no me parece que haya sido una idea brillante, por no decir lo que pienso de todo lo que acabo de oír. Qué miedo de mundo...

Yo no quiero polemizar, yo lo único que digo es que estoy hasta la mismísima punta de la corona de
reina de mi vida en funciones, de que no haya paridad en nada de nada. Y no haré una lista, que me deprimo. Todo el mundo sabe de sobra lo que está mal colocado en nuestro mundo, lo quieran ver o no. Sobre todo no hay paridad en nada de lo bueno. Y encima, cuando nos obligan por ley a que la haya, vamos nosotras mismas, o sea ellas, y lo joden todo.

¿Por qué nos costará tanto a las mujeres querernos como somos y no necesitar tanto la aprobación ajena? Pues yo lo sé, pero no lo voy a contar aquí.

Yo insisto, ya no vale echarle la culpa a ellos, esos seres inmundos que son los hombres, malos hasta la saciedad y que no nos dejan vivir, porque aquí hablamos de mujeres presuntamente formadas, preparadas y listas para luchar por la dignidad de las indignas y por el bien común, pero que patinan en lo mismo que las mortales y encima lo gritan a los cuatro vientos.

Que no, coño, que no, que por ahí no es...

(La foto la tomé prestada de El País)

13.1.09

Glam, cutrerío y carrefures.

Hay pocos sitios que me gusten menos que Carrefour. Al menos el carrefú de mi zona. Y no, no sé porqué sigo yendo. Bueno sí. Sí que lo sé. Me mandan un cheque cada tres meses y venden colacao con cereales tamaño gigante, que no lo tienen en Hipercor, ni en Mercadona, ni en el MAS. Así que normalmente, cada dos meses voy a comprar el colacao con el cheque regalo de casi 40 euros. Pero después de hoy renuncio al cheque y al colacao y vuelvo a hacer la compra on line en elcorteinglés, como cuando estaba casada y podía permitírmelo.




El carrefú es, además de cutre y el templo del
antiglam, desesperante, tedioso, feo, y tiene los clientes más cutres de los alrededores, excepto alguna criatura despistada como yo.

Cinco minutos fueron suficientes para comprar las tres cosas que llevaba, que terminaron siendo veinte, lo que necesitaba y los
poyaques (la Montse Nebrera no sabe que los poyaques son cosas que se compran o se hacen "po ya que estoy aquí"). Primera caja, me dice que ya está cerrada, segunda caja, una etiqueta que no está, llaman a la patines, tercera caja, una tarjeta que no pasa, cuarta caja, diez artículos, me paro, miro, dos señoras llevan un carro enorme, la cajera les dice que no se puede, pero que vale, y aprendo. Hago lo mismo y funciona. Al fin libre, me ahogo allí metida. El aire de la calle es frío y me alivia la tensión.

Pero llego al coche y está encerrado. Un espantoso monovolumen con una muñeca psicópata de plástico detrás y letras de acero en el salpicadero que dicen IVAN está aparcado impidiéndome salir. Mi vecino de aparcamiento sonríe, parece darle igual, no quiere llegar a su casa.

Llamé al señor vigilante para pedirle socorro. Entablé conversación con mi vecino de aparcamiento que tampoco podía salir, sugiriéndole que le rayáramos con las llaves el coche del gañán, pero no quiso. El señor securitas me dijo que no merecía la pena enfadarse, y yo le dije que estaba de acuerdo, pero que qué hacía con tanto furor, y me dijo:
Por dios, yo tengo muchas ideas para acabar con eso, y me sonrió. Déjate de coñas, pensé, que llevo un rato echando humo en la caja, ahora ésto y no puedo acabar la tarde aplacando mi calor en el parking del carrefú y al relente, eso sí que no.

Y entonces le vi: vi de lejos a un gañán en la cosa esa que tienen los carrefures para celebraciones de cumpleaños infantiles causa de muchas visitas al psiquiatra cuando los nenes se hacen mayores. Le vi y no estaba solo, estaban la ella, la madre de la ella, la hermana de la ella y la víctima, menor de edad. Miré al securitas y se lo dije señalando con el dedo: es aquél, pero si voy a preguntarle y resulta que mi intuición ha vuelto a no fallarme, me enfadaré y sabe dios qué puede pasar con el mobiliario del sitio.

El gañán tenía todos los atributos propios de un gañán del lugar, que además es asiduo al mismo: barba de no se sabe cuántos días, nada que ver con tanta barba sexy que todas tenemos en mente: barriga cervecera y orgullo por lucirla, o desvergüenza, que para el caso, es igual; greñas en el sitio en que debería estar el pelo y que anuncian que hace meses, muchos meses, que no visita al peluquero, ni piensa hacerlo (como tiene la coronilla pelada, está esperando con el mando de la tele en la mano, a que el resto del pelo se caiga también); la otra mano, en la bragueta...
Y lo esencial: el chándal gris y azul de las últimas rebajas.

Lo juro, nunca más iré a ese sitio tan feo.

4.1.09

Ya vienen los Reyes Magos

Leyendo en el ABC analógico (que mi hijo ha comprado para hacer un trabajo del colegio) a Antonio García Barbeito he llorado con una penita muy profunda. Mi hijo se ríe de mí, pero mi pena es auténtica.
La lectura del artículo me ha traído a la niña sin bicicleta que fui, y sin cocinita de casi verdad, y eso sumado al olor del periódico, que me recuerda a la casa de mi abuelo y sus "reflexiones políticas" acerca del daño que hacían los comunistas y lo bien que lo estaban haciendo Pinochet y Franco, pues que me ha puesto tonta.
Yo siempre pedía una cocinita de verdad porque mi amiga tenía una enorme en la que casi podíamos meternos la dos. Ahora creo que lo que más me gustaba de aquella cocina era poderme esconder dentro y que nadie me encontrara, porque alma de doméstica nunca tuve.
Mi familia no era pobre, pero mi padre tenía muy claro en qué no se gastaría su dinero y eso me perjudicaba, francamente. Después de nunca conseguir una cocinita como aquella, con sus puertas dobles de madera, sus estantes interiores llenos de cacerolitas de aluminio auténtico, sus tazas de porcelana con platitos y cucharitas de té, y hasta un grifo que echaba agua de verdad aunque el desagüe no me convencía, conseguí también no tener nunca una bicicleta. Y eso fue mucho peor.



Porque mi hermano tuvo muchas bicicletas. Mi hermano sólo tenía un año más que yo, sacaba unas notas horribles y no se portaba bien. Yo sólo tenía un año menos que él, sacaba buenas notas y me portaba espléndidamente bien (era todo puro teatro, pero a la vista de los adultos que me rodeaban era
buenísima). Así que algo no iba como debiera, yo no entendía aquella cadena de despropósitos.
Lo peor llegó una noche de Reyes que me desperté. Consumida por la ansiedad, convencida de que aquel año sería el de mi
bici porque me esmeré muchísimo en mi carta a Baltasar, era incapaz de dormirme, así que después de dar mil vueltas, me levanté.
En mi carta, expliqué al rey negro, con todo lujo de detalles, mis sentimientos respecto a la bicicleta que no llegaba y a las muñecas enormes y espantosas que ningún año faltaban, rubias para mí, castañas para mi hermana, en una pretensión absurda de que nos identificáramos con aquellos
monstruos de plástico, con esos ojos inexpresivos y ese pelo injertado en corporación dermoestética por alguien con muy mala leche. La pequeña tuvo más suerte porque le tocó la época de las muñecas negras para jugar a las misioneras en África y ese toque exótico lo hacía menos cutre.
El caso es que mi carta era un primor. Mis padres la leyeron a sus amigos, sus amigos me felicitaron por lo bien que escribía, las cosas tan lindas que decía, tan de niña buena, y yo quería morirme ante tal invasión de mi intimidad, pero no decía nada. Esos mismos amigos de mis padres se sorprendieron cuando a mis veinte años, me encontraron haciendo
top-less en la playa habitual. Ya no me ven, porque no voy a la playa habitual. Quise explicarles que el trauma de las muñecas y la no-bici me llevaron a ese estado de depravación absoluta en que me encontraron. Pero mi madre me suplicó: Hija, por Dios, no me hagas pasar un mal rato. Chantajista es la tía.

Volviendo a mi carta, cuando conseguí que dejaran de enseñarla y
manosearla, compré un sello y se lo puse. Un señor que me vio me dijo: "Cuando llegues a Correos, dile a Felipe que la carta va a Oriente, no se vaya a equivocar, que estos días hay muchos niños mandando cartas". Yo fui con la carta apretada en mi mano y el paso firme y seguro hasta la oficina de correos, que estaba al lado de mi casa, y le dije a Felipe que ojito con mandar mi carta adonde no era, que esperaba una bicicleta, pero eso tenían que saberlo los Magos o me volverían a traer otra psicópata plastiquera. Felipe, que cuando llegó la democracia consiguió ser alcalde del pueblo y cantante en la feria, hechos ambos que me hicieron comprobar el origen de aquella maldad que tuvo conmigo, soltó la carcajada más espantosa que he oído en mi vida. No por fuerte, sino por lo que me dolió, a pesar de no alcanzar a comprender bien lo que estaba pasando por la mente enferma de todos aquellos adultos que me estaban haciendo la vida imposible.
Y, como decía hace n párrafos, lo peor
llegó cuando aquella noche me desperté y vi a mi padre colocando al lado de los zapatos una enorme y preciosa bicicleta plateada. Lo peor, decía, fue ver que Baltasar se parecía muchísimo a mi padre y que los zapatos eran otra vez los de mi hermano.

El día 28 se cumplieron 3 años de la muerte de mi hermano, que siempre se reía de esta historia y me decía
Yo no tuve la culpa, se siente. Y era verdad, nunca tuvo la culpa de nada, ni de sus privilegios no ganados, ni de mis desilusiones tampoco merecidas.
Y ahora que ya vivo como quiero y me puedo comprar una
bici cuando quiera, me pasa como a Barbeito, que ya no me hace ilusión porque la niña que quería la bicicleta no está. ¿O sí?

(De la cocinita mejor no hablar, que ahora tengo una espléndida, pero ya prefiero esconderme en otros sitios)

2.1.09

De vuelta del mundo real.

Juro que lo he intentado, pero no puedo. No me gusta el mundo real, por eso adoro el cine y los blogs, porque me sacan de la podredumbre diaria, de las noticias que vienen de Oriente Medio, de los discursos de Rouco Varela, de los entierros el 31 de diciembre y del desamor mundial.




Por eso adoro el cine y por eso fui ayer, a esconderme durante casi tres horas en una pantalla enorme, como en aquella película de Woody Allen, La Rosa púrpura del Cairo, y me fui a ver Australia para comprobar, lamentablemente, que Nicole Kidman no tiene amigos ni gente que la quiera, ¿por qué han dejado que se ponga silicona en los labios? ¿acaso le hacía falta? ¡Dios qué tontas podemos llegar a ser! Guapas, feas, listas o tontas, ricas o pobres, siempre la misma estupidez y el mismo afán: pelear contra el tiempo y disfrazarnos de lo que no somos, a ver si hay suerte y nos quieren más que a nadie.

Es larga y es grande, la película digo. Nada del otro mundo, vaya, pero viendo ese ejemplar de ser humano masculino andar por la pantalla chorreando testosterona que hasta olía a sudor limpio en la sala... en fin, quería decir que la película es tan mala como Lo que el viento se llevó y puede convertirse en culpable de que nadie sea capaz de enamorarse de la gente corriente que pululamos por la calle.

27.12.08

便器

El 便器 del hotel donde me quedé en Granada está ideado y fabricado por un hombre, japonés o no, que eso es lo de menos. Lo que quiero decir con este detalle es que uno de los chorros, el que todo el mundo puede disfrutar, acierta y hace diana sin problema. El otro, el que beneficiaría mayormente a las féminas, o tiene mala puntería o yo no sé sentarme.
Veamos el diseño por partes, con perdón:
Este es el maquinillo cerrado, con esa cruz, ese tubito y esos botones ya desagrada un poco, pareciera que entra una en el hospital y no en un hotelazo con SPA.


Veamos ahora el interior completo: confieso que me senté sin mirar antes, yo curiosa es que no soy. Pero viajar con adolescentes tiene consecuencias y tuve que mirar, remirar, comprobar, y contrastar datos y opiniones.














Y como quiera que la impresión de lo experimentado estos días me ha dejado muda, dejo las imágenes que valen más que mil palabras. Sobre todo si son palabras mías.

23.12.08

Ah no, ni de coña escribo yo sobre la Navidad


Porque no me da la gana, que siempre me pongo mala, no sé si por el efecto rebote del estrés pre-navideño que no tengo alma de esquivar nunca. Los he tenido mejores y peores, los rebotes digo, pero nunca pude decir que viví el mes de diciembre con paz de espíritu, ni de cuerpo, ni de nada.

Este año pinta bien, porque tengo el viento a favor: no familia de origen, no bacanales en casa, no guisar para treinta, no gastar la extra en regalos para quedar bien. Y no es que se hayan muerto ni yo me haya ido a una isla desierta, es que aprendí a to say no, no, no, como una Amy Winehouse cualquiera. Leyéndome ahora me doy cuenta de que tanto comerme el coco para encontrar el sentido de la vida está teniendo consecuencias positivas para mi salud mental y física. Y cuando más estoy disfrutando de mi libertad de no hacer lo que hay que hacer porque, sencillamente, no me da la gana, empiezo a preguntarme si estará bien lo que hago y descubro al bicho de la culpa esculcando en mi estómago. Me tomo una taza de sopa de la abuela, diez lascas de jamón de Huelva y se va la culpa al mismísimo sitio de donde vino.

Jingle bells, jingle bells... cof, cof, qué mala estoy y que frío hace...

7.12.08

Sopa de la abuela (o como levantársela a un muerto)

Versión 1. La auténtica.
En una olla alemana comprada en elcortinglé ponemos un trozo de ternera de Ávila que no haya comido porquerías, media gallina y medio pollo, ambos de corral y que hayan tenido una vida amorosa placentera y lib
re de estrés, es decir, que hayan sido amantes y nunca se hayan casado ni compartido hipoteca, hijos y demás antídotos contra la lujuria.
Tres granitos de pimienta negra se dejan caer como quien no quiere la cosa, además de un puñadito de sal y se le da caña al fuego, que empiece aquello a soltar espumarajos varios que habrá que quitar con sumo cuidado con una espumadera (espumar sería el verbo adecuado).
Mientras aquello va cogiendo fuerza, ponemos un trozo de jamón de Huelva 5J, del que tenemos en la encimera para los ratos tontos y las visitas inesperadas. Conviene que tenga un trocito de tocino porque a mí me gusta, de ese que te engollipas y te asustas, pero que está buenísimo. Mi abuelo me lo cortaba tan fino que nunca tuve problemas, ahora ya no es lo mismo.
Ya hemos puesto suficiente proteína, vamos a por otras cosas: un puerro de huerta ecológica, como la zanahoria, patata y tomate, todo entero (como somos ricos lo tiraremos todo cuando esté la sopa acabada; si fuéramos pobres, que no es el caso, haríamos un exquisito puré para bebés papilleros o mayores recién llegados de su dentista de cabecera). A mí los nabos (ecológicos) no me saben a nada, pero si gusta, se le ponga uno.
Una vez espumado y comprobado que ya no salen más espumarajos (no detenerse en este detalle o no volverás a tomar sopa en la vie), puedes irte a chatear (aunque para acallar tu conciencia puedes decir que estás trabajando en la web semántica mal llamada web 3.0 y las redes sociales) durante una hora dejando aquello a marcha alegre.
A la vuelta, el caldo debe recordarte a la sopa que hacía tu abuela cuando empezó a ir bien el negocio familiar. Si no has tenido esta vivencia, utiliza el cerebro, que de vez en cuando no viene mal.
Es mejor dejar la sopa para el día siguiente, una vez colada a conciencia meterla en el frigorífico para que la grasa forme una película asquerosa en la superficie. Con una cuchara y habilidad, quita esa concentración de tapones venosos y tíralo a la basura, ni siquiera sirve para combustible en la chimenea.
A partir de aquí tienes un caldo exquisito para beber en bajonas depresivas cuando nada te pasa por la garganta, o echándole un buen chorro de Tío Pepe para entonarte después de una juerga monumental en noche de lluvia, o para echarle fideitos finos al huevo de marca negra, no blanca, que no es lo mismo, que lo sé yo de un ataque que me dio de intentar ahorrar en algo, trocitos de pollo, jamón en taquitos, un huevo estrellado, jamón cocido... la imaginación al poder.


Versión 2. En tiempos de crisis.
El proceso es el mismo. Los ingredientes, del Mercadona. Si te has gastado el sueldo en lotería navideña para soñar con salir de la crisis o en comprar los juguetes y el marisco con tiempo para "ahorrar" (total, sin saber si seguirás vivo o si habrá bronca familiar y no querrás regalar nada), tendrás que ir al Lidl, al Aldi o al Plus, a buscar hueso de jamón de Teruel (con todos mis respetos) envasado al vacío, pollo pajizo, gallina despechada, ternera alpargata y verduras importadas de Siberia (recuerda, de Siberia sólo el gas... o de por ahí cerca, jjj). Puedes poner menos puerro y más nabo, lo que pierda de calidad lo pones en cantidad.

(Mi propio último consejo sobre la calidad jamás lo seguiría. Cosas malas y encima en cantidad, debe ser peor que la soledad acompañada)


Sopa de pescado (para torpes, torpes) barata.



No es una sopa de marisco ni de pescado modelo cinco tenedores. Es sopa para entonar el cuerpo sin desentonar el esfuerzo de quien no esté acostumbrado a los fogones en modo intensivo on.

Podríamos echar en el agua de la olla con sal y laurel una merluza de pincho recién traída del Cantábrico, pero no. Sólo tienes que poner tres filetes de merluza congelada sin piel ni espinas, no vayan a darte arcadas arreglando al pobre bicho. Una cebollita fresca, una zanahoria y una patata pequeña, picado todo pequeñito. Yastá. Cuando le veas pinta comestible, la pruebas y le echas unas gotitas de limón y un puñadito de arroz.
Es estupenda para gripes, gastroenteritis en fase terminal (la gastroenteritis, no tú) y resacas varias. Para quedar bien, mejor te pongo otra receta.

Y para darle un toque distinto, sacas a un vaso pequeño un poquito de caldo y disuelves en él una cucharadita de mayonesa, queyotebatocomohaciendomayonesa, devolviendo el mejunje a la olla y removiéndolo bien.

28.11.08

De hijos e hijas (de su padre y su madre)

Iba a escribir hijos e hijas de divorciados y divorciadas. Pero además de farragoso, sería incompleto.
Porque acerca de las mentiras que las personas mayores decimos a las menores, el campo es más amplio, abarca a todo el mundo. Mentimos, manipulamos, utilizamos. A veces decimos la verdad. Y ellos y ellas lo saben. Lo huelen, lo ven, lo detectan, y aprenden a hacer lo mismo hasta el punto de que llega un momento en que el adulto manipulador pasa a ser la persona manipulada. Que se dé cuenta o no, ese ya es otro cantar, porque no está en igualdad de condiciones, saberes y habilidades con el menor.

Pero sí es verdad que, cuando la pareja se rompe, todo eso es más fácil aún de hacer. Parece que lo pidiera el cuerpo. El de quien sea.
La madre chantajea al padre con el dinero, con
tu novia molesta a los nenes... El padre chantajea a la madre con el dinero, con tu novio molesta a los nenes...
Padre y madre chantajean a los hijos e hijas con tu padre, el dinero, su novia, tu madre, el dinero, su novio... Y los regalos, y no decir nunca a nada que no. Bastante tienen ya con la separación para que encima no puedan pasar el verano entre Sotogrande y Cambridge.
No podemos soportar su dolor porque es nuestro dolor. Ni su frustración, porque no es la de ellos, sino la nuestra. Y pretendemos inútil y estúpidamente lo que nunca conseguiremos: que no sufran (mientras les damos una buena dosis de dolor que les podríamos ahorrar).
Incoherentes hasta la tumba.

Para mi amiga R.

Si alguna vez has estado obsesionada con un hombre, es posible que hayas sospechado que el origen de esa obsesión no era el amor, sino el miedo.

Las que amamos obsesivamente estamos llenas de miedos: miedo a estar solas, a no ser amadas, a no merecerlo, miedo a ser abandonadas, ignoradas o destruidas.

Ofrecemos nuestro amor con la loca esperanza de que el hombre que nos obsesiona se ocupará de nuestros miedos. En lugar de eso, los miedos- y las obsesiones- se hacen más profundos hasta que dar amor para recibirlo como retribución se convierte en un impulso incontrolable en nuestras vidas.

Y como nuestra estrategia no funciona, lo intentamos, y amamos con más ahínco aún. Amamos demasiado.

(Robin Norwood)

26.11.08

El asombroso viaje de Pomponio Flato


Nunca había leído nada de Eduardo Mendoza y en pocos días he leído dos joyitas: Una comedia ligera, que me prestó un buen amigo, y El asombroso viaje de Pomponio Flato, un libro magnífico, que me ha hecho reír casi como el Cándido de Voltaire, que me alegró días aciagos de hace años.

Yo nunca me acuerdo de títulos ni autores. Jamás me interesó en qué época vivieron ni quién partía el bacalao mientras vivieron. Inevitablemente, con algunos datos me fui quedando, pero eso no me importa. Me importa recordar lo que sentí cuando leí libros como estos, o cuando vi al Cristo de Velázquez por primera vez o Las Meninas de Picasso. Digo esto porque no sé hacer críticas sesudas, pero el libro es un bálsamo, una alegría, una delicia, es como esos pastelitos pequeños que te saben a gloria eterna.

Los datos son datos, me dijo una vez un profesor de Matemáticas al que quise mucho, y yo que era vaga como nadie, lo tomé al pie de la letra, así que no estudié jamás porque todo estaba en las enciclopedias y yo había aprendido muy bien a buscar datos. Ya hace algunos años que aquel profesor murió y no sé hasta qué punto conoció Internet, pero si tanto él como yo llegamos a saber lo fácil que se pondría todo, igual ni hubiéramos ido a la escuela.

Una perla:

Como todos los nabateos, adoran a Hubal, a quien a veces llaman también Alá, y a las tres hijas de éste, que también consideran diosas, aunque de menor rango. Rezan todos juntos al empezar y al acabar el día, postrándose en la dirección en que, según sus cálculos, está Jerusalén.
En su vida diaria son afables, locuaces y amigos de reír y de contar fábulas. Pero nunca recuerdan el pasado ni hacen planes de futuro, y si algo relatan, se cuidan de aclarar que todo lo que sucede en el relato es fruto de su imaginación. Como están obligados a convivir los unos con los otros día y noche, desde la infancia hasta la muerte, tienen por norma estricta evitar una familiaridad que con toda seguridad derivaría en conflicto y degeneraría en enemistad. Por esta causa extreman la formalidad y la discreción y son muy ceremoniosos. Comen y duermen separadamente, y cada vez que se dan por el culo se hacen mil reverencias y se interesan por la salud del otro y por la marcha de sus negocios, como dos amigos que se reencontraran tras una larga ausencia. Para ellos la hospitalidad es sagrada, pero desconfían de los desconocidos, tanto de su raza como de otra. Si se cruzan con otra caravana o con un grupo de viajeros o pastores, deciden en conciliábulo lo que harán. A veces saludan a los extraños y siguen su camino; otras, los aniquilan. No comen cerdo. Si pueden, se lavan. Nunca se afeitan.

(La foto es de El cultural, puedes leer el primer capítulo aquí)

18.11.08

Arte y artistas


Hoy voy a hablar de mí, original donde las haya. Más concretamente, de mi obra de arte.

Yo era una mujer mediocre hasta que me quedé embarazada y sentí que era invencible. Pedí que fueran varones, aún no sé muy bien por qué, sanos y honestos. Y salvo alguna mentirijilla y esas cosas que no se cuentan a las madres, han salido mejores aún.

Yo sé que sólo he sido un medio de transporte para que mis hijos llegaran al mundo, pero no puedo evitar sentirme útil, magnífica, suficientemente gratificada por la vida cuando les miro, les escucho, les observo de lejos y de cerca, cuando me enfado con ellos y discutimos fuerte, que son muy pocas veces. Y encima, últimamente acabamos riéndonos de lo repetitivos que podemos llegar a ser.

Ellos me dan mi dosis diaria de autoestima y realidad, me bajan de la nube o me suben del infierno, según sea el caso. Por ellos me levanto aunque no me apetezca y con ellos he vivido los momentos más felices de mi vida.

Se irán pronto y yo espero ser lo suficientemente amorosa como para sentirme feliz por ellos, agradeciéndoles los servicios prestados. Pero de momento, como son ellos los que me deben a mí horas de trabajo, y como además yo soy femeninamente inútil con las manos, les dejo montando los muebles de Ikea, que unen una barbaridad a los hermanos, jeje.

16.11.08

Eres una mujer muy complicada y me das miedo.


complicado, da.
(Del part. de complicar).
1. adj. Enmarañado, de difícil comprensión.
2. adj. Compuesto de gran número de piezas.
3. adj. Dicho de una persona: Cuyo carácter y conducta no son fáciles de entender.

¿A qué mujer no le han dicho alguna vez algo así? Supongo que a Yola Berrocal, a Isabel Preysler y a la nieta de Franco, entre alguna más que no tengo el gusto de conocer ni falta que me hace. A las demás, como mínimo una vez, o mil.
Aunque es obvio que también puede haber hombres complicados, a ellos no se les suele llamar así. Cuando un hombre es, como vamos a describir a continuación, suele llamársele un hombre de muchos matices, un hombre muy capaz, un hombre con personalidad, un hombre que le echa cojones a la vida, etc., así que no forman parte de este sesudo ensayo.

Vayamos por partes.

1. Enmarañada, de difícil comprensión.
Claro que sí. Enmarañada se levanta una por las mañanas con mil cosas en la cabeza y, si no tienes la suerte de vivir sola, con un montón de gente que dicen ser tu familia y quererte más que a nadie y que no hacen más que darte trabajo, ¡vaya mierda de amor!. Yo prefiero ser una indigente de los afectos, la verdad.
Que ese enmarañe no se entienda es lógico. En primer lugar porque sólo la mujer que lo padece puede verlo en technicolor en su cabeza, y en segundo lugar porque nadie está dispuesto a compartir la maraña y ayudar a desenmarañarla. Al menos no voluntariamente. Afinando en el análisis con un puntito de sarcasmo, tampoco lo entiende el común de los mortales, porque para entender algunas cosas, hacen falta determinado tipo de conexiones neuronales que no todos los animalitos del campo poseen ( se vinieron enganchadas - las conexiones- en las costillas de Adán y nos las quedamos casi todas).

2. ¿Se puede ser mujer y no estar compuesta de un gran número de piezas?
Tú, querido ser humano masculino, eres el primero en convertirnos en una suma de piezas: nos diseccionas en culo, piernas y tetas de entrada y luego, si hay suerte, nos ves en conjunto y ahí ya podemos ser algo más que mujeres mejor o peor construidas, e incluso a veces, personas. Por lo tanto, y en bien de la Ley del Agrado, vivimos convertidas en eso, en un gran conjunto de piezas más o menos bien hechas y que, cuando empiezan a estropearse, hay que revisar y reparar: arrugas, implantes, volúmenes, reestructuración del chasis, chapa y pintura. Nos hacemos un tunning completo sólo por ti, que eres normalmente gordo, calvo y bastante más feo que la propia, y encima nos llamas complicadas.
Podría extenderme también explicando el número de piezas de los aparatos genitales masculino y femenino y sus utilidades, pero supongo a mis dos o tres lectores muy duchos en la materia, así que sólo haré notar que la especialización de uno y otro dan lugar a complejidades o simplezas difíciles de solventar, en cuanto que el masculino ha de hacerlo todo con una sola pieza (con el trastorno que eso supone en caso de avería) y nosotras podemos con un trabajo más especializado, más adaptable, con más registros y por lo tanto, más en la línea de por donde va el conocimiento hoy en día: más semántico, más complicado, más complejo. Más 4967.0, por poner una zifra aproximada.

3. Dicho de una persona: Cuyo carácter y conducta no son fáciles de entender.
Pues si no lo entiendes es que no has leído los puntos 1 y 2. Pero yo, generosa donde las haya, te lo explico.
Si te levantas enmarañada, si los que te quieren pasan de ti, si para que te quieran claudicaste en su día implantando en tu vida la Ley del Agrado (trabajadora, guapa, solícita, dulce, no conflictiva, amorosa a pesar de ser un cardo borriquero por vicio y por convicción) y acabaste convirtiéndote en una manipuladora resentida, ¿como coño vas a tener un carácter simple, sencillo, afable o de tontorrona?
Si por el contrario fuiste capaz de pasarte los puntos 1 y 2 por el mismísimo forro del traje de gitana, ¿como coño vas a tener un carácter simple, sencillo, afable o de tontorrona?

Señores, no sean crueles y compréndannos, somos como nos hizo el mundo. Un mundo bastante defectuoso, un mundo por cierto, hecho por y para ustedes, los varones. De donde podemos deducir entonces que ser simple o sencillo no tiene por qué ser necesariamente mejor. Vamos, digo yo...

13.11.08

No me da tiempo de ná.

Hoy he descubierto como quien descubre América, que no me da tiempo a hacer todo lo que tengo o quiero hacer. Los días son excesivamente cortos para tanta hiperactividad, así que hoy decidí dejar la siesta. He ganado casi dos horas del día con tan valiente decisión.

La siesta la he empleado en Ikea, un sitio maquiavélico pero que hoy he podido soportar porque he conseguido llevar al anticompras, mi hijo Carlos. A fin de cuentas, la librería era para su cubículo íntimo e intransferible. Ha elegido bien, eso sí, pero qué espanto de cola para pagar después de conseguir cogerlo todo en un momentito. No lo recomiendo como sustituto de la siesta.

Después he ido caminando al carrefú porque sólo allí hay Colca Cao con cereales en bote grande, una necesidad que tengo yo, muy primaria, como todas las necesidades que gobiernan mi vida. La caminata muy bien, pero ese sitio también tiene algo que me produce rechazo. Nunca consigo entrar, comprar y pagar sin incidentes. Hoy la cajera estaba aburrida y quería castigarme. Así que le digo: este bote hace sonar la alarma, quítele el papelito de seguridad, por favor. No puedo hacer eso, cuando pite, usted enseña el ticket de compra. Pues no mire, es que no quiero pararme, sacar el ticket y dar explicaciones después de haber pagado. Detrás de mí dos señores rumanos guapos de morí me sonríen. La cajera me desafía. Qué calor, tengo que dejar ese Cola Cao aunque sólo sea para no venir más aquí, pensaba yo mientras ella me seguía mirando con cara de ganadora, me daban ganas de decirle lo del anuncio de las hemorroides, o de algo con fibra, no hago caso de los anuncios pienso mientras la miro, y sacando el bote de crema de su cajita, le digo: esta caja se queda aquí, no quiero que pite, pararme y enseñar el ticket, espero que lo entienda, gracias. Me despido de los rumanos y salgo al frío de la calle.

Llego a casa y aún son las siete, ayer a esa hora estaba enfadada porque no me quedaba tarde por delante para salvar el mundo. Hoy pienso lo contrario, así que voy a cambiarme de ropa y ya puesta, me salió lo que mejor sé hacer: una receta para relajarse.

Un convector en el baño, encima una percha donde colgar las toallas, especialmente la de baño que se irá calentando mientras hago todo lo demás. Tres velitas, la luz del dormitorio entrando por la rendija, el agua muy caliente, la espuma del medio litro de gel de lavanda, las sales de limón, el aceite de romero, la coleta bien alta que no moleste para recostarte en la pared (eso si la melena te da para coleta, claro), respirar hondo y quedarse quieta... es paz, ese plaisir, esa cosa... toc, toc, toc, mamá, puedo pasar? claro hijo, cómo no vas a poder, me cuenta sus cuitas matemáticas, se va, retomo la paz, toc, toc, toc... Lola, puedo pasar?, claro hijo, qué morro la tía, mira lo que se ha montado aquí, bueno chico, tengo edad de hacer estas cosas y peores, quieres algo?, no, tranquila, sólo saludarte, disfruta, ah claro, encantada de verte perla. Se va, retomo, el agua está fría, la caliento, me siento culpable por el gasto de agua y el dolor del planeta, cagoentó, me niego a que esto no sea lo planificado. La caliento, buceo y no me siento culpable. Mano de santo. Al salir, un embadurne en cremita hidratante y entonces sí, a trabajar.

Llego a mi lugar de trabajo casero pero ya es la hora de las castañas y el pasapalabra, así que aso las castañas y me siento en el trono a desconectar, aunque hoy no sé de qué desconecto, jugando al vocabulario. Cuando me levanto es la hora de cenar, y después de cenar yo no trabajo, así que he llegado a este mismo instante habiendo hecho lo mismo que ayer: nada. Bueno, nada de eso que llaman productivo, pero yo me siento como una margarita (que a mí las rosas es que no me gustan, rara que es una).


10.11.08




7.11.08

Pasando el mono

Todo el mundo lo sabe, lo necesita, pero no se atreve a probarlo: para convertirse en una gran persona, para crecer como ser humano, hay que pasar tiempo sola, solo.


Y yo estoy ya como la de la foto, tocando el cielo con los dedos. Puede que necesite unos buenos tacones y salir a la calle, a dejar que lo que me tenga que pasar, me pase de una vez.

Sobre esto tampoco te daré explicaciones

Empezó por la uña casi inexistente del dedo meñique de mi pie izquierdo y llegó al bucle del final de mi melena cuando ya estaba amaneciendo.


Le despedí con una sonrisa y todo mi agradecimiento, deseando no volver a verle jamás. Y es que yo no puedo con tanto... ¿amor?

26.10.08

Comidas (y alimentos)


Ayer nos encontramos sin haberlo ni pensao amigos y amigas del GUM Sevilla en plena calle de la Estrella y, como estábamos cerca de la casa de JF, éste se ofreció a darnos de comer improvisando el tipo unos pintxos exquisitos, lástima que yo llevaba un día de sobrehormonación que me tenía el estómago hecho unos zorros.

¡Qué rico estaba todo... qué bien lo pasé, qué a gusto estaba de verdad de la buena!. Intento recordar: champiñones rellenos, croquetas de hongos (setas de toda la vida, nada de pies de atleta), pinchitos de queso y tomate cherry, queso frito que te jode el aceite de la freidora, piquillo, foie y solomillo, demasiada comida... anchoas, tomates... mousse de chocolate... necesito al chef que me haga una lista de delicatessen, ando mal de memoria, a ver quién lo supera, ¿chef? dinos algo, anda.

La mesa de la cocina era un paisaje de palillos, pan rallado y perejil. Sólo faltó que el anfitrión no hubiera llevado nada debajo del delantal, por aquello de que la bacanal hubiera sido completa. Qué bien tiene el piso el tío, que organizado, es un partidito, qué limpio, ¿será un maniático del orden? ¿Un Gildo con guantes de goma? No habla mucho, así que la duda queda blowing in the wind, atufado de humo por cierto.

La lista de casuales: la intuitiva, la bailaora (si hay cena en mi casa cuando consiga encontrar recetas que superen lo de anoche, tienes que regalarme un baile, por favor), el Profe, Javi metal, Josera, ¿o era JF?, JF, ¿o era Josera? Hamlet la taládrame otra vez, el pulido y exótico centroeuropeo, tan exótico como una cazuela de salmorejo en la Judería de Córdoba y yo misma, encantada de conocerles.

Volvimos a hablar de Mac, digo de sexo, ¿hay diferencia? Maletas rojas, bragas con mando a distancia, consoladores enormes, esposas para amantes y amantes esposas, cables dv y RGA, no puedo con tanto, Gurusfera, gurubloggers, egobloggers, egosfera, tengo que estudiar esto mejor, aunque lo intuyo, yo también tengo intuición, pero como sea igual que la de Pepa... ¿aún no sabe que JF me toma el pelo desde hace cinco añazos ya? Al final acabaré creyendo que me pretende y le diré sí, quiero y entonces él saldrá corriendo como alma que lleva el diablo, ¿o no le suena eso a nadie? Concluimos, que nadie lo olvide, que es absolutamente cierto aquello que dijo Karen a Denis, cuando los dioses quieren castigarnos, atienden nuestras plegarias. Por eso mismo no te echamos más flores, nene, porque no queremos verte mal.

La vuelta tampoco fue aburrida, un control a la salida del puente del Alamillo. El civil me mira fijamente, qué mono, pienso, él debe adivinar mi pensamiento porque me sonríe y me deja pasar, su colega no piensa lo mismo de mí y me para, vuelve él y me pregunta suavemente: ¿has bebido? no, digo convencida mientras recuerdo la copita de cava, ¿nada de nada?, insiste. Nada, yo nunca bebo, y recalco el Yo, mientras le miro a los ojos fijamente recordando el Libro de los Venenos de Gamoneda y un párrafo sobre el basilisco que nunca olvido... Vale, dale un poco atrás y puedes irte. Ah, y gracias. A ti, le digo, y añado guapo con el pensamiento, no es cosa que se enfade o algo peor. Pensaba contarle lo de mi bisabuelo, que era del cuerpo y se lo rompieron en el 36 o por ahí, pero descarto la idea enseguida, mejor lo twitteo mañana, pienso.

Subo la cuesta de Hipercor y veo movimiento, voy berreando Indiana, Indiana y casi me trago el parapeto de la Guardia Civil, uno me alumbra la cara con su linterna y me pilla tarareando "me tienes hasta la banana", me mira fijamente y me deja pasar a pesar de que casi le desmonto el chiringuito, odio que la Benemérita me ignore dos veces la misma noche, mi ego se resiente, ¡quiero parecer una golfa!, pero nada, se cree un psicólogo de las borracheras, no sabe que es peor chutarse en el coche con los Hombres G a mil decibelios, yo sé que me pones los cuernos con el batería de Siniestro Total, que beberse un Matusalén relajadamente mientras parloteas con la peña.

Y me duermo agradecida por la gente buena que conozco y ese tipo encantador que nos ha dado tan bien de cenar. Gracias nene.

Y yo me sentaba con las piernas cruzadas como la mismisima Sherezade, y él escuchaba mis relatos desde el principio hasta el final. (Karen)

19.10.08

Diario de una ninfómana.

(En la foto, el director, para qué poner a la muchacha teniendo este director... )

Ayer fui a ver esta película. Iba a ir a ver Camino, pero cuando salió el trailer en la tele y vi los roedores corriendo y la pena honda que se ve, pensé que no, que penas las que la vida me traiga, pero elegirlas yo, pues ni de coña.

Así que fui a ver si aprendía algo nuevo sobre sexo.
Y lo aprendí.

La ninfomanía es un invento de los hombres para hacer sentir culpables a las mujeres que son sexualmente activas y se sienten libres de dar y pedir.

Boero dice respecto a la ninfomanía algo que me parece sumamente atendible, porque señala que los hombres tienen "permiso de libre circulación sexual", mientras que "nadie se banca, y menos las mujeres, que una fulana disfrute del sexo con quien le plazca y donde le plazca". Digamos entonces que la ninfomanía (5) se trata de una forma de vérselas con el deseo y el goce femenino. Desde la masculinidad científica se busca atenuar el erotismo femenino para no dejar a los hombres mal parados, o mas bien, cuando los hombres quedan mal parados, mas vale buscar una explicación: ¡ah, ella se excede en sus exigencias,!... ¡es una ninfómana ...! Si alguien buscara la ninfomanía en la clínica, porque se tiene el nombre de un cuadro, una descripción de síntomas, esa búsqueda es una búsqueda tendenciosa, orientada, porque parte de la construcción de un tipo de trastorno que parece fundar su existencia en las tensiones, en los juegos eróticos, en los desencuentros entre hombre y mujer, sin tomar en cuenta que la ninfomanía es una invención peculiar, hecha de discurso, sobre todo, masculina.

¿La película? Sí, bueno...

Albóndigas claritas

Estas no las he probado en ningún sitio más que en casa de mi madre. Bueno, la casa es de mi padre, pero la que guisaba era ella. Y la que planchaba, limpiaba... bueno, y la tata. En aquella época tener tata no era muy meritorio, las pobres no ganaban nada y eran explotadas hasta el límite, pero tuvimos la suerte de tener tata. Yo quería mucho a mi tata y pude haber querido a mi madre, si mi madre hubiera sido más feliz. Ella no vivía donde quería ni como quería, y eso impide que guises bien. Y yo no entendía por qué mi madre no guisaba bien y estaba siempre tan enfadada. Ahora sí que lo sé, pero ya no tiene remedio, sólo me sirvió para aprender.

Voy a la receta. Ponemos a calentar una olla bien grande con agua y un hueso de jamón de Jabugo. Por este motivo, tendremos que ir quitando la grasa y los espumarajos que saldrán. Hay que ver las cosas que comemos...

Previamente, en tu carnicería de confianza, o pidiéndolo en alguna otra, habrás comprado 150 gramos de carne de cerdo, otros tantos de ternera y otros tantos de pollo. Si hay mucha confianza, a la máquina de picar le echaremos también tres dientes de ajo bien hermosos (no voy a nombrar ahora a Faustino) y una lasca de jamón. Si no la hay, tendrás que picarlo todo en casita, y a mano. También lo venden picado, sí.

Vamos al lío. En un bol grande, pones las carnes picadas con el jamón picado y los ajos picados. Lo mezclas todo muy bien. Salpimentar y añadir el zumo de tres limones (los puedes coger de casa de Candi, que en el mercadona son muy caros) y tres huevos bien batidos, además de un puñadito de pan rallado. Amasar bien. A estas alturas, el agua debe estar hirviendo y el hueso echando espumarajos que deberás empezar a quitar. En un recipiente ad hoc pones harina a discreción y en ella empiezas a bañar las albóndigas. También odio liar albóndigas, como odio liar croquetas y odio los líos, así que me salen grandes, pero en estas no importa que sean un poco más grandes de lo habitual, no son como las albóndigas en salsa. Pasar las albóndigas por la harina, sacudirlas bien y echarlas en el agua hirviendo. Ya sólo tendrás que esperar a ir probando que no estén crudas, que estén bien de sal y de limón, el caldo espesa un poquito y... al día siguiente estarán mejor.

Lo confieso, yo lío las albóndigas con guantes. Muy limpios, claro, pero guantes de goma. O de látex. Si se los ponen los cirujanos, ¿por qué yo no?
Es carne a fin de cuentas...

Croquetas para torpes.

Torpes o poco entrenados. O poco entrenadas, que alguna quedará (qué fresca era, dirá tu ex-suegra...)


Cubrir el fondo de una sartén antiadherente con aceite de oliva virgen. Da igual la crisis, deja de comprar tonterías pero no pretendas ahorrar en la comida, que eso tiene consecuencias en los flotadores, la sangre y el humor. Ya veis en la imagen lo importante que es la comida.

Si es verdad que no tienes tiempo, usa las bolsas de cebolla cortada y congelada que venden en cualquier sitio (no volveré a nombrar el Mercadona hasta que quiten la música espantosa que han puesto y que martiriza mi cerebro mientras hago la compra: martirio doble), pero lo suyo es cortar cebollitas frescas en cuadritos pequeños. Del Faustino, claro.

Pones la cebollita a dorar hasta que empiece a estar transparente, momento en el que tendrás que añadir la carne picadita y el jamón que te sobró del cocido cordobés que comiste ayer. Le das unas vueltas para que ambos elementos se integren y le añades harina. Y sal. La nuez moscada en mi pueblo no se usa para este tipo de croquetas, y es que no pega nada desde mi punto de vista. La cantidad de harina te la canta el mejunje: vas echando, por ejemplo, una cucharada sopera, das vueltas, la carne la absorber, echas otra, y así hasta que no trague más. Unas tres cucharadas sería suficiente para una cebolla grande y un trozo mediano de carne (picadita, que ya la habías echado en modo tarugo).

Cubres todo con leche. Quedará como una piscina, y empezarás a moverla despacio, estás haciendo bechamel, aunque así es más fácil que hacer una bechamel sola. Mover, mover, mover, hasta que la masa se beba la leche y cuando la muevas, se despegue del fondo de la sartén. Es el momento de poner la masa a enfriar en un bol adecuado.

Liarlas ya es cosa de artistas, y del santo Job, porque yo cuando voy terminando hago una cosa que llamo croquetones, para hacerme la distinta y porque me aburro muchísimo liando lo que sea. Ni porros liaba yo de joven, del corahe que le tengo a los líos. Ayuda mucho tener dos hijos adolescentes que no quieren croquetas congeladas. Les miras profundamente a los ojos y les dices: "El campo para el que lo trabaja. A liar croquetas, nene".

Las hay, y así tienes donde elegir, redondas, alargadas, grandes, medianas, feas, bonitas, pequeñas, enormes... sigo hablando de croquetas, sí.

13.10.08

Sobre la conquista...


Algunas pinceladas rápidas:

El arrobamiento descerebrado, término acuñado por Peñaflor, es infalible.
Dos, ser difícil.
Tres, ser una misma.
Cuatro, estar segura de que una misma es una misma, es decir, estar segura de sí misma erradicando el autoengaño, y además no avergonzarse por ello. Esto es muy meritorio, teniendo en cuenta la historia que arrastramos las mujeres. Sí, así es, me da igual lo que piensen los que no están de acuerdo. Pisoteadas hasta el aburrimiento, aquí seguimos, y subiendo.

Hasta aquí, la breve reseña para ir empezando a practicar.
Después hay que mantener el interés, que eso es otra lucha. Me refiero, obviamente, al interés de una por ellos, jeje

A todos los ellos que en el mundo han sido, aunque no se lo merezcan.


La envidia que me corroía, que a veces aún me corroe, me hizo daño y os hizo daño.
Envidia, sí.
De la seguridad en vosotros mismos, de la libertad, del poder, de la visibilidad, de vuestra vida en la calle, en los bares, los trabajos, los casinos. Envidia de que no os levantarais de la mesa para fregar platos. Envidia al veros salir por la mañana sin haber hecho otra cosa que asearos y desayunar. Envidia al ver que no teníais que pedir dinero. Envidia de vuestra ausencia de culpa al practicar sexo. Envidia de vuestra facilidad para tener orgasmos. (¿?)
Envidia, envidia, envidia.

Envidia, tengo envidia de tus ojos...
Ya no tengo envidia. Sólo algo de pelusa nostálgica. Ahra entiendo muchas cosas. Y desde aquí, a todos vosotros, lista interminable de víctimas de mi ira, mil perdones y todo mi afecto.

11.10.08

Regalos de cumpleaños.

Me gustan los regalos de cumpleaños desde siempre. Y me gusta cumplir años porque no me apetece morirme todavía, que al parecer es la otra única opción. Valiente manía la de quitarse años que tiene la gente, como si no se vieran los estragos del tiempo en los espolones de los ojos y el rictus a veces amargo de la boca. Y lo peor, en la tristeza de la mirada, si es que ese fuera el caso. Yo me miro las arrugas a ver si me dicen algo de mi pasado que yo no recuerde. Y no son feas, tengo más de risa que de las otras, aunque a veces, lo confieso, no sé de qué coño me reía. Ahora sí, ahora cuando me río sé perfectamente qué es lo que tan bien me está sentando. Y viceversa.

Y me gustan las tartas de galletas, la de ayer hecha por mi niño, y con todas sus velas. Si son 20 como si son mil, ¿quién inventó el rollo ese de poner dos números gordos modelo Papá Noel? Aunque ayer lo tuve que pelear, no querían ponerlas todas: que si son de los chinos, que se van a derretir en el chocolate, que son demasiadas, que hay que ver que siempre has sido una caprichosa... ¡¡y que te vas a asfixiar, mujer!! Pero no, las apagué con soltura porque entreno en la Wii Fit y eso es buenísimo para los pulmones.

Cumplir años y llevarlos con dignidad es un regalo de la vida, que yo agradezco inmensamente. Y luego está el regalo de los amigos, de la familia elegida. Yo les regalo mis comidas caseras, que siempre parecen gustarles, y ellos a mí... pues ayer fueron: Un bolso, una bufanda, unas cucharas de nácar, el CD especial edition del Bosé... mis nenes fieles a mis gustos, bombones, dulces de gourmet, unos pendientes, otro foulard, limones, mermelada de naranja, Protos que no se acaba casi nunca, flores y un oso de peluche, además del ejemplar de la imagen, tema sobre el que no daré explicaciones, por si tengo que re-revisar mis principios morales, éticos y hasta religiosos.

(Peñaflor, que nunca sabe qué regalarme... y no, no voy a poner el enlace salvo que me obliguen)

6.10.08

Asumiendo responsabilidades (manual para no mancharse de tinto)

Paso uno. Darse cuenta, normalmente gracias a somatizaciones varias, de que la vida no es lo que una quería que fuera. El cuerpo canta La Traviatta.

Paso dos. Coger aire para explicar a quienes te rodean (aquí cabe cualquier tipo de parentesco, con sin papeles, amigos y amigas incluidos) que hasta aquí hemos llegado. Si no te escuchan, el aire limpio en los pulmones te ayudará a correr más deprisa. En algún caso, no es necesario anunciar nada, el problema se soluciona cambiando de actitud una misma y, sorprendentemente, los demás mueven la ficha correspondiente. El mundo no se acaba, muy a pesar nuestro. Buena cura de humildad.

Paso tres. Llorar a moco tendido, sin fecha de finalización del lloro, y sin medida ni modelos. Es decir, a berridos, silenciosamente, muchas horas al día, sólo una lagrimilla... Todo vale. Alternarlo con risas y sentido del humor lo hará más efectivo, o al menos te ayudará a huir de la pena negra.

Paso cuatro. Hacer un plan de disciplina para no volver a lo cómodo. Cuando se pierde algo, aunque no te sentara bien, puedes pasar momentos de "añoranza" que te engañan haciéndote pensar por momentos que aquello al menos era algo, que era mejor que nada. No, eso es un error enooooorme.

Paso cinco. Abandonar sin piedad el victimismo, aún a riesgo de parecer que la soberbia es la reina de tu vida. No importa, ya aprenderás a hacerlo mejor. Si el otro (o la otra, o los otros) te meten el dedo en el ojo, paso atrás, te limpias el lagrimón, dices ¡ay! en casa de alguien de confianza y al enemigo, ni agua. Ni una protesta. No jugaremos para ganar. Sencillamente, no jugaremos.

Continuará.

4.10.08

Vivir así es lo que hay ;-)

Movería los hilos a mi gusto, pero sabes de sobra que así no funcionan estas cosas. Tú me regalas canciones como ésta:


Y yo no sé qué decir. Y como sé que te gusta leerlo todo, te lo escribo, porque así sé que me entiendes.
Dicen que hay unas emanaciones personales que se huelen sin saber que las hueles, y caes como chinche o sales corriendo.
Y que todo eso no depende de ti.
No importa si cumples todos los requisitos, que los cumples.
No importa si los cumplo yo.
Se da, o no se da.
Puede que eso sea lo que nos pone tanto a las personas, que en las cosas del amor, por más que nos empeñemos, no controlamos absolutamente nada, y el juego engancha.
Que te quiero ya lo sabes, aunque no quiera lo mismo que quieres tú.
O lo mismo que tú crees que quieres.
O lo que yo querría pero no me sale.
Has tenido suerte, los dioses no te han escuchado. Si lo hubieran hecho, ahora estarías acojonado de verdad, sin saber cómo decirme que no sabes dónde ponerme, ni qué hacer conmigo y mis excesos.
Así que te echo una mano y me pongo en mi sitio, quieta y sin decir ni media palabra más, esperando que se te pase el efecto del atracón. Hay digestiones que son muy pesadas, pero si sobrevives, aprendes a comer mejor. Te lo juro.
Podría decir aquello de no sos vos, soy yo, pero no lo diré, lo que hay es lo que hay y lo que es, es lo que es, y eso no tiene vuelta de hoja.

Sólo te pediré una cosa: no me adores, no soporto tanta presión, aunque me alimente el ego.

(Cojonudo, mientras escribo esto me llega otro correo tuyo, esta vez de Raphael... Yo soy aquel, dices... ¿tan mayor crees que soy? :-P)

Yo te regalo ésta, que nos vale a los dos:


3.10.08

Romeo, Julieta y la terapia.

Romeo fue a un terapeuta porque estaba alterado. Subir y bajar por una cuerda para un achuchón no era la idea de pasarlo bien que él tenía. Bastante tenía con convencer a su familia de que no le echaran de casa por salir con una Capuleto. Y no se dio a la bebida. Ni a la cocaína. Ni al cabreo permanente y la agresión. Y no fumaba nada.

Julieta empezó un curso de constelaciones familiares y dijo a sus padres que no pensaba vivir más vida que la propia, así que decidió verse con Romeo cuando y como quisieran ambos. Decidió que no quería llegar al final de sus días arrepintiéndose por haber vivido la vida que habían diseñado para ella, y no la que ella quería.

Pasado un tiempo prudencial acordaron separarse porque se aburrían juntos, tenían poco en común, así que se dieron un abrazo fraternal y cada uno siguió su camino. No sintieron la llamada de la muerte cuando se vieron sin pareja, salían, entraban y conocieron a mucha gente interesante.

Romeo no acabó en la cárcel y Julieta nunca tuvo que llamar al 016, ni cobró por hacer unas patéticas declaraciones en La Noria, como las de Violeta Santander, una de las adictas al "amor" más grandes que ha dado y dará la fea historia de la televisión ¿de ahora?

13.9.08

El caballero oscuro (o Ir al cine con mi hijo es un placer)

Hoy he ido al cine pensando que iba a ver un cómic con mi hijo adolescente, así que mi actitud era la de madre abnegada esperando aplauso por tanta abnegación. Pero he tenido que aplaudir yo, otra vez. Cada película, cada canción, cada libro que Carlos me recomienda es bueno, tiene un gusto exquisito y me enseña muchas cosas.


Hoy he visto "El caballero oscuro", de Christopher Nolan. La película es genial y me encantaría leer el guión. He salido con el alma removida, y un montón de ideas y sentimientos saltándome en la cabeza. Sensibilizada a muchas cosas que alguna vez pensé y no quise creer. Haberme sabido de acuerdo con el Joker en algunas cosas, y haberme equivocado en otras, como la escena de los ferrys, me provoca emociones diversas. El Joker es consciente de que no tiene existencia si no es en contraste con la nobleza de Batman, o de Harvey Dent, a los que se empeña en demostrar esta idea, además de que él da algo de sentido a la nobleza de ellos.

La noche es más oscura justo antes del amanecer, o el caos es más justo, son algunas de las perlas de la película. El Joker pone de manifiesto que no siempre que creemos tener el control de las cosas las controlamos, ni las cosas que se cumplen según lo previsto, tienen por qué ser las mejores, aunque eso nos dé una precaria seguridad.

El reparto es magnífico, me encanta ver a Michael Caine con esa forma de estar que parece que es incapaz de hacer ruido. Y Morgan Freeman, y Gary Oldman... Y los guapos Christian Bale, Aaron Eckhart y Heath Ledger.Parecía una película americana con guión europeo.

Y cómo no, me ha llamado la atención el papel tan secundario que tiene en la película la única mujer en plantilla, Maggie Gyllenhaal (Rachel). Máxime teniendo en cuenta que las vidas reales de los dos superhéroes dependen de ella, como casi siempre. Y es que lo que es difícil de arreglar, es que es muy difícil de arreglar.

Gracias, Carlos. Te quiero mucho :-)

4.9.08

Asumiendo responsabilidades.


Yo necesitaba, como todo el mundo, ser alguien, tener, expresar, decir... SER.
Pero me enseñaron a escuchar tranquila. Especialmente a ellos, había que escucharles a ellos porque eso daba puntos para conseguir éxito en general, que para las mujeres venía a ser lo mismo que tener éxito con ellos en particular. Porque no hay nada que le guste más a un hombre que ser escuchado con atención, especialmente si habla de sí mismo, decían. Un mensaje devastador para una adolescente. Me recuerda, y me troncho de risa al hacerlo, al arrobamiento descerebrado que nos aconseja fingir, para conseguir un marido rico, la madre de todas las Arpías, la simpar Peñaflor.

Y te acostumbras sin querer a ocupar un segundo plano, pero no firmas la conformidad, sólo lo aparentas, lo que conlleva acumular sacos y sacos de resentimiento. Yo hice alguna incursión arriesgada en la expresión de mis ideas, sentimientos y el porque me da la gana, con consecuencias nefastas para mi éxito personal. Cardo borriquero, prepotente, ordinaria y machunga son algunas de las perlas que me han llegado a dedicar. Ah, claro, y feminista trasnochada. Casi siempre me lo decían ellas, además.

Este último descubrimiento, te lleva a querer ganarle la batalla al presunto invasor de tu espacio, pero no puedes hacerlo a pecho descubierto (es una forma de hablar ;-P), así que desarrollas unas habilidades nada honestas ni sinceras, para desarrollar el poder y la legítima fuerza que llevas dentro. Y así es como llegamos a un estado de las cosas en el que todo el mundo pierde.

Sue Patton Thoele define algunos perfiles que se nos harán muy evidentes a poco que observemos a nuestro alrededor: la madre que regaña al niño incapaz, la niña-mujer que necesita un padre, entregando su derecho a ser adulta, la mártir/víctima, no importa lo que hiciera por ella, nunca era suficiente, que evoca la culpa de los demás para controlarlos, la inválida que utiliza la enfermedad real o imaginaria para manipular a los demás, estar crónicamente enferma da mucho poder, y la bruja, que regaña, se queja, usa el sarcasmo para humillar, critica y, en secreto, llora.

Un día, casi de pronto, te das cuenta de que jugar cualquiera de esos papeles te pone enferma, se te cae el pelo, te comes las uñas, te duele el cuello, tienes vértigos, diarrea, estreñimiento, duermes mal, tienes ataques de pánico o sencillamente quieres que el mundo se pare y bajarte cuanto antes. Y empieza un arduo y maravilloso camino hacia la libertad y la responsabilidad de tu propia vida. Ese que, de vez en cuando te agota, te asusta, te deja tirada en el suelo, ese maravilloso camino vital que ya ni puedes, ni quieres abandonar.

31.8.08

Mujeres, hombres y cyborgs.

Hoy no me concentro en la tarea. Tengo que escribir sobre la Red, sobre la brecha digital de género y sobre cosas en las que creo pero que, a veces, me pesan como una losa.

Y es que me canso. Me canso de pelear. Me canso de explicar lo que siento y de no saber nunca si alguien me entiende. Me canso de pensar, de reflexionar, de buscar una salida y me pregunto si no sería más fácil quedarse en lo que hay, seguir siendo ciudadana de segunda, y no querer salir a ninguna parte, no querer cambiar el mundo, ni el mío ni el de nadie. Y sí, es más fácil, pero a mí lo fácil no me pone. A mí me ponen ellos, la presunta causa de mis males (;-)). Y me pone soñar con que alguien venga y me salve la vida, decida por mí qué seguro cojo para el coche, que me monte los muebles de Ikea y busque en Internet en qué época es mejor podar los árboles. Y que los pode, claro. Y que luego se vaya a su casa. Mucho, ¿no?. Debería sentirme culpable por pensar estas cosas, según la creencia general, pero la verdad es que no me sale la culpa desde que me di cuenta de que no existía, de que la culpa tiene el mismo fundamento científico que la ley que dice que yo soy incapaz de conectar un router inalámbrico. Sé que si pude vencer la culpa, el router caerá. Es, como todo, una cuestión de tiempo y paciencia.

Y cuando me canso es por algo tan obvio como que las peleas, las explicaciones y los gritos pidiendo lo que quiero, no sirven. Yo ya sé lo que sirve, pero cuesta hacerlo con naturalidad, cuesta no manipular cuando llevas toda la vida especializándote en ello, no aprendí hasta hace poquísimo a coger lo que es mío, y a no consentir que nadie me ponga el pie en la cara, y encima hacerlo sin ofender. Y no aprendí hasta hace menos, a renunciar a muchas cosas por eso.

¿Qué gano si me nombran? ¿Qué gano si quiero ser escuchada? ¿Qué gano si tengo seguridad en mí misma y en lo que hago o digo? Miedo, me dijo un amigo que yo le daba miedo. Le he borrado de la lista de amigos y me pregunto cuánta gente más tendrá que quedarse en la cuneta para que yo pueda ser quien soy...

Mientras decido si irme o quedarme, voy buscando las botas y dando gracias por tener un par de piernas. Al menos así tengo una posibilidad... de salir corriendo... Y mi amigo verá que no, que a pesar de cómo hablo y las cosas que digo, yo no soy un tío. Voy a depilarme...


24.8.08

Tortilla de patatas con verduritas.

Una tortilla de patatas no es cualquier cosa. Es decir, no cualquiera puede hacerla (buena, digo). No tengo foto, mi nene me quitó la cámara y lleva todo el verano volando voy, volando vengo. Y yo que me alegro.
Por ejemplo, el tipo de patata, el tipo de aceite, el tiempo en cantidad y calidad, los huevos, algo de leche, sal y una sartén que no se pegue, son todos requisitos fundamentales. Como en todas las recetas, hace falta poner mucho afecto, amor si se tiene y paciencia. Ya sabes, si no tienes tiempo, llama al telepizza y mañana intentas la tortilla.

Empezamos. Pelar las patatas de Chipiona o sitio similar, tersas como mis... bueno, quiero decir tersas, estiradas pero no tensas, y de un tamaño adecuado como su... bueno, quiero decir que ni grandes ni pequeñas. Trocearlas en rodajas finas, no es necesario usar tabla ni que salgan todas las rodajitas a medidas exactas, pero sí procurar un grosor adecuado como tu... bueno, que nada.
Salar un poquito, pero poquito, que la sal sube la tensión y con ver el Telediario es suficiente. Las ponemos a freír con sosiego en el aceite de máxima calidad, virgen extra andaluz, amén de cordobés o jiennense, por dejar la faena rematada y perfecta.
Chof, chof, chof, mientras arreglamos las verduritas de calidad (aunque sirven muy bien las socorridas bolsas de verduras troceadas frescas del mercadona, más concretamente la sopa juliana y la sopa campesina, fifty-fifty. En caso de haberlas comprado en la frutería de calidad a precio de oro, se lavan muy bien y se trocean pequeñitas, muy pequeñitas: zanahorias, brócoli, judías verdes, espinacas, acelgas, coliflor, col... absolutamente todas las que te gusten. Si te cansas de picar, ponte un disco movidito y tómate un kitkat musical (baila como si nadie te viera... ¡pero echa un ojo a las patatas!) para luego seguir, inasequible al desaliento.
Las patatas se ponen tiernas enseguida y entonces es el momento de darle caña al fuego para que se pongan pelín doraditas y pelín crujientes. Las sacas y las dejas reposar bañadas en el huevo batido al que se añade algo de sal y un chorrito de leche.
En el mismo aceite de las patatas, ya sabéis la crisis en la que nos tienen sumidos nuestros jerifaltes de la política, echamos las verduritas a dorar, deben quedar al dente, si es posible. Se les pone un poquito de sal, pero recuerda: poca.
Cuando la verdurita esté, se añade al barreño de patatas, se mezcla todo muy bien y se echa en la sarténquenosepegajamás, en la que a fuego lento (revoltosas, caricias que parecen mariposas) se irá haciendo por dentro y por fuera. Darle la vuelta es un arte muy sencillo si lo haces en plan casero y no como los cocineros masculinos, que no pueden evitar ser hombres y tratan a las tortillas con una brusquedad que no es menester.
Cuando vemos que está hecha por debajo (es como cambiar de marcha en el coche: la tortilla te lo pide con su volantito exterior ya hecho) se deja patinar por la sartén (si pusiste una que se pega, te acordarás de mi padre, pero ni mi padre ni yo somos responsables: sólo tú, por dejadez) hasta que se deposita con suavidad en un plato llano. Tal como es lógico, coges la sartén con la mano izquierda, el plato con la derecha, y vuelta a resbalar, pero esta vez dejas caer la tortilla como dándose un porrazo de boca contra la sartén. Esperar a que baile la tortilla cuando movemos (en horizontal, por dios) la sartén, es señal de que hemos llegado a buen puerto y tendremos buen provecho.
¿O no?

18.8.08

Agosto, mejor en la city.


El mes de agosto es un mes de reflexión, de relax, de siestas interminables, de ver como se van acortando las tardes y a ratos te llega a la nariz un olorcillo a cuaderno nuevo y goma milan, que no es más que un aviso de lo pronto que pasan dos meses de no dar palo al agua.
No es, como vende la tele, un agobio no poder viajar por el motivo que sea. Sobre todo, no me agobia a mí no poder ir a playas atestadas de gente, por poner un caso. Yo prefiero viajar en julio y quedarme en agosto, a verlas venir. Y no es nada aburrido quedarse en la ciudad donde cada vez hay más opciones divertidas y distintas. Yo voy descubriendo algunas.
Por ejemplo, visitar piscinas de hoteles (caros, muy caros) es una opción que sirve para muchas cosas: refrescarse, descansar, desconectar creyendo que estás de viaje en cualquier sitio, comer de lujo, y practicar idiomas. Ayer estuve en el brunch dominical del Alfonso XIII. Por si a alguien le interesa, también lo hay en el Ritz, en Madrid, y en cienes y cienes de hoteles más. Los españoles que había eran los camareros, el maître, el chef y el jefe de la peña, guapísimo él. Esta cuestión facilita la práctica de idiomas, ayer especialmente el francés, aunque yo prefiero el inglés, así que lo dejé para mejor ocasión.
También puedes aprender, si es que no lo sabías, que el dinero facilita la vida obviamente, pero no compra lo que tú ya no tengas. El dinero no compra una buena educación, ni unos movimientos armoniosos del cuerpo, parece que tampoco un saber que el chicle se tira en la papelera, ni siquiera tener la certeza de que tres platos de paella con cinco copas de champán no te harán más feliz, au contraire. Puede que el dinero te convierta en ciego si te deja usar cinco toallas para la tumbona de una sola persona (cabeza, pies, almohadilla, secarte y tirar una al suelo), sin saber que contribuyes enormemente a quemar el planeta que te acoge y que, aunque por ser rico no lo padezcas directamente (salvo que te pille un tsunami cabrón cagando en W.C. de oro de un hotel asiático de lujo también asiático), los más perjudicados son, para variar, los que apenas tienen donde dormir... parece que la reflexión no hacía juego con el netorno, pero ni pude ni quise evitarla.
Me encantó un señor mayor que estiraba sus músculos mientras me sonreía, y otro que llevaba todo lo llevable de las marcas más caras del mundo... ¡¡y un discman!!. En un tiempo en el que hasta mi madre sabe lo que es un iPod, el tipo sigue llevando discman, el dinero sigue sin servir para todo, ¿ves?
Los cines de verano, las terrazas, la piscina de tu casa, la piscina de la casa de tus amigos, leer, leer y leer sin prisas y sin que nadie te interrumpa, mirar las palmeras sevillanas, ... la paz... ya veremos dónde encontrar todo esto.

13.8.08

Otra vez en el cementerio.


Parece que estas visitas van a ir en aumento, dada la edad cronológica que tengo y la de algunos seres queridos que me rodean.
Esta vez ha sido la madre de una amiga, 85 años (su madre, ella no), y estaba cansada la señora ya, se preguntaba por qué se muere tanta gente joven y ella seguía ahí, sin que le pasara nada.
Y miras y ves cada cosa... Una señora con el brazo roto (por tres sitios, aclara, disfrutando de ser la mejor peor del día) llora cada vez que llega algún familiar de la finada. Resulta demasiado evidente que es un llanto de plañidera, de pasarlo bomba, modelo québiencuántosufro, como si así pudiera dar un sentido a su vida entre telenovela y programa rosa.
Una Sofíalorendelosveinteduros asiste al entierro con unos zapatos rojos de punta y tacón fino dignos de otro evento más erótico- festivo, cómo cambian algunas cosas y otras no... Sin ir más lejos, mis amigos, matrimonio ellos, van de la mano hasta que alguien en su sano juicio les indica: "Tú aquí, ahí son las mujeres". Creo que en mi pueblo no se hace eso, al menos yo no lo recuerdo. Ni tenemos tres días seguidos de duelo con sus respectivas misas, cosa que mantiene unida a la familia al menos hasta que eso acaba.
Con tanta emoción fuerte, no he tenido más remedio que soñar otra vez que corro por un campo que tiene tres pistas: barro, césped y cemento. En todas voy ligera como una pluma menos en el barro, que lógicamente descarto enseguida, lo mismo me da si es en el sueño o en la realidad. Hoy además, la mujer de un futbolista de esos de pelo decolorado beckamdequieroynopuedo me llevaba fruta fresca pelada en un tuperware, esta vez y claramente, en el sueño. Es lo único que no entiendo de lo que he soñado. Como no podía ser de otro modo y después de reflexionar sobre el significado de lo soñado, me calzo las zapatillas y salgo a la calle como una exhalación. Pensé que me había desvelado para poder salir a correr cuando vi la hora en el reloj de la pared: las diez. No parece que eso sea estar desvelada... Cada día duermo más y parece que mejor, mi hijo opina sobre los efectos que provoca en mí el sueño placentero aderezado con un masticar casi continuo, mamá, pareces gordita con ese pantalón , debe ser ese el motivo de tanto pretendiente camionero en mis trayectos a pie con el iPod dejándome sorda... They tried to make me go to rehab, I said no, no, no. Yes I been black, but when I come back, You wont know, know, know...
Después de sentirme bien me entero de que otra amiga, una más, tiene cáncer. Y la incertidumbre sobre el amor me recuerda que sólo me da miedo la muerte, tal vez la soberbia de tener que aceptar que todo seguirá respirando aunque yo me vaya... un yo tan chiquito y con tantos delirios de grandeza.
Definitivamente, podría llegar a concluir que vivir bien no es tan complicado. Y ya puestos, es una obligación. Rematemos con un No, no me siento culpable, ni pienso pedir perdón por haber conseguido vivir donde y como quería.



Redes sociales... glups!


Podría decir muchas cosas, pero prefiero copypastear el mensaje que encontré al abrir uno de esos sitios que andamos estudiando, esta me la recomendó una amiga (¿amiga? creo que ya no es mi amiga ;-P) ... si al menos escribiera bien... jejeje. Menos mal que ya no me creo eso de que todos son iguales... que si sé lo que es el sexo tántrico dice... Intuitivo sí que es, ya sabía que no iba a contestar. Por lo poco que he visto, si alguien busca pareja por Internet y quiere calidad, este seguramente no es el sitio adecuado...
Copypaste:

— 11:54
me llamo Marcos estoy casado y me gusta ser sincero siempre,me encanta el sexo, es una droaga para mi las mujeres opio puro, soy experto en sexo oral y tantrico, si quieres pasarlo bien no lo dudes, disfrutaras al maximo,te tratare como a una diosa como auna reina, soy un apasionado de las mujeres, sois una droga. Me gusta el sexo sin prisas sabes lo que es tantrico?, es retrasar al maximo el orgamo ambos para explotar los dos juntos en el momento adecuado, se va aumentando el deseo poco a poco es una lucha entre el placer, el deseo y la consecución del orgasmo, mi messenger, juergaxxxxxxxxxxxx@hotmail.com, suelo estar de 14.10a 15.30 entresemana y casi todas las noches sobre 11.30
— 11:55
Seguro que eres deseo, una inspiración, una locura, un anhelo, eres el extasis, eres la sensualidad, eres aroma de Sevilla, eres noche y estrellas, eres sol y luna, eres sentimiento y pasión, eres un misterio, recorrer cada uno de tus poros debe ser una aventura, descubrir un secreto, encontrar la luz en la penumbra, en definitiva esa eres tu, simplemente como dices eres tu. Un beso dios , en la mano no vaya a cabrearse Jupiter, gracias por bajar del olimpo y dejar a los nomos de baddo como yo que admiremos la belleza de uan diosa, ni Venus ni Afrodita tu solo tu entre todas ellas, solo pase a saludarte pero tenia que decirtelo, se que no me contestaras quizas no lo merezca pero tenia que decirtelo

8.8.08

Pero que público más tonto tengo...


Yo no sé si sólo pasa en Sevilla o no. Yo no sé si exagero o no. Yo no sé, ni me importa, si me asisten las leyes, o la razón, o la razón de las leyes, o las leyes de la razón. Porque no sé qué es y qué no es razonable ni, insisto, tampoco me importa.

El caso es que tengo la absurda manía de que, cuando voy al cine, no hablo. Cuando voy al teatro, no hablo. Ni siquiera hablé en la ópera. Ni caminando me gusta hablar. Tampoco me gusta hablar en un concierto, aunque como el de anoche, sea un concierto de música pop. Y mira que muda, muda, no soy. Mis hijos, un par de adolescentes presuntamente peligrosos, no hablan tampoco en el cine, ni tiran las palomitas al suelo.

Igual es una manía querer disfrutar de la magia de la música, de la película o de la música de la película. Igual es una manía querer que nadie deje tirados los vasos de papel en el césped. O las colillas en el suelo. Tampoco me gusta respirar el humo ajeno, ni siquiera al aire libre, que parece que persiga a los que más nos molesta. En un sitio como el CAAC, marco incomparable como otros tantos, precioso en una tarde-noche de agosto, perfecto para no tener que ir al mercadona a por limones (entrando en el huerto a la izquierda puedes coger los que quieras), debería haber una policía estética y otra ética, y no dejar entrar a tanto gañán y a tanta moderna de pacotilla preocupados por el calentamiento global y autistas a la hora de ver que la contaminación acústica y la falta de respeto al artista, queman también la Tierra, aunque sólo sea en la parte que corresponde a mis neuronas, y granito a granito, se llena una playa.

Pero sobre todo, me revienta la gente que habla a gritos, buscando aprobación a sus estúpidos comentarios mientras el músico de turno se deja el pellejo de la garganta en el micrófono. Y me revientan los que hablan de lo que va a pasar después en la película, como si todos fuéramos su esposa-sufridora y no nos quedara más remedio que aguantarle. Un día le dije a un señor: "Por favor, que no está usted en el sofá de su salón", y me contestó muy mal, pero que muy mal, aunque por más que me esfuerzo no recuerdo qué fue lo que me dijo, eso sólo puede significar que o me importó poco, o me importó mucho. Por eso lo olvidé.

Recuerdo a un señor con sonrisa profidén, lamentablemente guapo, espléndidamente vestido, limpio como una patena, olía a gloria y yo iba como en volandas, fuimos al cine, a ver American Beauty, ¡¡y no dejó de hablar, de intentar toquetearme y de besuquearme el pelo durante toda la película!!. Aquello fue el principio del fin de algo que ni siquiera había empezado. Cuando le pregunté cómo podía ignorar la maravilla que estaba en la pantalla, me contestó que el día que explicaron en el colegio cómo ver cine, él no estuvo en clase. Y es que un detalle así ya te anuncia cómo podría ser tu vida con un sujeto de esa calaña.

Lo dicho, al cine se va a soñar. Para vivir la realidad tienes el resto del día. Ssssstt...

2.8.08

Pudding... ssss...


Siguiendo con mi competencia absolutamente desleal hacia Arguiñano, deposito aquí mis trucos para los pudines caseros que te sacan rápido de un apuro y te hacen quedar como si de verdad supieras guisar.

Pudín uno. De fish, merluza o marisco, o de todo un poco, que es más sano.
Pudín dos. De verduras variadas.

Sofrito base para ambos igual. Poner aceite de oliva virgen extra en la mejor cacerola que tengas. Echas ajo, pimiento verde, pimiento rojo, zanahoria, cebolla y tomate. Cuanto más sabroso esté el sofrito, más rico estará el pudin (a mí me gusta decir "pudín" con cierto timbre en la ín, jeje). Bien, sigamos con las cosas serias de la vida. Una vez dorado el sofrito y bien rico, tienes dos opciones: una, echar un buen chorro de coñac español, o mejor decir brandy (para que no nos metan en chirona los franceses) y dejar que el alcohol se evapore. Cuando esto haya ocurrido, pasarlo bien por la batidora y reservar. Obviamente, este es el sofrito del pudín uno.
Para el pudín dos, el sofrito puede quedar sin pasar por la batidora (es de suponer que has hecho los trocitos de verduras pequeñitos y cariñosos, no tarugos de ahogarse como si no quisieras a los comensales ni una mijita siquiera), si optas como veremos más adelante, por triturarlo muy poco. Puedes añadir si quieres un poco de pimienta blanca molida.

Ingredientes del pudín uno: rape, gambas, langostinos, merluza de pincho, y un trocito de patata que no es imprescindible, pero a mí me gusta. Yo lo pongo todo en la cazuela a hervir y cuando está lo dejo escurrir muy bien, cuidado que no debe quedarle ni gotita de agua.
El siguiente paso es mezclar el sofrito con los ingredientes, y aquí volvemos a elegir como tantas veces en la vida entre dos caminos: triturarlo todo muy fino o sólo triturarlo un poco. A mí me gusta encontrar trocitos de pescado y de patata (de todos es sabido que las cosas muy masticadas no ayudan a madurar en la vida), pero si quieres que parezca más fino, lo trituras precisamente así, muy fino, y lo mezclas con tres huevos batidos y un puñadito de pan rallado. De ahí al molde previamente untado de aceite de oliva y pan rallado para evitar que se pegue (nada de mantequilla, por dios).

Ingredientes del pudín dos: Zanahorias, espinacas, acelgas, patata, col, coliflor, apio, puerro, brócoli, calabacín y lo que quieras... todo se cuece en agua con sal y chorrito de aceite. Cuando esté al dente, se escurre muy bien, muy bien, otra vez sobra el agua y se elige entre triturarlo muchísimo, bastante o muy poco. Se mezcla con el sofrito, se añaden los huevos batidos, el poquito de pan rallado y al molde igualmente.

Acompañamientos: Para el pudín uno, mayonesa. De leche está bien, así engorda menos, te libras de la salmonelosis y del colesterol. Puede servirse tanto frío como caliente, aunque parece que frío con la mayonesa tiene éxito.
Para el pudín dos, bechamel. También puede tomarse frío con la bechamel calentita, pero todo caliente me gusta más...

¿Tu cuenta bancaria y tu tiempo son pírricos? No te preocupes. Vas al mercadona, compras las bolsas de verduras siguientes: sopa campesina y sopa juliana (para el pudín dos); verduras para freír y lata de tomate triturado marca de la casa (para el sofrito); copa de coñac del vecino, como yo no bebo..., le dices y cuela. A la otra vecina le pides los huevos y la patata. El marisco congelado y la merluza sin pincho (el pincho no se guisa de todas formas ;-P), y quedas igual de bien porque lo que a tus invitados les va a flipar de verdad es la presencia en el plato (no vale poner pudding rectangular en plato redondo de duralex), se sorprenderán al ver que eres capaz de sacar el pudín del molde sin que se rompa y, lo que es mejor, ¡eres capaz de hacer bechamel! (sí, también la hay de pega). A fin de cuentas, vivimos en una sociedad de apariencias, así que todo es fácil de colar (o casi). ¿Qué más da si no es? Lo que importa es que parezca.

Y como os veo venir:
(pudin o pudín. (Del ingl. pudding). 1. m. Dulce que se prepara con bizcocho o pan deshecho en leche y con azúcar y frutas secas. 2. m. Plato semejante, no dulce).

1.6.08

Cosas de mujeres



Una mujer casada trabajaba medio tiempo como enfermera, había asumido todas las responsabilidades de la crianza de sus dos hijos y hacía todos los quehaceres domésticos, incluyendo reparaciones y finanzas. "Quiero separarme de mi marido", sollozó." Ya no lo soporto más a él ni a su abuso. Pero dime, por favor dime", me dijo, "¿crees que puedo cuidarme sola?".
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Oh, no me refiero al sexo. Hay formas de mantener a un hombre muy interesado sin necesidad de satisfacerle. Yo lo he hecho muchas veces. (Brie)
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Así somos, tan humanas...

31.5.08

¿Y qué me pongo yo para ir a la ópera?


Miré, pregunté, indagué, esculqué en mi armario... por fin encontré un lápiz y pude dibujarme el modelito que aconsejaban en Cosmópera del mes pasado. Caí en la cama presa de una alegría enorme porque, al fin, podría codearme con ¿otra clase de gente?
Ya contaré la trama de la cosa en otro post, porque era en alemán con subtítulos, bueno, mejor diría con sobretítulos, y los temas, aunque parecieran antiguos, estaban (lamentablemente) de total actualidad.

10.5.08

Darek alimenta mi adicción

Además de inspirarme ideas buenas, muy buenas, ideas con velas y sábanas de raso, o túnel de lavado de coches, o playa, o basurero mismo, que con un hombre así, ¿quién se para en minucias?, decía yo que me ha inspirado mucho verle en la tele, tan dicharachero, con esa sonrisa, que me hace comprender a cualquier pecadora.

A lo que iba. La OMS no ha catalogado aún la enfermedad del desamor, o de la adicción al "amor", a las relaciones, al solaosolonoquememuero. También la padecen muchos hombres, pero la mayoría de víctimas son mujeres. Y habría que definirla, PREVENIRLA y saber tratarla. Las consultas de los médicos están llenas con este tipo de problemas que sólo aciertan a tapar con ansiolíticos y demás drogas legales. La ignorancia sobre la enfermedad es tal, que a nadie se le ocurre respetar a la Obregón, como la, presuntamente, enferma de amor que es. Al ser su vida pública, se puede hacer una línea del tiempo, que cada quien podría hacer en su casa, y comprobar algunas cosas que ahora, también probablemente, no ve.

Ana Obregón se equivoca en una cosa: dijo en el programa de la escritora de renombre AR, que era indigno para un hombre dejar que una mujer hubiera pagado las facturas de la casa donde vivían, el gas y los etcéteras de la vida cotidiana. ¡Ana, machista! Comprendo tu despecho, pero no el desajuste con las ganas de igualdad de derechos que nos asiste. Y yo me pregunto, ¿indigno por qué? ¿Cuántas mujeres con menos pasta que los hombres de los que se enamoran son agasajadas, mantenidas y adornadas, sin que nadie diga "esta boca es mía"?
A ver, dos se enamoran, uno de los dos (el o la que sea) es muchimillonario o muchimillonaria, y quiere ir y venir con el otro o la otra a las Maldivas, por ejemplo. Lo normal será, digo yo, que el rico pague o que el rico deje de ir a las Maldivas. En los dos casos, puede elegir. Y si elige, tiene que aceptar las consecuencias de lo elegido. es decir, si quieres seguir con el mismo tren de vida, tienes que gastar el dinero en la pareja en cuestión. Y punto. Es decir, no volver a sacar el tema jamás. Querer cobrarlo después de romper es ordinario. Salvo que andes rebotada y no tengas la suficiente fuerza interior para aceptar una nueva derrota. Yo la comprendo, porque de dormir con eso tan durito al lado, a quedarte de nuevo con el colchón de látex pelado... pues tiene que ser duro, muy duro, ¡durísimo!

En cualquier caso, a lo que iba. La equivocada forma de vivir el amor y las relaciones que llevamos desde hace tantos años, trae estas cosas. Estos dos salen en la tele, pero la calle está llena de obregonas despellejándose de amor por el primero que se pone a tiro, sea bueno o no, adecuado o no, con un subidón de la hostia cuando empieza la película y un bajón cuando termina que te lleva al mayor de los ridículos, en el mejor de los casos. Al cementerio, en el peor. Y no, no exagero. También, cuando un tipo como Darek necesita salir con señoras recauchutadas y famosas (dicen que anda con otra similar), es que tiene el mismo problema, aunque juegue en el bando contrario. Y los menos guapos, también pueden padecer de lo mismo.

El problema no es "es que salí con un tipo que bebía y me trataba mal". El problema es ¿por qué sales con un tipo así? Es fácil de entender, si es que eres capaz de leer despacio lo que os copypasteo abajo:

"Tratar de recuperarse sin fe es como subir una montaña empinada hacia atrás y con tacones altos".

Las raíces de la adicción a las relaciones se hallan, inevitablemente, en los traumas emocionales de la niñez (pérdida, dolor, abuso y abandono) y en los hábitos de relaciones desarrollados como consecuencia de esos traumas.
Los detalles de esas experiencias varían en cada una de nosotras, al igual que los correspondientes estilos de relación adictiva que se desarrollan y, mas tarde se practican en forma de adicción a las relaciones. Por ejemplo, las mujeres que provienen de hogares violentos, tienden a elegir hombres violentos como pareja. Las mujeres que se criaron en hogares alcohólicos tienden a elegir hombres químicamente dependientes, y así sucesivamente.
Sin embargo, hay un factor que siempre esta presente y activo en la adicción a las relaciones: el impulso inconsciente de recrear la lucha del pasado y, al volver a enfrentarla en el presente, emerger triunfantes. Dicho de una manera mas simple, es una compulsión de volver a jugar y, esta vez, ganar. La lucha de prevalecer sobre lo que nos derrotó en el pasado se convierte en una obsesión. Mientras esa obsesión siga activa, estará presente la adicción a las relaciones, haya o no haya pareja en ese momento.
Tomar conciencia de las condiciones y los hechos que nos predispusieron a desarrollar una forma adictiva de relacionarnos es el primer paso hacia la recuperación, sin embargo, de ninguna manera equivale a dominar ese patrón de conducta. Es por eso que deben distinguirse tres etapas en la recuperación: primero, se empieza a reconocer el proceso de enfermedad que opera en nuestra vida (esto podría ocurrir al leer un libro como "Las Mujeres que Aman Demasiado"; luego se adquiere la voluntad de encararlo como la adicción posiblemente fatal que es (asistiendo a una reunión de algún programa de Anónimos referido a esa adicción en particular); y finalmente, la recuperación debe seguir siendo nuestra prioridad de cada día (asistiendo a reuniones con regularidad y mediante la oración y la lectura diaria.
Hay factores muy importantes que alientan la recuperación. Se necesita coraje y humildad, además del desarrollo de una capacidad para la franqueza rigurosa. Debemos estar dispuestas a hacer lo necesario para curarnos. Para mantener el proceso de curación es necesario también, por lo general, rendirnos a una Inteligencia superior en busca de guía y consuelo.
La conciencia en sí misma no basta para promover y apoyar los cambios masivos que son necesarios para que se produzca la recuperación. Cuando esa conciencia va de la mano con la determinación autoimpuesta de vencer la conducta adictiva, la posibilidad de recuperación se hace mas remota aún, puesto que la adicta recurre, para derrotar a su enfermedad, a las mismas actitudes y conductas insalubres que ha utilizado con otras personas durante tanto tiempo. Nada cambia en realidad. Sigue actuando con la convicción de que ella, en sí misma, tiene la respuesta para su problema y el poder de obligarse a cambiar.
Al principio resulta natural (y reconfortante) creer que solo el hecho de tomar la decisión pondrá fin al problema, pero si eso fuera lo único necesario no existiría la adicción.
El autocontrol no da resultado frente a ningún tipo de adicción, puesto que todas las enfermedades adictivas son enfermedades de control. Nos esforzamos por controlar lo que no podemos y, al hacerlo, nos enfrentamos cada vez más. La adicción no se rinde ante la obstinación; es necesario admitir que es mas fuerte que nosotras y que no podemos derrotarla solas.

Tomado del libro "Cartas de la Mujeres que aman demasiado", de
Robin Norwood

9.5.08

La comunicación interpersonal.

Decía yo que para comunicarme mejor con los demás, necesito tener antes muchas conversaciones conmigo misma. Y además hablarme bien, con calma y afecto, y así será eso lo que pueda dar a los demás.
Después de muchas definiciones, no sabría afirmar o definir qué es la comunicación interpersonal sin sacar a relucir el emisor, el receptor y el mensaje (emisoras y receptoras incluidas). No quiero entrar en eso.
Lo que yo quiero es no ofender, lo que quiero es mantener conversaciones apreciativas, dar buen rollo y no aguantar los malos rollos. No me sale siempre... Bueno, no me sale muchas veces.

Eso son pajas mentales, me dijo uno. Es posible. Y no me importa hacerme pajas mentales. Siempre he creído que las pajas (las mentales también) no deben faltar en la vida de nadie. Así que lo dicho: conversa contigo mismo, contigo misma, y las pajas nunca faltarán.

4.5.08

He encontrado el sentido a mi vida.

Yo pensaba que podría realizarme con el trabajo, pero no. O que mis amigos serían lo más importante de mi vida. O que, por fin, mis hijos me harían bajar de la nube y pisar tierra firme. Pero no, nada de eso me sirvió jamás para sentirme una persona completa, plena, pletórica y supermegaguay.

Por fin, a falta de un Darek que alimente mi alma (vale, mi cuerpo), he encontrado un objetivo por el que luchar, una tarea diaria que me hace sentir que no todo es inútil ni negro. Me he comprado una Wii , con su Wii Sports, con su Wii Fit, con su tabla y su todo, todo, todo.
Al fin, mi vida empieza a tener sentido. Cada mañana me da la enhorabuena por mis avances; en sólo cinco días he pasado de 54 a 37 años, que no está nada mal (lástima que sólo se refiere a mi equilibrio físico), he aprendido a hacer el guerrero sin inmutarme, y tiro los bolos con una facilidad pasmosa. Es tan buena, que a poco que me esfuerce, me deja abrir horizontes nuevos: Has desbloqueado una nueva postura de yoga..., me dice, y yo me emociono...
Mi querida Wii me felicita por mi constancia, me trata con afecto, me hace apuntes apreciativos, y me da ideas sobre cómo mejorar. No conozco a nadie que haga eso conmigo de una manera tan altruista. Así que, a partir de hoy, sólo seré ©LolaWii.

3.5.08

Cocido cordobés.

En Sevilla se llama puchero, y las variantes en otros sitios son múltiples. Yo te voy a contar cómo, después de ver a muchas mujeres guisarlo, he decidido hacer de aquí en adelante, el cocido o puchero, que viene a ser muy parecido. Obviamente, el origen del nombre viene del recipiente, por lo que ahora debería llamarse ollapresión, pero nos dejaremos de tontunas y vamos al guiso.

Desde mi primer embarazo no le pongo tocino de ninguna clase. Había pocas cosas que me gustaran más que la pringá, pero ya n la hago ni la como. Y el cocido no está peor, quizá esté mejor. Empezamos.

La noche anterior tienes que poner los garbanzos en remojo con agua calentita y sal gorda. Cuando te levantes, desayunas, lees el periódico, haces todo lo que tengas que hacer y te encaminas airosamente y con ganas hacia la cocina.

Busca la olla a presión y comprueba que el óxido no ha taponado las válvulas de seguridad. Comprueba también que la goma de la tapadera no está en modo chicle, por la falta de uso.
Entonces, enjuagas un poquito los garbanzos, y a la olla. Enjuagas otro poquito un par de huesos de jamón de Jabugo, y a la olla. Medio pollo limpio, despellejadito y quitada toda la grasa que puedas; un trozo de carne de ternera "de guiso". Se suele echar hueso blanco de ternera (vaca loca) o cerdo (colesterol), además de tocino salado y fresco (más colesterol), pero he probado y esto no mejora el sabor ni la calidad del cocido. Sin embrago, los huesos de jamón son determinantes. Y las verduras. Las primeras son puerros, zanahorias y opcionalmente, apio. Todo entero, porque yo luego lo saco.

Sigo. Cuando aquello empiece a hervir (previamente, ponlo en la cocina y enciéndela) echara espumarajos muy desagradables, pero ni caso, sólo tienes que sacarlos con una espumadera, hasta que ya no queden más. Entonces pones sal, y tapas la olla. Cuando la pesa dé vueltas, si es antigua, o suba la presión hasta el 3, lo dejas diez minutos y luego, apagas. Abres cuando estés seguro de que la olla no te mandará a dar una vuelta por el techo y sigues la tarea. Ahora toca limpiar un poco. Si quieres, sacas las zanahorias, el puerro, el apio, a mí no me gusta comerlos, así que los tiro. Y añado calabaza, patata y judías verdes. Y cierro otro ratito (la olla, claro).

Si ese día has invitado a comer a una mujer atractiva (como yo), le pones una ensalada de rape y fresas. El puchero es mejor para el día siguiente por dos motivos obvios:

Uno, el fundamental, la siesta de puchero es mejor vivirla en soledad.
Y dos, los sabores están más afianzados al día siguiente. Esto suele pasar con casi todos los guisos.

Si te sobra carne, puedes hacer unas croquetas espléndidas para cenar. ¿Que no sabes hacerlas? Pues yo te enseñaré, en otro capítulo.

20.4.08

Nos vamos de perol (cordobés, ¿de dónde si no?)

Para que se produzca un perol es absolutamente necesario que se produzca el acto de cocinar y de comer a continuación lo guisado allí mismo.
Las condiciones para hacer un buen perol es cocinarlo sobre un buen fuego, en mitad del campo. Pero nos apañaremos con lo que haya. El perol no es una paellera, eso que vaya quedando claro.
Lo suyo es hartarse de comer y beber mientras se prepara el arroz, que suele comerse a eso de las cinco o las seis de la tarde porque no da tiempo a que esté antes, si todo se hace en estilo "clásico": discutir quién va por leña, quién sabe darle el punto a las ascuas, quién no se mueve así caigan chuzos de punta... suele perderse una media de hora y tres cuartos en todo eso.
Para eso llevamos chorizo, que se hará al infierno si llegan los de la leña; panceta, que tres cuartos de lo mismo; tomate aliñado... y bebidas al gusto.

Ingredientes para un arroz fácil y rápido:
1 kilo de magro de cerdo cortado en taquitos no muy grandes.
1/2 kilo de pollo troceado
higaditos de pollo, dos bandejas
3/4 de kilo de potón o similar: merluza, calamaritos, rape...
almejas, 1 kilo
gambas, dos bolsas, peladas.
1 kilo y medio de tomate en lata
4 bolsas de verduras para freír del mercadona
10 dientes de ajo
sal gorda, aceite de oliva virgen
1 kilo y medio de arroz brillante
azafrán

Esto es para 30 personas incluyendo tapeo, si es sólo para ti, reduce a la unidad ;P

Empezamos haciendo un buen sofrito con cebolla, ajo, tomates, pimientos verdes y uno rojo. Mareamos la carne, rehogamos, vuelta y vuelta, aquello empieza a oler a gloria y ya casi no puedes evitar mojar (con perdón) un buen barco en la salsita que se va formando. Cuando la carne ya va tomando color, echamos el pesacdo y luego un buen chorreón de Montilla-Moriles. Le damos caña y cuidamos que no se queme. Añadimos agua y cuando empieza a hervir, echamos el arroz.
Suavizamos el fuego y cocemos unos 20 minutos. Hay que buscar un sitio adecuado para dejarlo reposar cinco minutos, sin dejar que "el de siempre" lo pruebe antes de tiempo.

Se puede sustituir la carne por pescado (chocos, calamares, almejas, gambas...), pero yo prefiero ponerlo todo. Cada cosa en su momento, dependiendo del tiempo de cocción, pero así está mucho más rico, que te lo digo yo. También pondremos alguna verdurita: guisantes, setas, champiñones, espárragos recién cogidos por los expertos, que siempre va alguno que se tira el moco... en fin, lo que más te guste.


El placer de vivir.


A veces se mata una pensando qué quiere, a quién quiere, por dónde quiere, o por qué no quiere, y resulta que la respuesta está en la gotita de lluvia que resbala por el vidrio de la ventana una mañana de domingo y lo único que te preocupa es no perderle el rastro. Y de repente, te das cuenta de que sí se puede ser feliz.

11.4.08

Ironía mañanera simplificada al máximo :-P


Luis Fernández-Actor Venezolano (Diario El Mundo)
Si tuviera una vagina y tuviera una cita con 'el hombre de mi vida' (forma muy común de etiquetar al sujeto del encuentro), tendría por ley que hacerme las dos preguntas fundamentales que me definirían como mujer... En primer lugar, tendría que mirarme largo y tendido en el espejo y afirmar: ¡Estoy gorda!, y acto seguido abrir las puertas del closet y preguntarme: ¿Qué me pongo?. Esa noche, él hablaría de temas variados, fingiría estar interesado en conocerme mejor y en su mente rondaría el único objetivo de penetrar mi vagina. Yo tendría que imaginarme teniendo sus hijos y envejeciendo románticamente a su lado.
Luego haríamos el 'amor' o, al menos, eso tendría yo que creer.
Finalizado el acto, y aunque la cosa dure escasos 13 minutos, y tenga que fingir el orgasmo, tendría que hacerle la segunda de las preguntas: ¿Papi, tú me quieres? Él respondería con un monosílabo indescifrable, y yo pasaría la noche en vela convenciéndome de que no soy una 'perra'.
Al día siguiente esperaría ansiosa su llamada, y esperaría, y esperaría. Él nunca llamaría y yo comenzaría a desarrollar ese resentimiento crónico contra el hombre que unifica a toda fémina arrecha. Empezaría a crearme expectativas imposibles y cada día sería más y más difícil dar con nuevos 'hombres de mi vida' hasta envejecer conspirando eternamente con otras mujeres arrechas... y solas.
Y es que detrás de esas terribles preguntas aparentemente frívolas, está todo:
'Estoy gorda' no sirvo, no doy la talla, no soy lo suficientemente buena para merecer ser amada...
'¿Qué me pongo?' Qué hago para que me quieran, De qué me disfrazo para que me acepte, Cómo lo convenzo de que puedo hacerlo feliz...
'¿Papi, tú me quieres?' Me valoras?, Te das cuenta de lo extraordinaria que soy?, Puedes apreciar las virtudes que yo misma ignoro?, Quiéreme por el
amor de Dios!!! , aunque yo me deteste...
....Interrogantes que dan pie a consideraciones demasiado profundas y dolorosas para ser comprendidas en toda su dimensión por la mente básica de un macho.
De modo que, si en verdad un día amaneciera y tuviera una vagina, y además tuviera la bendita cita (que ya no sería con el hombre de la vida de nadie,
sino con un carajo al que me provocó dársela.... Me miraría en el espejo y, pasara lo que pasara, me vería estupenda.
Comenzaría por valorarme yo y no perdería el tiempo tratando de complacer tanto a terceros.
Me pondría lo primero que encontrara en el closet y saldría a la calle sintiéndome divina y bien buena con él, hablaría de fútbol, de cine y un poco de moda. No
haríamos el amor, pero 'tiraríamos' rico.
Por supuesto no le preguntaría si me quiere porque, vamos a sincerarnos, yo a él tampoco lo quiero. Le pediría, eso sí, que no me llamara, que en todo
caso yo lo 'contactaría'. Al día siguiente habría olvidado su cara, su nombre y su mediocridad, continuaría mis días sin tener ni la más remota
necesidad de 'realizarme' como mujer, de casarme, de formar un hogar, del nefasto 'para toda la vida' y todas esas zoquetadas sociales.
En fin, si tuviera una vagina... ¡SERIA UNA MUJER QUE ME AMARÍA YO MISMA SIN ESPERAR NADA DE NINGÚN HOMBRE, QUE ME IMPORTARA UN PITO SI PIENSAN QUE SOY PUTA O NO...TOTAL VIVIRÍA MI VIDA COMO MEJOR ME PAREZCA .TOTAL LA VIDA
ES UN MOMENTICO Y CUANDO VOLTEES SE TE VA EN PENDEJERAS...PENSANDO EN CUÁNDO LLEGARÁ EL ' HOMBRE DE TU VIDA'......!

28.3.08

De lenguas (ñam) y lenguajes con sexo.

Cuando yo era imbécil, admiraba a Pérez Reverte. Y tampoco me gustaba esta nueva forma de hablar y de escribir, tan tediosa, y tan cara, que es el lenguaje inclusivo, no sexista, coeducativo, o como lo quieran llamar.
Después crecí como mujer y persona, y ahora me da pena. De Reverte, y de todos los señores (y señoras, cachis) cabreados (y cabreadas) de España, que son muchos (y muchas).
Se cabrean sólo porque a mí me gusta que me digan maestra, en vez de maestro, que ya son ganas de sufrir. Y mira que ni siquiera pido que estemos los siguientes dos mil años hablando en femenino genérico, que sería lo justo, más que nada para compensar la deuda histórica acumulada. O que ellos me limpiaran los zapatos, fueran señores de la limpieza y amos de casa mientras yo salgo a ganarme el sustento y a progresar adecuadamente en mi puesto de trabajo, a relacionarme con gente, a viajar y a ser autónoma... la lista es interminable.
No quiero yo eso, no. Sólo quiero que dejen de decirme quién soy, cómo soy y lo que tengo o no tengo que hacer. Porque así reviente, pienso seguir sin hacerles caso.
Le leo (a Reverte) en los enlaces que ha puesto Pedro, mi amigo, en un debate, porque dejé de leerle, y siento la misma ansiedad en el estómago que sentía cuando era pequeña y me reñían por decir lo que pensaba. Este hombre transmite cosa chunga, independientemente de que alguna vez hasta tenga razón, escribe (muy bien, por cierto) de una forma que asusta, que crea desazón e inquietud. No da paz, así que no me sirve.
Imbécil es una palabra que usa mucho, proyectará algo, digo yo. En cualquier caso, una persona que escribe así podría ser una persona que sufre mucho. Allá él.

Por lo demás, yo sé quién soy, no necesito que me lo digan éste, ni los otros, ni los de más allá. No necesito carnet, ni bandera, ni religión, ni RAE, para saber que me han estropeado (maljodido diría si estuviera cabreada) gran parte de mi vida por razones de GÉNERO y que, a pesar de eso, o quién sabe si en parte gracias a eso, soy una mujer de bandera, aunque aún no haya hecho ninguna película, ni besado (snif) a George Clooney.
Es decir, nací mujer (SEXO SIN COMPLEJOS), encantada de serlo, hasta que descubrí que ser mujer tenía serias desventajas (GÉNERO ACOMPLEJADO).
Y empecé a no querer serlo. Me consta que hay muchas más que, como yo, hemos tenido que emplear parte de nuestra energía y tiempo en reconciliarnos con lo que somos, en apreciarnos a pesar de que nos han machacado constantemente con lo inferiores que éramos, con nuestras deficiencias y con lo claro que estaba el sentido de nuestra vida: depender de un payo, ser madres y, sobre todo, no decir nada inconveniente..., a pesar de lo cual somos buenas profesionales, madres, etc.
Y encima nos quiere (Reverte) elegantes (que lo somos), que llevemos tacones como Ava Gardner (adicta al amor entre otras cosas, pobrecita) y estar buenas (que lo estamos, en gran número más que ellos, mujeres maduras incluidas), amén de dejar de cumplir años para que ellos sueñen con lo que quieren soñar.
Obviamente, llegar a lo más alto de una empresa, aunque fuera la Real Academia, subida en unos "manolos" de tacón de aguja más propios de otros menesteres que de un ser en paz consigo mismo, sería más meritorio claro. No es lo mismo caminar haciendo malabarismos que sobre un 44 ancho especial, así que cobraríamos plus de peligrosidad y tendríamos días para descanso del centro del equilibrio... ¿nos darían a nosotras los sillones de las mayúsculas o también tendríamos que limpiar el polvo a los libros?
He comprobado que usar el femenino no sólo no es difícil, sino que es bonito, que me gusta sentirme nombrada, que a las niñas de mi clase les encanta y que a los niños no les cuesta nada, que también les gusta a ellos, libres aún de tanta mierda machista, a pesar de la tele y todo lo demás. Que mis hijos son dos hombres a los que no se les caen los anillos por aceptar que se acabó el chollo y que yo me siento muy orgullosa de ellos cuando alguien les ofende por estas cosas y ellos no se alteran.

Yo ya no quiero que los revertes me acepten. Yo sólo quiero que nosotras, las únicas que podemos cambiar ésto, dejemos de hacerles el juego, que dejemos de depender de su aprobación y empecemos a ser nosotras mismas. Ellos no cambian porque no lo necesitan, porque seguimos "poniéndonos tacones" para que nos quieran, y así la pescadilla tiene la cola hecha un cristo de tanto mordisco.
Sé que hemos avanzado mucho, pero a mí no me llega. Internet incluido. He dado un curso colaborativo en mi colegio. Ellas cuentan, la mayoría, que no pueden practicar en casa, "cuando tengo un ratito, mi marido siempre tiene algo que hacer del trabajo y claro...". Las que trabajamos a diario en la Red sabemos cuánto tiene eso de mentira... pero parece que cambiar, aunque sea para bien, es más difícil de lo que creemos.
Lo último ha sido aguantar ofensas en mi puesto de trabajo como coordinadora de Coeducación, algunas muy serias, en un claustro. Me vi sola, nadie dijo nada a mi favor, ni siquiera por respeto a las mínimas normas de educación que tanto exigimos al alumnado, ese año di un estirón personal, aprendí mucho de mí, les estoy inmensamente agradecida. Me ayudaron a ver que estoy cargada de razón cuando pido lo que es mío y que puedo levantarme tantas veces como me tenga que caer.

Por lo demás, un abrazo enorme a tantos compañerOs y amigOs que sé que me quieren como soy y que, como yo, intentan cada día hacer las cosas un poquito mejor. Me encantan los Hombres, por si alguien duda... pero ninguno podrá saber nunca cómo se siente alguien que ha sido infravalorado sólo por ser Mujer. Aún así, se agradecen todos los esfuerzos por pequeños que sean.

22.3.08

Francisco Brines. Causa del amor.

Cuando me han preguntado la causa de mi amor
yo nunca he respondido: Ya conocéis su gran belleza.
(Y aún es posible que existan rostros más hermosos.)
Ni tampoco he descrito las cualidades ciertas de su espíritu
que siempre me mostraba en sus costumbres,
o en la disposición para el silencio o la sonrisa
según lo demandara mi secreto.
Eran cosas del alma, y nada dije de ella.
(Y aún debiera añadir que he conocido almas superiores.)

La verdad de mi amor ahora la sé:
vencía su presencia la imperfección del hombre,
pues es atroz pensar
que no se corresponden en nosotros los cuerpos con las almas,
y así ciegan los cuerpos la gracia del espíritu,
su claridad, la dolorida flor de la experiencia,
la bondad misma.
Importantes sucesos que nunca descubrimos,
o descubrimos tarde.
Mienten los cuerpos, otras veces, un airoso calor,
movida luz, honda frescura;
y el daño nos descubre su seca falsedad.

La verdad de mi amor sabedla ahora:
la materia y el soplo se unieron en su vida
como la luz que posa en el espejo
(era pequeña luz, espejo diminuto);
era azarosa creación perfecta.
Un ser en orden crecía junto a mí,
y mi desorden serenaba.
Amé su limitada perfección.

17.3.08

Nosotros también somos modelos.

(Visto en el foro Internet en el Aula)

24.2.08

Hambre de afectos.

Es increíble la cantidad de personas que están, estamos, necesitadas de amor.
Millones de personas sufren de hambre, injusticias, guerras, dolores varios que a todo el mundo mueven los cimientos (cada vez menos, el telediario es ya tan rutinario...)
Pero el hambre de amor ni se ve, ni se entiende. Ni hay un sitio donde ir a curarse.

Yo era tan buen hijo y quería tanto a mi padre, que siempre le esperé en los sitios en los que se emborrachaba, para llevarle sano y salvo a casa.

Con la cantidad de adicciones que tenemos en esta sociedad estupenda que nos ha tocado vivir, ¿cuántos niño y niñas viven desamparados y rodeados de comodidades que disimulan el dolor del abandono y de no tener una estabilidad emocional en casa?
Para los hijos de adictos, a lo que sea, todo puede darse la vuelta en un segundo y la seguridad se esfuma. Una madre neurótica cambia su estado de ánimo del blanco al negro en un plis y los hijos viven incertidumbre, rabia y vergüenza. Los hijos de adictos hacen el papel de adultos, con los adultos que se supone tendrían que cuidarles a ellos. Estos niños, cuando son adultos, no esperan que nadie les cuide ni se quede con ellos para siempre, así que sus relaciones suelen ser catastróficas.

Cada vez que un niño, una niña, reciben de su madre cuidado y protección, serán capaces de pedirle al mundo el amor que se merecen y no se conformarán con menos.

A ver si nos vamos enterando.

22.2.08

Amo las mañanas frías.

Cuando no tengo que trabajar. O cuando decido que me toca y que no hay nada en el mundo que me saque de mi ensimismamiento, desentendida del mundo exterior, íntimamente reunida conmigo, algo que, reconozco, antes me daba mucho miedo y ahora me gusta.
No me gusta el dolor que siento en esa soledad donde me permito todo lo que no se permite fuera. Pero sí me gusta todo lo que aprendo, todo lo que suelto, todo lo que decido.

Y leo cosas interesantes. Por ejemplo, una entrevista con el sexólogo dr. Gérard Leleu. Entrevistado acerca de su libro, Traité des orgasmes (ediciones Leduc.s), dice: Me conformo con dar la clave para conseguir gozar. El orgasmo es una posibilidad, no una obligación. Hay que saber dar mimos y caricias gratuitamente, hacer el amor sólo por la ternura, la poesía, lo sagrado. Además, el orgasmo llegará con la madurez y la experiencia.

En días así me niego a leer noticias de actualidad, todas negativas, pareciera que los periodistas fueran inmunes a las buenas nuevas. Yo leo acerca del amor, del sexo, del alma. Leo cosas que me ayuden, por fin, a ser mayor. Y cuando de nuevo tengo que volver a la realidad, renovada y fresca (yo y también la realidad), me vengo a dar cuenta de que, por muchas mañanas frías que pasen, yo nunca seré mayor.

Y esa es mi cruz.

12.2.08

Encontrarse con otro es como leer un libro. J. Bucay

Leo Buscaglia cuenta de un joven que, decidido a aprender a relacionarse mejor con los jóvenes de su curso universitario, se dirige a una librería y busca bibliografía que lo ayude. En un estante perdido en el fondo de la librería encuentra un libro cuyo título lo atrapa, se llama Desde abrazar hasta amar. El joven compra el grueso volumen y sólo al llegar a la casa se da cuenta de que ha comprado el tomo 2 de una enciclopedia.
Alguna vez escribí que leer un libro era como encontrase con una persona. Decía yo que había libros sorprendentes y libros aburridos, libros para leer una sola vez y libros a los que uno siempre quisiera volver, libros al fin, mas nutricios que otros. Hoy, veinte años después, digo lo mismo desde otro lugar.
Encontrarse con otro es como leer un libro.

Bueno, regular, malo, cada encuentro con otro me nutre, me ayuda, me enseña. No es la maldad, la inadecuación, ni la incompetencia del prójimo lo que hace que una relación fracase.
El fracaso, si es que queremos llamarlo así, es la expresión que usamos para decir que el vínculo ha dejado de ser nutritivo para alguno de los dos. (No somos para todos todo el tiempo ni todos son para nosotros todo el tiempo).
Cada uno de los encuentros en mi vida ha sido como cada libro que leí: una lección de vida que me condujo a ser este que soy.

2.2.08

Glosario de términos erróneos.


DIVORCIADA:
Acepción uno: Mujer Arpía peligrosa y amargada que puede quitarte el marido. Olvídalo, nadie puede quitarte lo que no es tuyo.
Acepción dos: Mujer echaíta a perder, triste, sola y sin vida. Sólo si ella se lo cree.

DIVORCIADO:
Acepción uno: Hombre salido que sólo quiere follarte. Olvídalo, los hay con paladar, y los que no lo tienen, no merecen la pena. También hay casados sin paladar, no todos los que están "ocupados" son los mejores.
Acepción dos: Hombre amargado, solitario, dejado de la mano de dios y necesitado de ayuda urgente de alguna damisela extraviada. Sólo si él se lo cree.

AMIGO DE ÉL:
Ahora a vivir, tíratelas a todas. (Como si fuera tan fácil)
Tío, necesitas una novia, no es bueno que el hombre esté solo (ni un minuto)
Disfruta tu libertad, si yo pudiera...

AMIGA DE ELLA:
Son todos iguales, todos buscan lo mismo, ni los mires, qué asco.
Conozco un cirujano plástico que...
Disfruta tu libertad, si yo pudiera...

EX-MARIDO:
Hombre al que hay que dejar tirado en la calle por:
a) Se fue con otra más joven que tú.
Y b) ¿Por qué no ha podido aguantar un poco más?
El resentimiento te matará. A ti, no a él.
Y viceversa.

EX-MUJER:
Primera acepción: Mujer que te saca el dinero para gastárselo en el Corte Inglés con la excusa de que los nenes comen mucho.
Segunda acepción, y peor: Mujer que te saca de tus casillas si ves que consigue vivir infinitamente mejor que cuando estaba contigo.


HIJA, HIJO, HIJOS, HIJAS:
Seres humanos presuntamente manipulables por medio de dinero o lágrimas.
El efecto suele ser el contrario: se convierten en manipuladores. Y cuando lo descubran, serán adultos y no te lo perdonarán. El modelo más habitual, nada de "normal", sería algo así:
A mamá le sacan los higadillos, no hacen su cama, ni ayudan en nada.
A papá le sacan la pasta.
Y a los maestros y maestras que se ocupan de ellos, en caso de dificultad, les dan la excusa perfecta, junto con la tele y la PS, para justificar el posible fracaso escolar.


MADRE DE DIVORCIADA:
¿Pero qué hice mal?
¿Tan mal estabas, hija?
¿Y si no hay otra cómo es que te has ido tú?
No vas a encontrar uno mejor (que te crees tú eso)
Yo ya me he acostumbrado y adónde voy a ir...

PADRE DE DIVORCIADA:
Le mato. Papá, le dejé yo. Es igual, le mato.

MADRE DE DIVORCIADO:
Te lo dije. El día que me la presentaste, hace ya mil dos años, te dije que me parecía que tenía ideas propias, una mujer así es muy difícil de llevar.

PADRE DE DIVORCIADO:
Hijo, da gracias a Dios, ojalá yo...

FRACASO:
Término que sirve para machacarse y machacar.
Imprescindible si vas de víctima por la vida y te creíste la milonga que te contó tu madre en connivencia con el párroco.
Imprescindible para chantajear al otro o a la otra, con la cantinela "nuestros hijos nos están viendo fracasar", sin acordarse del fracaso que eran las broncas o el silencio de la soledad compartida.
Imprescindible si quieres que tus hijos crean que la vida no tiene obstáculos y que, cuando se equivoquen, no podrán rectificar jamás.
Imprescindible, esto sí que es chungo, si quieres darle la razón a Rouco.

SEGUIR CASADO, CASADA, SIN GANAS, SIN AMOR:
El auténtico fracaso.

ABOGADO, ABOGADA:
¿Para qué? ¿No sois ya mayores? Con lo que se ahorra en abogados si se es listo, o lista, os podéis pagar un balneario, a modo de despedida o traca final.
Vale, por separado.

PSICÓLOGO, PSICÓLOGA, MEDIADOR FAMILIAR:
Para que luego digan que los divorciados somos perjudiciales para la sociedad. Contribuimos a crear nuevos puestos de trabajo, que tampoco deberíamos necesitar, si nos aprendemos bien este glosario :-)

CONVENIO:
Acuerdo que, en caso de querer y respetar a los hijos e hijas y, por supuesto, a uno mismo, a una misma, deberíamos ser capaces de hacer en la intimidad de lo que Rouco considera no-hogar.
¿Oye, qué te parece si yo me quedo el bureau de mi abuelo y tú el sofá de diseño que me tiene la espalda hecha una alcayata?

PENSIÓN:
Cabrea la de alimentos a los hijos, supongo que más la compensatoria.
La primera es justa. si uno decide ser padre o madre, ya sabe lo que le espera.
Y la segunda, suele ser justa también.
La persona que se haya dedicado a "su casa" toda la vida matrimonial, lo ha hecho sin cobrar un duro, sin vacaciones ni fiestas de guardar, y lo que es peor, sin Seguridad Social. Malo es que te pisen el suelo mojado, pero que encima no seas nadie... El no Ser, la Nada, lo Peor. Eso cuesta dinero, al estado también, en ibuprofenos, gelocatiles y tranquimazines varios. El divorcio, si no estuviera tan mal visto, acabaría con muchas crisis de ansiedad, especialmente en las mujeres, y con algunos infartos en los hombres.

En este apartado no cuentan la Preysler, la Frade ni Marichalar.

INCUMPLIMIENTO:
Lo mismo que de casados, pero con cosas diferentes.

CUSTODIA:
Término que empieza a perder su significado, que es cuidado (exquisito, a ser posible). Últimamente, unos y otras lo confunden con usufructo de la vivienda.

CERRAZÓN:
Empeñarse en clasificar a las personas como si fueran bichitos de laboratorio. Es práctico, pero no es real. Yo, que trabajo en una escuela y antes de eso fui niña, sé un rato de este apartado, pero lo contaré en otra ventolera (o entrada)

SOLEDAD:
Sentimiento negativo de desamparo, que viven presuntamente las personas sin pareja estable. Esto según opina el común de los mortales.
Pero también puede ser un placer, ese puntito que sólo una (o uno) sabe darse (y no, no hablo de sexo) y un camino de aprendizaje para estar mejor en compañía.
La peor de las soledades, la acompañada, que suele darse comúnmente en el seno de la familia unida, es decir, de la que sigue junta porque no ve la puerta donde pone:

SALIDA A UN MUNDO MEJOR PARA TI
(Y no serás peor por eso)


To be continued... O no.
:-)

13.1.08

Querido Antonio Mª:

¿Qué quiere usted que le diga? Yo respeto profundamente, aunque ni lo entiendo ni lo comparto, que usted pertenezca a un sindicato en el que las mujeres mandan menos que mi madre, católica ella, en su propia vida. Un sindicato que sobrevuela por encima del prójimo (ámalo como a ti mismo) con unos aires de superioridad (bienaventurados los humildes) que pa qué las prisas. Un sindicato que apenas tiene nada que ver ya con lo que Jesucristo contaba, sin libro, ni oropeles, ni palios. Los debates que hay en la prensa, la televisión, y en sus cónclaves y manifestaciones (quien les ha visto y quien les ve) son, para mí, absurdos. Son absurdos porque, si no fuera por el euro, a quién le va a importar con quién me acuesto, con quién me caso o si quiero pasar mi vida retirada en un banco del Parque de María Luisa (que no es mal sitio, por cierto) Nadie habla de la libertad de las personas, del respeto a seguir cada quien su propio camino, con lo que se ahorraría el estado un pastón en drogas legales que compensarían las pérdidas por ingresos de familias que compran unidas y permanecen unidas, perdón, quise decir tabaco, alcohol, lexatines, telenovelas y anuncios de colonia. La familia católica tradicional y patriarcal, que viene a ser todo lo mismo, según ustedes, está en peligro porque los socialistas han hecho unas leyes espantosas: matrimonio gay (¿qué daño les hace?), igualdad para las mujeres (esto tiene que joder, lo comprendo)... el divorcio exprés... ¿por qué les molesta si ustedes son parejas tan ideales que no se divorcian? Falta sacar la religión, todas, de la escuela. La religión es algo personal, a ver si nos vamos enterando. Lo mismo que yo no enseño el culo en la calle, no quiero ver a nadie diciendo por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa... Los argumentos para defender el presunto hecho de que en España se ataca a la familia , que la familia está en peligro, son... estúpidos, sencillamente. Lo que ustedes quieren es mantener la cruz en la declaración de la renta, que los cepillos se llenen los domingos y seguir creyendo que son mejores que los demás. Porque cuando las mujeres espabilen, los hombres espabilen y los hijos estén tan exquisitamente educados como los míos y los de mis amigos, se acabó la cruz, porque no se sentirán culpables por vivir como Jesucristo dijo: "Ama a tu prójimo como a ti mismo", sin mirar quién coño es el prójimo, si es de buena familia y si miente como un buen católico. Amarán, y punto. Ellos pondrán la cruz para hacer escuelas en África y comprar condones y repartirlos. ¿Quiénes coño son ustedes para decir que mi familia de tres y un ex que además es padre, no es una familia? ¿Tiene usted idea de lo que una madre divorciada como yo, que soy una tía estupenda, está aportando a la sociedad? Un potosí, he aportado un potosí a una sociedad que está cambiando (lentamente para mi gusto) y que está cambiando para bien en este aspecto. Dos seres humanos excepcionales, que nunca se plantearían la posibilidad de ir a molestar a casa de sus amigos católicos a decirles: ¡¡Carcamales!! Yo no soy tan buena persona como quisiera, no soy capaz de vender mi casa y darle la mitad a un pobre, por eso no doy lecciones de buen hacer a nadie, porque soy impotente ante el poder del consumismo y de la vida que me ha tocado vivir (que disfruto cuanto puedo, casi libre de culpa, por cierto), por eso acepto mis incoherencias y las llevo lo mejor que puedo. Pero sí le digo a usted que me deje en paz, que me excomulgue y me olvide, soy una Mujer divorciada, feminista, y comprendo tantas cosas que hasta les comprendo a ustedes, a los que siguen perpetuando el dolor en el seno familiar, la estrechez y el amor con condiciones. Comprendo su miedo a cambiar porque yo también lo tuve. Y comprendo la rabia que debe sentir cuando ven que nos vamos apartando del redil Y me permito el lujo de hablar de la familia estructurada católica y patriarcal porque entiendo muchísimo de ese tema. Tanto, que si no fuera por ella, el dinero del loquero en los años que decidí que ya no más, me hubiera servido para no tener hipoteca.
Así que vamos a llevarnos bien. Yo, living la vida loca, y ustedes a rezar por mi alma. Amén.

7.1.08

No pienso poner eso de...

"año nuevo, plantilla nueva", porque el cambio de colorines es sólo para que mi amigo Ba___ no se duela de los ojazos. A ver si así está mejor.
Tengo ganas de escribir, pero no sé muy bien de qué... a ver... ¿de cine?


Yo tampoco entiendo de cine, pero como con todas las demás cosas, sé algo: lo que me gusta, y lo que no. Y el cine me encanta. El cine que llaman de autor, probablemente, sea mi favorito.
En Navidad me dio tiempo a ver algunas cosas, y lo mejor de todo fue ir a un cine viejo con tres adolescentes: mis hijos y un amigo del mayor, que lo es desde los seis años y que además fue alumno mío, eso le da un punto de familia muy interesante. El caso es que disfrutaron enormemente, se dieron cuenta de que hasta el público tiene otra pinta, no protestaron porque la película fuera subtitulada y encima les regalaron las palomitas, no es un sitio donde vean habitualmente a menores de 35 años. Dicen que jamás volverán a pisar un masificado con películas americanas llenas de efectos especiales absurdos y sin mensaje. No será verdad, pero fue bonito escucharles.
Vamos, que me salió la tarde bordada.

Ese día vimos `Darjeeling Limited´, estupenda película y guapos actores. Me enamoré, cómo no, de Adrian Brody, pero más de la película, que me trajo olores del pasado y coincidencias del presente.
Otro día vi `Irina Palm´, fantástica abuela, luchadora y con la moralina justa, es decir la mínima, para conseguir lo que necesita: dinero para salvar la vida de su nieto. Como si tiene que vestirse de lagarterana... ¿qué será peor?
También fui a `American gangster´, de , a enamorarme de Denzel Washington también y otra vez. interesante película aunque a veces los americanos parezcan repetirse más que el ajo.
Y `Lust Caution´, de Ang Lee, en japonés, menos mal que había subtítulos. Muy guapas las japonesas, y muy guapos los japoneses, pero la verdad es que a mí esas tórridas escenas de sexo y pasión (amor no veía yo), no me ponen. Será la estética, tengo un punto occidental insoportable.

Y en la tele, doctor Zhivago.
Película madura y mayor casi como yo, y también como yo, totalmente actualizada, como un 2.0, y pico.

28.12.07

Tres años ya.

Y dicen que pasan volando, y que no te enteras, y que la vida se escapa... Algo habré hecho y aprovechado estos tres años, porque yo no o soy la misma de hace tres años, soy mejor, estoy mejor y sigo viva. Pasaron rápido, pero no en vano.

Ayer entré en su casa después de tres años de incredulidad. Todo sigue igual, ella no quiere mover nada: los litros de alcohol, los miles de vinilos, las butacas de Le Corbusier, la colección de coches. El paquete de Habanos sigue allí, daban ganas de encender uno y recordar el olor, pero no me atreví a tocarlos, mientras sigan lejos sus cosas, el dolor será menos, con un poco de suerte, ni será.

18.12.07

A los ojos dice el jodío...


¿Por qué me pides eso, David?
¿Cómo puede una enamorarse de los hombres corrientes y encantadores que se va encontrado por el camino, si tiene que hacer la vista gorda (con perdón) cuando ve estas cosas?
¿Por qué me haces replantearme todo lo que estoy luchando en mi vida para ser una tía legal, honesta y coherente? ¿Eh?

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No termino de acabar de escribir lo que siento al ver la foto del Beckam en gayumbos, cuando me llega la felicitación de George, fiel a sus costumbres, como todos los años:



Hay días que no hay nada que lo remedie: tengo alma de camionera.
¿Y ahora qué hago yo con mi dignidad?
¿Eh?

13.12.07

Apología del velatorio en casa del finado (o de la finada)

Uno se moría, y se moría en su casa. Y en su cama. Alguien de la familia lavaba y vestía a la persona con su mejor traje. Parece dormida, decían. Lloraban a moco tendido, gritaban si lo necesitaban, no eran austeros ni falta que hacía, la serenidad venía después de una buena dosis de lágrimas y mocos, no había pastillitas de la felicidad, sólo tisanas.

Venían enseguida los vecinos, o más bien vecinas, a ayudar: preparar la casa para los que vengan, a quitar a los chiquillos de en medio, menos al mayor, que ya es hora de que vaya sabiendo, y a atender a Pardo, que viene con el metro y el catálogo de los ataúdes... ¡Ay, Pardo, ese raso no, que parece papel de tartas, ella no quiso nunca ser pastelito! Y Pardo asiente, porque Pardo conoce a todo el pueblo. ¿Habéis llamado a don Enrique? Don Enrique era el cura, que venía enseguida, hacía lo que tuviera que hacer y se tomaba algo calentito, porque cuando yo era pequeña la gente se moría en invierno y de vieja. Como debe ser.

En poco tiempo la casa estaba llena de gente, las vecinas habían traído todas las sillas del entorno, ollas y ollas de caldito con hierbabuena, tilas, pañuelos y cotilleos del difunto o la difunta. A nadie se le ocurría hablar a gritos ni poner al teléfono a los familiares directos.
Eso sí, siempre venía Carmen, qué pesada era, se quedó viuda en la guerra, cuando apenas había dejado de ser una niña, sola en plena posguerra con dos niños chicos, y Carmen aprovecha cada velatorio para hacer su propia terapia, llorar a su marido joven, que era como llorar a su propia vida perdida antes de empezar... Y Carmen llora y suspira para que la oiga todo el mundo, aprovechando que hay permiso para dejarse ir.

La casa se llenaba de gente, a veces había que estar en la calle, sacar sillas a la calle, quitar la tele, no ir al colegio, no ponerse ropa de colores llamativos, o mejor vestirse de negro riguroso, dependiendo de la edad. Si puede ser, no te rías. Hasta que se abre la veda y, ya muy de noche, cansados, alguno empieza a contar algo y llegan las sonrisas, las risas y hasta las carcajadas. A él, a ella, le habría gustado.

Si el muerto está en casita, puedes echarte a descansar cuando flaqueas, encerrarte en el baño del corral y gritar por qué hasta quedarte afónica, llorar, llorar y llorar. En el velatorio como dios manda, el dolor tiene permiso para estar presente, no hay que taparlo con nada, aunque siempre habrá quien lo intente.

Tapar el dolor sólo sirve para convertir algo que es natural en un vodevil dramático y sin sentido, que no te dejará curarte nunca.

Y yo sigo sin enterarme, también.

Cementerio, cementerio...


...siempre triste y siempre serio....

Pues no, hoy no hablaremos de cementerios, hablaremos de tanatorios, que son más modernos. He pasado dos días en uno de los más feos que deben existir, el de Córdoba, acompañando una muerte de las más feas que pueden existir. Otra de las que "no tocaban".

A lo que iba. Limpios, llenos de humo (del tabaco de los familiares, mal pensados), una mina de orfidales, cómodos (dicen, yo no lo creo), el colmo de la modernidad. Su tenderete de coronas, lápidas y santos a cual más feo, inspirado el diseño en cualquier película de Almodóvar o Berlanga (¿o era al revés?) y esa cafetería que no es superada ni por la del peor hospital del mundo. Llena de humo, claro. El camarero, acorde con el sitio. La comida, otro tanto. La gente fuma en los tanatorios como si quisieran quedarse allí ya, "total, ya que he venido...", parecen decir...

Y en medio del silencio doloroso e insoportable, el silencio que nadie quiere oír, el que se quiere tapar con un suspiro, un ¡ay!, o un sollozo, irrumpe como un rayo la melodía del móvil del familiar encargado de la intendencia:

Tú eres aire, yo papel,
donde vayas yo me iré,

si me quedo a oscuras
luz de la locura ven y alúmbrame.

¡Hola!, Fíjate, mujer, sí, sí,... aún no lo creemos, claro que se pone, estás cumplida, por dios, ahora mismo se pone... Mamá, la tía Enriqueta, que la operaron de almorranas y que no puede venir, que apenas anda...

Mientras, suena otro móvil:

Todo te irá bien
todo irá bieeeennnn

Tal ves no tienen modo silencio. Demencial.

Las ¿habitaciones?. ¿Cómo coño se llaman esos nichos para familiares dolientes, familiares aliviados, amigos y conocidos gritones? Bueno, pues vamos a llamarlas habitaciones.
Las habitaciones, como decía, están puestas una detrás de otra. Es decir, si te toca la del final tienes que pasear tu dolor tropezando con el dolor de las demás habitaciones, y con sus miradas. Miradas viejas, jóvenes, tristes, serenas, desesperadas, aliviadas, entretenidas, protagonistas, inquisidoras, curiosas, cabreadas... Y ellos tropiezan con la tuya.

La decoración de las "habitaciones" también tiene castañas... con lo que se gana en un tanatorio, que además tienen el sueldo más asegurado que un funcionario, y no esmerarse un poquito en hacer de aquel antro un sitio aceptable... no es de recibo... esas mesas bajas de cristal de tienda de muebles baratos... esos sofás de ¿cuero? que más que sentarte, te acuestas y no hay quien te levante... esa pared de azulejos, la otra de madera y las otras dos de un gotelé que le salta las lágrimas a un cochino.

Yo no quería que, llegado el caso (aún conservo la esperanza de que, en el último momento, venga el bueno y me salve), me llevaran a un tanatorio. Ahora he cambiado de idea. Ya sí quiero ir, porque ya los hay con Internet. Lo quiero con su wifi, su pésame on line y una corona que se mueva como un gif animado. Mis amigos podrán enviarme sus condolencias desde su PDA, no tendrán que verme con esa mala cara que se me pondrá, ni soportar el llanto de nadie. Más limpio aún.

Claro que, visto lo visto, dentro de poco tampoco lloraremos a nuestros muertos, gracias también al inventor de los orfidales. ¿Quién dijo miedo? Te tomas dos y te puedes quedar huérfano y viudo de una sentada, apenas sentirás nada que no sea sopor. Lo malo es que para mantener ese estado de seminconsciencia, tendrás que seguir tomando orfidales el resto de tu vida, pero tampoco hay miedo, te los recetarán sin problema. Familiares y amigos te animarán a tomarlos, "no sufras, no llores, cálmate...", porque nadie quiere ver el dolor cerca. Tal vez haya por ahí una fantasía colectiva, una leyenda urbana y humana como pocas, que te hace creer que ignorando lo feo, dejará de existir.

Pero qué va...

9.12.07

¿Hay que hablar "délla"?


Ella no es persona, es cosa, circunstancia, tiempo de calendario, de calendario impuesto, de imposición que molesta, de tocamientos ováricos nada eróticos, de ¿cómo es que no vienes? ¿Y éso cómo va a ser?, de afúaversiseacaban...

Sin embargo, a pesar de los pesares, cada año son menos duras. Y son menos duras porque, al pasar de los años, de los días y de las terapias, al hacerse una mayor, te va importando todo, o casi todo, y cada vez más, un jamón de bellota. O dos.

Me escaqueo de alguna comida navideña de esas que se supone que es imposible faltar. He descubierto que faltas y no pasa nada.

Me escaqueo de ir de compras en horas punta a sitios punta en busca del juguete punta. Que no voy. No puede ser, me dicen, hay cosas que son así, tienes que ir. He descubierto que no vas, y no pasa nada.

Me escaqueo de hacer regalos sin ganas a gente a la que no quiero mucho, con lo que puedo emplear la paga extra en pagar los impuestos del ayuntamiento. Pero eso no puede ser, me dicen, los regalos hay que hacerlos, siempre lo hemos hecho así. Siempre y nunca son palabras a desterrar, he descubierto que no lo haces, y no pasa nada.

Comer hasta reventar, beber, fumar, gritar, hacer chistes absurdos, poner cara de agrado a quien no quieres ni ver, guisar horas y horas, poner mesas, lavar manteles de hilo, plancharlos, resentirse porque ellos fuman mientras ellas friegan... Yo ya no lo hago, y no pasa nada.

Cuando ni la familia, ni el municipio ni el sindicato pueden usar la culpa en tu contra, porque la culpa ya no es tu tema (ya sabéis: rebota, rebota, y en tu culo explota), puedes dejar de hacer un montón de cosas, y créeme que no pasa nada.

Tacón de aguja de madrugada, escote imposible dando diente con diente camino del cotillón espantoso donde nunca conseguías ser the first , sitio magnífico para empezar a comprender bien pronto que el discurso sobre el amor romántico es un camelo (otra cosa es que quieras verlo). Yo hace muchísimo que no lo hago, y no pasa nada.

¿Que no pasa nada? Perdón, sí que pasa. Lo que pasa es que vives mejor, yo me siento más liviana, relajada, libre y feliz. Pero aún me falta, aún... tal vez en otra vida.

5.12.07

El dolor o la nada.


Se enfadó mucho al saber la noticia. ¡Joder, pensó, ya me han fastidiado las vacaciones!

Empezó a encenderse. De hecho, empezó a desesperarse, ¿es que nunca iban a dejarla en paz?
¿Y si no iba? No claro, faltar no sería correcto. Sería una bomba en la familia y alrededores. Más que eso, la culpa se la comería, los gusanos del estómago no la dejarían en paz. No la dejaron igualmente. Hay cosas de las que no se puede huir, que no se pueden tapar con nada. Era más fácil hacer lo correcto que ser una misma. Pero también supo que, si no iba, nunca sabría si de verdad era él quien había muerto. Como no le tocaba...

El ataúd le pareció espantoso, a él no le hubiera gustado. El nicho demasiado alto. Y estrecho, además de cerrado. No sabía por qué le llevaron a un tanatorio, si su casa era espléndida, el velatorio allí hubiera estado mejor. ¿Le hubiera gustado que le incineraran? ¿Y que pusiéramos música? De pronto se dio cuenta de que ya apenas le conocía, todo el mundo hablaba de él, su mundo hablaba de él. Ella no formaba ya parte de ese mundo, ella había huido hacía mucho de allí, no tenía derecho a opinar. Ya no.

Tal vez su cabreo, su enfado monumental, no era por el ataúd, ni por el nicho, ni siquiera por las vacaciones. Mientras berreaba sólo sentía eso, enfado. De pronto algo hizo clack en su cabeza.
Se dio cuenta de repente de que su cabreo enorme era un analgésico contra el dolor, contra el dolor de su pérdida, contra el dolor de su ausencia, contra el dolor de tener que aceptar que, a lo peor, todo lo que le había quedado era... Nada.

Y encima no pudo echárselo en cara.

28.11.07

Para mis amigos varones, por ser como son.


Casi todas, casi muchas de las canciones de amor, paz y sentimientos dulces y tiernos están protagonizadas por mujeres. También las de despelleje amoroso, las de acabar con las tripas en un canasto, pero esas hoy no me interesan.
Queriendo como quiero a las mujeres de mi vida, a mis amigas, a mis hermanas, he venido a darme cuenta, ayer mismo, de que los hombres de mi vida, mis amigos, en su día mi hermano, siempre están ahí también.
No es verdad que se ausenten todos, no es verdad que no quieran ver.
No es verdad que yo sea más lista y mejor.
Sí es verdad que cada día aprendemos más juntos.

Para vosotros, queridos amigos, no diré nombres por si se me olvida alguno, pero, ¿alguien se da por aludido?
Y por supuesto está incluido Baa_______ (el séptimo de abajo), que me echa las cartas desde lejos, jjj, coplilla del tío bueno por excelencia, el Bosé.

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Tu vida es, un camino de paz y amor
tu vida es una hermosa canción de amor
abre tus brazos y canta la última esperanza,
esperanza divina de amar en paz
Si todos fuesen iguales a ti,
qué maravilla vivir.

Hay que animar a cantar
a una mujer a cantar,
a una ciudad a cantar,
a reír, a cantar , a gozar
la belleza de amar,
como el sol y la flor y la luz
amar sin mentir, ni sufrir
existirían verdades
verdades que nunca vi
si todos fuesen iguales, iguales a ti.

25.11.07

Vuelo herida y no sé adonde ir...



Vuelo herida y no sé adonde ir
con la rabia cansada de andar
me han pedido que olvide todo,
en fin...nada particular...

12.11.07

El hombre metroemocional, según Rosetta Forner.

El término lo ha acuñado ella, las características parece que también, el libro tiene ideas aceptables, muchas de ellas ya las había leído en otros libros y muy aprovechables, si eres capaz de subrayarlo para quedarte con las cuatro ideas, sin rendirte ante tanto derroche de egocentrismo, ante tantas ideas y palabras repetidas por un grupo de amigos de Rosemary (Rosetta, I think) que rayan la pedantería continuamente.

La historia de la pandilla, además de innecesaria para contar lo que cuenta, es aburridísima y estereotipada. Compré el libro este verano en un mercadillo de playa por 3 euros, si llego a pagar lo que costara en origen, me da algo. Si tuviera tiempo y ganas (que ni una cosa ni la otra), contaría las veces que repite términos como: coach, coaching, PNL, congruente, incongruente, reina, diadema, damisela, armadura, mira que guay soy y que tontas las demás,... y su propio nombre.

Yo le alabo el gusto y envidio tremendamente su autoestima, hasta he reflexionado si me molesta su verbo literario por pura envidia. Y no, la verdad creo que no. Porque cuando eso me pasa lo hundo todo. Y no, el libro tiene, ya digo, cosas aprovechables, pero tanta página para decir cuatro ideas que todo el que se mueve en el mundillo del crecimiento personal se sabe de carrerilla (intelectual, course), pues me ha parecido excesivo. Que no me ha gustado nada, vaya. Creo que prefiero escucharla en la tele, ya que en persona no me llega el presupuesto, y eso de que si quiero puedo, para que ella me haga coaching no me funciona por más que me empeño.

Hay una cosa que dice que sí que me cabrea, porque generaliza.Yo no tengo un pavo que me pasee y me solucione la vida, así que estoy libre de culpa. Pero sí que hay muchas miles, millones de mujeres que, cada una por un motivo que para ella será de peso, no pueden escapar de la esclavitud con tanta facilidad. Tal vez no tienen ordenador, no saben lo que es un blog, ni lo bien que se está sin un marido que te pisotee la autoestima continuamente. Respeto para ellas, no son tontas, es que no pueden, o no saben. Alguna a lo peor ni quiere.


En fin, no sé qué opinará mi amigo Ba____ de esto... ¿será él el ejemplo a seguir?


Definición del Hombre Metroemocional:

  1. Hombre con capacidad de amar.
  2. No distingue los valores humanos en términos de “masculino” y “femenino”. Todos somos iguales. No siente la necesidad de “ponerse por encima” de las mujeres.
  3. Prefiere la soledad antes de vivir una relación falsa.
  4. Aprecia que una mujer sea libre, independiente, y que exprese su opinión, respetándola siempre.
  5. Sabe hablar sobre sus emociones.
  6. Es responsable de sus actos, asume sus errores.
  7. No se implica en una relación sin haber pensado antes en las ventajas y los inconvenientes.
  8. No es ligón.
  9. Es abierto, amable, sensible, cariñoso, con carácter, decidido, humano, colaborador, amigo, atento, sincero, tolerante.
  10. Le gustan los niños. Juega con sus hijos.
  11. Habla bien de sus padres.
  12. No critica a su ex-mujer.
  13. Le gusta viajar solo.
  14. No teme a las mujeres.
  15. Comparte la co-responsabilidad en la relación de la pareja.
  16. No está interesado en usar el romance para conseguir sexo.
  17. Quiere que una mujer le ame por quien es, no por lo que tiene.
  18. Le encantan las mujeres más inteligentes que él.
  19. Le gustan las mujeres independientes, que sepan arreglárselas sin él. De esta manera, si está con él será porque le quiere de verdad, no porque le necesita.
  20. No le gustan las mujeres superficiales que basan todo su valor en lo físico.
  21. Es sincero. No dice nada que no pueda mantener al día siguiente.
  22. No va de rescatador de damiselas por la vida.
  23. Es el líder de su vida. No hace nada que no quiera hacer.
  24. Sabe que las buenas relaciones se escriben despacito y con buena letra, con confianza, sinceridad, amistad y amor.

1.11.07

Y seguimos sin enterarnos.

24.10.07

Pulgas.


"Pulga, no seas pulga, que así no me gustas".
Y la pulga empezó a tener crisis de ansiedad.
Un día, la pulga aceptó su condición de pulga y se dio cuenta de que era quien era gracias al camino recorrido desde que nació y gracias también a todas las personas que la acompañaron en su crecimiento (que no fue mucho, teniendo en cuenta que era una pulga).
Después de esta aceptación de su ser, la pulga decidió ser ella misma en todo lugar y circunstancia (es decir, pulga) y empezó a retirarse de todos lo que la querían mariposa, aunque sin dejar de hacer ejercicio, por si las alas...
Se sintió bien, la ansiedad dejó sitio al agradecimiento y elaboró una lista de colaboradores que habían sido alguien importante en la vida de cualquier pulga y en la suya propia.

Gracias a quien te agredió, y más gracias a quien lo consintió.
Gracias a quien te sobreprotegió en su propio beneficio, y más gracias aún a quien te ignoró. Gracias a quien te mintió mientras te gritaba que no se dicen mentiras.
O a quien te dijo "no te drogues" mientras te echaba el humo de su cigarro en la cara.
Gracias a quien no te dio lo que te correspondía por derecho.
Gracias, sobre todo, a los que miraron hacia otro lado.

Porque gracias a todas estas experiencias cargadas de aprendizajes, las pulgas siguen dando saltos, vivas a pesar de todo, soberbias ellas que no se rinden.
Y cansadas, porque saltar todo el día es agotador.

Hora de no despegar más los pies del suelo.

(A los que las quisieron y las respetaron no hay nada que agradecerles. Por su culpa no se hicieron aún más fuertes. Tantos mimos no son buenos)

Leído por ahí.

El fracaso no existe. Solamente existen el miedo, la desidia y el conformismo.

6.10.07

Ser mujer debería cobrarse aparte.


Me cuenta un amigo que fue a una discoteca de puretas (o similar) y que le sorprendió el hecho de que estaba llena de mujeres maduras vestidas de veinteañeras, con aspecto de pedir guerra. A mí no se me puede dar una información así, con tonito de "hay que ver como están las divorciadas", y esperar que me quede relatando: "Pues sí, pues sí..."
Yo, que soy una mujer madura y que intento no vestirme de veinteañera, me siento dolida cuando sé de esas cosas, porque me parece que todo lo que les pasa al resto de las mujeres del mundo, de alguna forma me pasa a mí también. Y claro, a una no le gusta verse fea, verse mal juzgada, verse como ciudadana de segunda, de tercera o por debajo del nivel social de los osos polares, que son especie protegida (lo que no impide que se carguen alguno)
Me pasa algo cuando a las gitanas no las dejan estudiar, me pasa algo cuando cada afgana sale a la calle debajo del burka, me pasa algo cuando una familia entera desprecia el trabajo doméstico de la madre, me pasa algo cuando a alguna mujer la matan por no obedecer las normas que ella no votó, me pasa algo en fin... a lo que no sé ponerle nombre. El caso es que me pasa, y no siempre sé qué hacer con lo que me pasa.

Puestos a hablar, hablaba con el mismo amigo sobre el lenguaje no excluyente, el lenguaje no sexista, el lenguaje que, al parecer, tan caro les sale a algunos utilizarlo. Y me hablaba él de economía, la del lenguaje.
¿Por qué negar, sin nombrarlas, a todas las mujeres que desde el anonimato y, a veces, el dolor y la oscuridad de sus "hogares" han mantenido a flote la economía mundial, además de forma gratuita, con la excusa precisamente, de estar economizando, pero esta vez con el lenguaje?
Puestos a economizar, el masculino podría fácilmente desparecer de la escuela, por ejemplo, donde los profesores y los padres son francamente minoritarios, cuando no inexistentes. Claro que de la educación siempre se han encargado las mujeres, ¿verdad?
No podríamos hacer lo mismo con el FMI, o con el gesiete, o el geocho... allí todo es gris marengo o, en un alarde de originalidad, raya diplomática.
Y yo sólo supe contestar que jamás un hombre entenderá lo que se siente cuando, ya de mayor, descubres que te han estado ninguneando cada vez que tus padres hablaban de ti y de tu hermano, en todos los documentos oficiales después de casarte, en todos los dicursos, en todos los textos que tuvieran que ver con el común de los mortales, en las cartas del banco que pagabas tanto como él, en la guía telefónica, en las cartas del tutor o la tutora de tu hijo o de tu hija, aunque seas tú la única que las lee, y de pronto, empiezas a acostumbrarte a escuchar cómo te nombran: ella, madre, mujer, maestra... además de él, padre, hombre, maestro... esto suponiendo que alguien lo haga, que no es lo que, de momento, abunda. A mí me gusta.
Siento mucho que a algunas personas les moleste tanto el derroche de palabras que es nombrar a las mujeres, o usar palabras que incluyan a todos y todas, pero que se vayan acostumbrando porque, a la gente joven, al alumnado de las escuelas, en el caso de que lo oigan, no sólo no les molesta, sino que les gusta.
Y den gracias a que las mujeres no hemos pedido indemnización, daños y perjucios, si no ahora tendríamos que estar hablando en femenino mil años para compensar y omitiríamos el masculino además, pero únicamente porque somos grandes ahorradoras, no porque queramos ningunearlos.

A veces lo que siento, ese algo que me pasa con todo esto, es solidaridad con la que sufre, incluida yo misma. Y otras, como en el caso de las guerrilleras discotequeras, es puro cabreo con ellas, por no defender su derecho a ser mayores y a estar solas sin tener la sensación de que estás incompleta, por ejemplo. Luego se me pasa, porque pienso en que algunas veces se acabn las fuerzas y no puede una ser además de persona, trabajadora y mujer, valiente.
Sea como sea, en el país que sea, ser mujer es un sobreesfuerzo lo mires por donde lo mires: hasta en una sociedad tan perfecta (¿?) y organizada como la nuestra, en las mejores condiciones posibles, ellas tienen que ir por el mundo impecables, tersas, las más de las veces subidas en tacones incomodísimos, sólo aptos para actos ¿impuros ? en la intimidad del tálamo, la mayoría con doble y hasta triple jornada de trabajo, demostrando lo que valen al haber conquistado al payo del audi, que las hará libres, con su belleza inmortal y, cómo no, estando a disposición de todo el mundo...

Así que pido un sobresueldo, sea el que sea el que la mujer tenga. Pero si un sueldo no es posible, que nos den al menos el plus de peligrosidad que tienen los bomberos.
Y ya puestos, un bombero para cada una.

20.9.07

No exagero si te cuento que...


... su padre le dijo que las mujeres no necesitaban estudiar, y ella guardó su inquietud artística en un cajón. Dejó de escribir y dejó de dibujar. A partir de entonces empezó a preguntarse, en voz muy baja, para qué la habían enseñado a leer, para qué a escribir o para qué a dibujar, si no pensaban dejarla ejercer de nada que no fuera fregona ilustrada o madre abnegada.
Sintió una rabia inmensa cuando vio a su hermano camino de la Universidad, pero tampoco dijo nada. Aceptó sin rechistar la idea absurda de los hombres de su casa, de que ella no necesitaba aprender más y, mucho menos, trabajar. Para mantenerla ya estaban ellos y, cuando fuera algo mayor, estaría su futuro marido, al que aún no conocía, pero del que nadie dudaba que llegaría a conocer, era muy guapa y eso garantizaba la mitad del trabajo.
Tampoco podía salir a la calle cuando quisiera, a pesar de que vivía en un pueblo más que pequeño. No podía decir lo que pensaba, ni vestir como quería.
Finalmente, apareció el marido, guapo como ella, que la salvaría de toda aquella miseria vital e intelectual.

Se casó con él tan enamorada que creyó que reventaría al menor descuido. Y se fue con él a vivir de otra forma, a vivir por fin. O eso es lo que creyó.
Una vez instalada en su nueva ciudad, con su nueva familia (la de él, por supuesto), descubrió que el cambio que esperaba no se produciría jamás, pero no le importó, estaba tan enamorada que no echó de menos ni un instante un lienzo, un libro o una buena conversación.
Intentó adaptarse a la nueva familia aunque no eran de su gusto y enseguida quedó embarazada. A partir de ahí el tiempo empezó a correr en su contra y por su cuenta, sin contar con ella. Y después del primero vino el segundo y, para cuando llegó el tercero, ya estaba lo suficientemente enfadada consigo misma (aunque pensaba que era con el mundo) como para criar a sus hijos de la peor manera posible, había conseguido que en su casa sólo había rabia y miedo. Algo incomprensible para todo el mundo, ella tenía mucho más de lo que la mayoría de las mujeres no llegarán a tener nunca. Ni siquiera ella se entendía a sí misma, tan segura estaba de que lo que tenía lo había elegido ella con total libertad, a esas alturas ya no se acordaba de los pinceles ni la pluma.
La rabia fue en aumento pero eso no le impidió tener un hijo más, y se incrementó su rabia. Ya no le quedaba afecto para nadie, sólo una ira añeja y hedionda, pero a "él" le seguía "adorando", seguía aferrada a la idea de que algún día, ese hombre cumpliría su promesa de salvarla, que aquello sólo era un paréntesis, que si tenía un poco más de paciencia, sólo una poquita más... Apenas podía creer lo que había pasado, en lo que se había convertido su vida.
Un día él se fue con otra, o tal vez murió de infarto o, sencillamente, dejó de hablar mientras sostenía el mando de la TV como quien se aferra a una tabla de salvación.
Y ella, que llevaba casi treinta años manteniendo el tipo, asitiendo a la mesa petitoria de la patrona y preguntándose a qué sabría un orgasmo, ella que jamás había dado que hablar... lo hizo. Y además no se sintió culpable, en realidad no sintió absolutamente nada.

(La foto la pillé de aquí)

18.9.07

¿Fumas o tienes novio?




Hay pocos placeres comparables a la sensación de encender un cigarrillo, pero una vez encendido, se calienta el cilindro, la porquería se acumula en la boquilla y ya no me gusta el sabor.
Pensando en esto me di cuenta un día de cuál es mi problema y de por qué no tengo pareja estable. Y es que a mí lo que me gusta de los hombres es exactamente lo mismo que me gusta del Ducados.
Encenderlos.

Eso dice mi amiga...

16.9.07

¡Qué bien te conservas!

"Qué bien te conservas" es una frase que llevo escuchando durante un tiempo y que significa dos cosas: que estoy espléndida y que soy mayor, muy mayor. Pero voy a poner una cruz encima del próximo que me lo diga. Yo no me conservo, las mujeres no se conservan. Se conservan los arenques (en conserva), el atún (en conserva), los tomates (en conserva), la Preysler y Walt Disney. Pero yo no, yo soy una mujer que está viva, yendo y viniendo y no congelada la sonrisa para no arrugarme.

Y esto sirve para el resto de las mujeres del mundo que están vivas y pasan de los 40 años. Esta edad es aproximada porque como institucionalicen programas tan aberrantes como supermodeloañodos, donde te enseñan a caminar con huevos atados a los talones, y una nena de 25 es mayor, pronto las mujeres serán ancianas a los 30, a pesar de que ya casi ninguna parecemos "viejas".
Por supuesto, la idea de que una mujer sólo es válida a cierta edad y con un tamaño y densidad de tetas según las leyes de la publicidad, es la visión del marketing y de los hombres (y algunas mujeres) cortitos con sifón. Que hay más que los que yo quisiera.

A las mujeres se nos exige, y me temo que también nos autoexigimos, unos niveles de "conservación" física que (como casi en todo lo demás) son injustos y desiguales con respecto a los que se les puedan "exigir" a los hombres en el mismo terreno. "A las mujeres se os cae el pecho y el culito cuando llegáis a cierta edad", me dijo un cenutrio fofo, fondón y sabe dios con qué hardware fuera de servicio, y me lo dijo con una soltura que helaba la sangre. ¿Es que no se ve en el espejo?

Quizá nosotras tengamos mucha culpa de ésto. Cuántas veces hemos mentido diciendo que lo que antes miramos en un hombre son las manos, o los ojos, como si los pectorales, el culo o el paquete nos dieran igual. Y no nos da igual, a mí al menos ni de coña, pero no lo decimos porque somos buenas, discretas y maternales hasta el vómito. Y es que no se habla tanto, o me lo parece a mí, de las "presuntas deficiencias" de ellos. ¿Acaso alguien se cree de verdad eso de que el tamaño no importa? Aunque tu mujer te diga que no importa, aunque tu novia, tu amante, tu tía la del pueblo, te digan que el tamaño no importa, te están mintiendo. Importa el tamaño de tu virilidad, el tamaño de tu espalda, importa el tamaño de tu coche, el de tu chalet de la playa y hasta el de tu cuenta corriente. Es la otra cara de la moneda.

Y yo es que me canso. Me canso de dar explicaciones, de dármelas, de asustarme cuando pienso que ya mismo se me va a caer todo y que no sé si podré agacharme a recogerlo. Me canso de no poder ser quien soy abiertamente, aunque lo intento desesperadamente. Me canso de tener que pedir perdón por ser una mujer mayor de 40 años que no sólo está viva, sino que tiene mucho que ofrecer, y no me refiero a ofrecérselo a un hombre. Me canso de que las mujeres como yo sigamos entrando en ese juego diabólico de las cremas antiarrugas y las corporaciones dermoestéticas. Me canso de que nos pasemos la vida maqueándonos para que ellos nos quieran y queriendo no envejecer para que no nos pase que él se fue con otra más joven que yo, que cantaba la Martirio tan bien... Es todo esto muy cansino, y yo no quiero jugar.

Exagerada, dirán algunas personas. Yo creo que no, que no exgero, que somos esclavos todos y todas de la estupidez y sobre todo, del miedo. Porque esto no es más que miedo. Miedo a la soledad, miedo a no ser digna, supongo. Pasando los cuarenta aterra la flacidez. A mí, la única flacidez que me da verdadero miedo es la mental. La mía y la de quienes me rodean.

Y la muerte...

Ellos y el orgasmo femenino...

La idea que tienen muchos hombres (no sé si todos) de lo que es el orgasmo femenino (el de cada una, que no hay dos iguales) me provoca una ternura infinita, pueden llegar a ser tan ingenuos...

8.9.07

El saber proscrito II

Mary no se pregunta: ¿por qué quería hacerme monja? ¿Por qué caí en una adicción y perdí el control de mí misma? ¿Por qué mis hijos han de acabar mal? No le está permitido hacerse esas preguntas.está obligada a estancarse en la confusión, en la niebla, en la total idealización de su padre. Esto la lleva al extremo de no querer saber nada de la tuberculosis de su hijo, cuya tos atribuye a un ligero resfriado, y prohibir toda alusión al vicio del padre. La versión de Mary es: "Mi padre era un hombre maravilloso, inteligente y fuerte, que me quería más que a nada y siempre me protegía". ¿Es posible que la amada hija de un hombre inteligente y fuerte se convierta en una alcohólica que no pueda sino destruir la vida de su familia?. jamás ha existido, ni puede existir, una muchacha así. Mary tampoco lo es. En realidad no es más que una de las incontables muchachas que dan por verdadera, a toda costa y en todo momento, la leyenda del excelente carácter de su padre. Durante toda su vida afirmará que lo negro es bllanco y lo blanco es negro, y no sabrá que con ello se arrastra a sí misma a la locura, sino también a sus propios hijos. Pues un niño al que se somete diariamente a semejante confusión, no está en condiciones de eludirla. Necesita a su madre, quiere creerla, tiene que creerla. Por eso, si ninguna otra persona le ayuda a ver y soportar la verdad, habrá de negar su propia manera de ver las cosas y buscar ayuda en el alcohol u otras adicciones. A. Miller.

A los niños y las niñas que intentan rebelarse contra el despotismo de sus padres, nadie les ayuda. Nadie confirma su manera de ver las cosas. Nadie admite que el maltrato sea ilegal incluso cuando viene de tus padres y se produce en los modos clásicos y tan habituales. Tan clásicos y habituales que la gente los califica como normales y no escuchan a los niños y niñas cuando reclaman su derecho a ser respetados, mucho más si ese respeto tiene que venir de las personas que se supone han de cuidarles y quererles más que a nada en el mundo.
Y es que pocas cosas hay peores que padecer el abuso de poder de una madre impotente.

El saber proscrito.

2.9.07

Thalasso y hombres


¿Dónde están los hombres?, se pregunta una amiga y nos lanza la pregunta a las demás.
Es que de eso ya no hay, dice la otra.

¿Cómo que no hay hombres? A patadas. Hay hombres a patadas, lo que pasa es que mis amigas tienen dos problemas, que es el problema universal de las mujeres de nuestra edad.

El primer problema es encontrarles. Y es que vamos a unos sitios... que si a un balneario en Trillo, que a un retiro en Gredos, a un curso de crecimiento personal que incluye Gestalt, a una reunión de amigas solteras...y para colmo, a un hotel de lujo, "thalasso wellness" se anuncian ellos. Y claro, en esos sitios sólo hay tres tipos de personas: parejas de casi todas las edades, mujeres solas cuidándose porque ya era hora, y algún hombre solo despistado. Este último no se da en todas las circunstancias, pero puede ocurrir que aparezca algún ejemplar que, por lo general, no suele gustarnos.

La solución a este problema es fácil. Hay que cambiar de ruta, ir a sitios diferentes. Abundan los sitios llenos de hombres. Descartando los sitios incómodos tipo discoteca con música "house" o, lo que es peor, música de triunfitos, podemos elegir entre un sinfín de opciones.
Eso sí, las hay infalibles:

1. Un partido de fútbol. El que sea. Invariablemente está lleno de hombres. Y muchísimos solos o, como mucho, acompañados de otros hombres. De todas las edades y condiciones. Ricos, pobres, con estudios, el fútbol no perdona. Eso sí, no conviene comprar el abono, es mejor entradas sueltas durante la temporada para poder cambiar de asiento, conocer las posibilidades y poder elegir.

2. El hipermercado a la hora de comer. Las tres de la tarde es buena hora. Observar lo que lleva te dirá si vive solo: foie de oca, barritas de chapata tostadas, un Ribera del Duero, salmón ahumado, tabla de quesos franceses y 5J envasado al vacío.

3. Y, por supuesto, Internet. Foros, páginas de contactos, el directorio de msn, listas de correo... Los hay de todas las edades, con estudios, sin ellos, ricos, pobres, empresarios y albañiles, serenos, bordes, tarados, neuróticos y saludables, y, desde que se inventó la tarifa plana, los hay hasta con faltas de ortografía, por si a alguna les gustan exóticos.

El segundo problema es, una vez encontrados, ser capaz de elegir alguno. O ser capaz de no juzgar a alguno. O ser capaz de no lamentar que no sean lo que soñamos... Porque seguimos soñando con aquello que nos vendieron sin darnos cuenta del daño que nos hacemos a nosotras mismas. Pero esa es otra historia.

Yo, por si acaso, voy a apagar mi ordenador.

22.8.07

Seré mecánico por ti.


Diez y veinte de la mañana, salgo camino del gimnasio y me para el cartero: ¿Has visto cómo está esa rueda?, me pregunta.
Pues no, no son las ruedas algo en lo que yo me fije.
El caso es que me quedé sin gimnasio porque no, no me puse a cambiar la rueda como una mujer autosuficiente, porque yo eso no sé ni lo que es.
Obviamente, llamé al seguro, que para eso me cobran una pasta por el modelo a todo riesgo.
La llamo en diez minutos, me dijo la tipa, tic-tac, tic-tac, vuelvo a llamar a los 45 minutos y no, la muchachita no había hecho nada, la orden para la grúa no había salido. Disculpas y cantinelas varias, finalmente viene el señor mecánico 1 con su pedazo de grúa.

¿Tiene rueda de recambio?, pregunta con naturalidad. Pues... ¿yo o el coche?... Sonrisas... La verdad es que no lo sé. Miremos pues. Yo misma había comprado una rueda de repuesto de las buenas, la mar de anchita, pero como todo eso lo miré en Internet cuando compré el coche, pues ya no me acordaba, no esperaba que algún insensato o insensata tirara en mi calle el tornillo que iba a ir a clavarse en la puñetera rueda.
Pues no sólo tenía rueda, sino gato, llave, destornillador... todo un kit, vaya.
¿Puedo mirar? Así aprenderé y con todo eso que llevo en el maletero podré cambiar la próxima, le digo.
¡¡¡¡¡Ohhhhhhh!!!!, no, no, estas herramientas tan limpias, tan empaquetadas, no las saques nunca de aquí. No te servirán, no tienes fuerza para usarlas y además luego no sabrás volver a ponerlas como están.

Una sonrisa enorme se dibujó en mi cara, ¡qué alivio!, pensé, por un momento había fantaseado con que también esto tendría que aprenderlo.

Lógicamente, tuve que llevar la rueda rota a arreglar o, en su caso, poner una nueva, y allí conocí al señor mecánico 2. ¿Usted me la pondría?, pregunté discretamente. Claro, como tengas que ponerla tú...

A mí nunca se me ocurriría decirle a un señor que no le veo capaz de dejar los azulejos de cualquier cocina como los chorros del oro. Pero hoy, por dos veces, he confirmado lo que yo tanto agradezco a la naturaleza (no me gusta mancharme las manos): No puedo cambiar ruedas, es mi naturaleza, me lo han dicho dos hombres en el mismo día, y cuando los hombres hablan...
Yo, chitón.


21.8.07

El saber proscrito


Es el título de un libro de Alice Miller que me dejó una buena amiga. Lo estoy leyendo. Estoy impresionada por ver reflejado en un libro escrito en el año que me casé, cuando yo no leía "estas cosas", el pensamiento, el sentimiento, el dolor y la posible solución de aquello que casi nadie quiere recordar ni aceptar.
Ella destroza las teorías de aquellos que siguen imperturbables defendiendo la "bofetada a tiempo", los que se refugian en "los niños (y las niñas, añado) son supervivientes natos, pueden con todo".
De esa supervivencia doy fe. Es verdad que se puede llegar a mayor sin morirse por asombroso que parezca, cuando se ha vivido en un campo de concentración disfrazado de familia tradicional sana, ¿pero alguien se ha parado a pensar en el coste de esa supervivencia? ¿Alguien sabe el precio a pagar? ¿Alguno lo sabe pero jamás lo dirá por miedo, vergüenza o culpa?
Una vez me dijeron: "¿Y tú qué sabes lo que pasa en esa casa cuando la puerta se cierra y la familia se queda a solas?"
La ocultación de la crueldad de los progenitores, tanto por acción como por desidia, es una cadena que se remonta probablemente al primer mono con su mona. Nadie se atreve a hablar, nadie quiere decirlo, casi nadie se acuerda, no está bien hablar mal de los padres, recuerda el 4º mandamiento (parecía no haber más que ese y el 5º, claro) y así se repiten las maldades considerándolas muchas veces como algo "normal" entre padres e hijos. Y la cadena es cada vez más y más larga.

Nadie se plantea ni siquiera en nuestra avanzadísima sociedad la idea de que un padre o una madre puedan ser amonestados, castigados, multados... por maltratar a sus hijos. Yo he visto palizas y humillaciones bestiales a niños muy pequeños en plena calle. Y nadie dice nada. "No podemos meternos ahí, es su padre", dicen. Yo sé que esos niños están deseando que llegue alguien y les saque de su dolor, pero ni siquiera aceptan esa idea porque hay que querer a los padres, porque "madre no hay más que una"..., porque la culpa manda.

Salvo en mi casa. Nosotros no somos una "familia tradicional sana". Gracias a dios. Mis hijos han visto y sufrido cómo sus padres se separaban y ellos tenían que ser "diferentes" a sus amigos (no todos, por cierto). Yo tampoco soy lo que se esperaba de mí, pero algo tengo claro y me hace sentir francamente bien:

En mi casa, en mi vida, la cadena se rompió.

31.7.07

Yo entré en mi primera escuela a los dos años...


... y llevaba mi propia silla porque allí no había niños y niñas de mi edad. Recuerdo vagamente el miedo que sentí porque todo parecía enorme desde mi punto de vista, que era casi el suelo. Y también recuerdo lo bien que me sentí en muchas ocasiones, cuando recibía el afecto y los elogios de mi maestra (que también me echaba muchas broncas) Yo la miraba fijamente, me gustaba cómo se desenvolvía atendiendo a tanta gente a la vez, como ponía orden sin moverse del asiento. Me transmitía tranquilidad y mirándola un día de no tengo ni idea cuándo, decidí que yo también sería como ella. Gracias a Dios, ahora sé que hay cosas que puedo mejorar de lo que ella era y de lo que yo, con el tiempo, he llegado a ser.
Ahora me gusta más la escuela de Goytisolo, que también va siendo la mía.

LA MEJOR ESCUELA

Desconfía de aquellos que te enseñan
listas de nombres
fórmulas
y fechas
y que siempre repiten modelos de cultura
que son la triste herencia que aborreces.

No aprendas sólo cosas
piensa en ellas
y construye a tu antojo situaciones e imágenes
que rompan la barrera que aseguran existe
entre la realidad y la utopía:

vive en un mundo cóncavo y vacío
juzga cómo sería una selva quemada
detén el oleaje en las rompientes
tiñe de rojo el mar
sigue a unas paralelas hasta que te devuelvan
al punto de partida
coloca el horizonte en vertical
haz aullar a un desierto
familiarízate con la locura.
Después sal a la calle y observa:
es la mejor escuela de tu vida.

José Agustín Goytisolo
(De Antología personal. Colección Visor de Poesía. Madrid, 1977)

30.7.07

Sobre la sinceridad.


"Yo es que soy muy sincera", me dice mi amiga después de haberme estropeado la noche sin necesidad. Y es que yo no había preguntado nada, ni solicitado opinión alguna... quizá le molestaba mi bienestar.
Ponerme a salvo de las personas sinceras que siempre tienen algo que decir es uno de mis objetivos vitales más urgentes. Por ejemplo, vas por la calle y te encuentras a Fulanita (sirve igual un Fulanito, más aún si es un ex-novio) que tras un beso aéreo e incapaz de tocarte de verdad, dice lo que piensa sin pedir permiso y suelta con naturalidad aquello de me gustabas más antes, cuando tenías treinta años menos.
Agradecida por tu opinión, le digo, ¿algo más, so penca?

Obviamente, el ejemplo de antes es puritita invención porque yo precisamente, estoy infinitamente mejor que hace no veinte, sino mil años. Pero hablando en general, hay que estar alerta porque a la mínima que te descuidas, hay alguien opinando sobre tu ropa, tus kilos, tus arrugas, tu culo, tus asas del amor, tus capacidades intelectuales, tu pareja, tu no-pareja, y lo que ya es el colmo de los colmos, tus hijos. Y ahí sí que no. De mis hijos puede hablar todo el mundo, pero bien, que para hablar mal ya está su madre. Lo que pasa es que no encuentro motivo.

Comparto las tácticas que hasta ahora me han funcionado bien:

- Rebota, rebota, y en tu culo explota.
- Agradecida por su opinión.
- ¿Y?
- Oye, ¿tú eres feliz?

Esta última suele provocar una risilla estúpida de quien no sabe a qué atenerse.
Así que ya sabéis, hay que romper la cadena y para eso nada mejor que cortar el propio eslabón, ¿por qué ser sinceros sin necesidad si luego mentimos más que hablamos?
Dejemos la sinceridad para las cosas serias de la vida y cuando tu mujer te pregunte cómo le queda el tanga, responde con voz aguardientosa de la excitación: sublime, tía buena, sublime...
¿O es que a ti te quedaría mejor?

25.7.07

Cuanto más viajo más me gusta mi casa.

Es algo que tardé un par de días en averiguar, cuando me fui a Alemania "a vivir". Tenía 20 años y ese afán de demostrarle al mundo lo aventurera, intrépida y rebelde que era yo - siempre fui buena cumpliendo expectativas ajenas-.

Ahora, curada de muchos espantos y sabiendo los que me quedan por curar, afirmo a voz en grito que lo que más me gusta en el mundo es estar cómoda y limpia. Tranquila y felizmente aburguesada, ese es mi estado natural. Y sé que mi postura favorita es semitendida en una tumbona mirando al mar, a ser posible sola, con el camarero de esta mañana sirviéndome Coca-Cola y bocata de tortilla (recién hecha) con rodajas de tomates (de Los Palacios). Eso en verano, porque en invierno me gusta más la mesa camilla, el PowerBook y el rincón del sofá blanco que ya tengo amoldado a mi culo burgués.

Mientras escucho Tragedy de los Bee Gees en el megasorround de la swimming-pool de este hotel modelo Pryca, mi mente viaja a lomos de una de las columnas cartaginesas que rodean la charca modelo Pepito Piscinas hacia el momento en el que le di al botón "Reservar" de la web donde lo reservé. Como si una no supiera a estas alturas que una foto no es ni de lejos la realidad.

En fin, el caso es que aquí estamos, en La Manga, supervivientes felices de Terra Mítica y la Ciudad de las Ciencias de Valencia, hemos venido a hocicar en el presunto sitio del presunto descanso del obrero ahorrador todo el año para disfrutar de la orilla del mar en un hotel de ensueño y con pensión completa, para que "ellas" también puedan descansar. Sí, lo he escrito sin comas, porque esto ahoga tela. Ni un arbolito hemos visto, ni uno.

Para detalles más escabrosos, consultar en el blog del mejor niño del mundo (título que comparte con su brother, course)

Y para contar otras cosas, encontraremos otro momento, que vamos a la "selva-comedor", por si pillamos algo.

8.7.07

Yo es que con estas cosas no puedo.

Podría decir muchas cosas. Unas buenas, otras no tan buenas, probablemente todas me harían perder las formas, la estabilidad y la sensatez. Así que mejor no digo ná y pongo el vídeo.
(Menos mal que los italianos se ofendieron por el anuncio que fue tachado de sexista y no iban a publicitarse más en España- probablemente olvidaron que el dinero mueve dignidades)

Pues eso, si alguien sabe dónde venden espaldas como esta, que me avise.

2.7.07

Para "la mery".




Ella no se llama Cleopatra, ni siquiera Cleo. Ella se llama como yo, María Dolores. Bueno, se llamaba, porque ahora se llama María, a secas. Y yo que me alegro, por algo se empieza: tirando lastre.
Que no es fácil, no.
A ella, como a mí, como a tantas, le enseñaron a ser buena. Pero salió presuntamente "rara". Se casó, tuvo tres hijos, trabajó, siguió a su marido por medio mundo y todo lo demás que eso conlleva... y nunca, nunca, le fue infiel.
Como yo le digo: "Hija, ¿ni siquiera con el pensamiento?" Porque yo vi "Memorias de África" con mi ahora ex-marido, y la calentura que me entró por el señor Redford ni me molesté en disimularla. Tampoco hubiera podido.
Pues ella, María, ni así consiguió que se la considerara normal, debe ser que no basta sólo con seguir las normas y tener buenas maneras (jeje). Y es que la que viene rebelde, lo viene siendo ya desde la Nada. (La Nada es esa señora vacía que carga con la culpa de la gente que no sabe a quién echar la culpa).
Y María venía ya rebelde.
Ella, como yo, seguramente como otras, a lo mejor disimuló muchas veces, aparentando no tener deseos, aparentando que ella con ver felices a los demás ya le llegaba, quedaba como más fino, más elegante, más femenino. Las nenas de familias (¿bien?) no teníamos gases, ni ganas de follarnos a nadie o de que nos follaran. Nosotras sólo queríamos tener una familia y ser chicas estupendas, formales y sobre todo, sobre todo, normales.
Y claro, para ser normales, necesitábamos un hombre. Mejor aún, un marido.
Ahora, después de mil años viviendo sin saber quiénes éramos, volvemos al sendero que nos correspondía y, contra viento y marea, seguimos vivas, tal vez más vivas que antes y, sobre todo, dándonos cuenta de que lo estamos. Bueno, pues para ella, la rumba de Cleo (de Paco Ortega)
"Como un sendero del bosque
Que poco a
poco se va borrando
Así se me va la vida, buscando...

Buscando en la espesura

Buscando a tientas

Buscando una salida

Ay, toda una vida,

Sin darme cuenta...

Buscando la salida

Buscando mi destino
Buscando a tientas,

Soñando un bosque abierto

Y un cielo inmenso

Que me sorprenda...

Ay de dentro a fuera

Me espera otra mujer

Que soy yo misma,

Me espera un corazón,

Mi propio corazón

Y tan contenta...

lalalalala
Besito, Mary.

25.6.07

Hoy soy una madre.

Querido Carlos:
Soy una madre cualquiera de un hijo maravilloso: tú.
Hoy he asistido a tu graduación. Acabó la ESO casi antes de que me diera tiempo a responderte qué era "eso".
Han pasado 4 años maravillosos en tu compañía y la de tu hermano y hoy, entre discursos, diplomas y actuaciones (siempre de niñas, ¿eh?) me ha pasado algo que no pensé que me estuviera destinado: apenas podía aguantar las lágrimas, me siento tan afortunada que creo que podría reventar de felicidad viéndote tan bien, con tus granitos, tus sandalias, tu adrenalina... con tus amigos que también tienen granos, sandalias negras y adrenalina... y ese Alonso, amigo desde chiquitos, y que hoy se había pintado el pelo azul (incluída la trencita), me ha emocionado su afecto por ti y ver que sólo poniéndote con él he podido hacerte una foto.
Pues sí, 4 añazos de preguntar "¿no tienes que estudiar?" para escuchar "que no, pesá".
El caso es que has llegado y lo has hecho bien, a tu manera, con tu estilazo y sin doblar el espinazo ni un momento.

Te quiero. Tu es ma bonheur.

9.5.07

Salmorejo.

A petición del numerosísimo grupo humano que me sigue, expongo aquí la receta del salmorejo, tal y como yo lo concibo, no sin antes aclarar que no hay dos salmorejos exactamente iguales, y desde luego no sin antes avisarles que rechacen todas aquellas recetas que recomiendan ingredientes tipo "pan de molde" o "lata de tomate". Ya sabemos que hoy día, por culpa de la Web 2.0 escribe cualquiera en Internet.
También encontrarán por ahí a algún sevillano que dirá que el salmorejo es de Écija, pero eso no tiene importancia, también creen que el Rocío, las gambas blancas, el Guadalquivir y el pescaíto frito lo inventaron ellos (Un beso para todos los sevillanos, especialmente para los más guapos: mis hijos)

Ingredientes para un buen salmorejo:
Paciencia, si tienes prisa, házte una ensalada y deja el salmorejo para mañana.
Amor, como para todo lo que se quiere hacer bien.
Pan. El pan tiene que ser de pueblo, de bollo (con perdón), pan bobo, de telera. No vale el pan de molde. Ni el pan bombón, ni el de leche. Ha de ser del día anterior, a ser posible, aunque también sirve el del mismísimo día en que se vaya a hacer el salmorejo.
Aceite. El aceite tiene que ser de oliva virgen extra. Es decir, del caro. Picual, hojiblanca... Cuanto más caro, mejor. Y si es de Baena, la pera .Y no hay que ser roñica: el chorro ha de caer con alegría. Esto le dará ese punto que nos hace sentir que le hemos dado la densidad exacta. Reservar un chorrito para adornar al final. No olvidar pasar el dedo por la botella recogiendo la gotita que siempre cae, subir el dedo con tranquilidad, recoger la gotita bien y chuparse el dedo como si se estuviera chupando a... Bueno, que me desvío...
Ajos. Hermosos, fuertes, violetas por fuera, blancos por dentro. Hay que pensar que si el diente (de ajo) es grande, picará cuando haya reposado (el salmorejo), así que habrá que quitarle esa cosita, el rabito verde que hace que luego nos moleste en el estómago (al que moleste, que no es mi caso). Yo sólo le pongo uno pequeñito, pero si te gusta que pique...
Sal. Marina, course. Al gusto.
Vinagre. De vino de Jerez. A mi no me gusta que sepa mucho a vinagre, le quita encanto, así que una gotita bastará.
Tomates. La estrella de la cosa. Faustino (otra vez) se empeña en que tienen que ser tomates rojos y flojindangos. Pues no. El tomate tiene que ser rojo, un tomate de los de antes, de los que ya no quedan, sabroso pero con la acidez justa, hermoso y duro (aunque lo parezca, no estaba describiendo a mi hombre ideal)

El proceso:
El pan NO SE MOJA EN AGUA. Never.
Se baten los tomates en la batidora, bien lavados pero enteros. Lamentablemente hay que intentar quitarles todos los fitosanitarios que vengan arrastrando. Una vez bien batidos, pasarlos por el chino para quitar pellejos y pepitas. (Al parecer, con una Thermomix este proceso no es necesario, pero yo de eso no puedo dar fe)
Añadimos el pan y lo dejamos que se empape en los tomates, ponemos el ajo, la sal, el aceite y la gota de vinagre. Batimos todo muy bien y vamos viendo como se forma una crema que haremos tan clara o espesa como apetezca (esto también depende de con qué se vaya a acompañar) No suele quedar bien ni aguaílla ni tampoco modelo engrudo. Lo ideal es que sea muy fina y suave.

Los acompañamientos son ilimitados. El más clásico es con huevo duro y taquitos (la nouvelle cousine diría que virutas) de jamón de Jabugo con todas las jotas posibles.
Se pueden poner huevos de codorniz, huevos fritos, melva canutera, patata cocida, patatas fritas, con berenjenas, con bacalao marinado, con pescaíto, para mojar tostas... Y dicen que con conejo pero yo ahí no llego, y es que a mí los conejos no me llaman, la verdad.

Y ya está: es fácil y muy agradecido, además de estar buenísimo y ser muy sano (otra vez como mi hombre ideal :-P)
Para más detalles, pincha aquí.

5.5.07

Veneno


¡Veneno!
Aunque seas un veneno

a mí me resultas bueno.

Yo también voy a hablar de la Pantoja. Ni sé ni me importa si ha sido o es víctima o "verduga".
A mí me importa el destrozo que han hecho esa pandilla de desalmados y desalmadas en Marbella y me cabrea que no vayana a devolver ni un céntimo de lo que se han llevado.
A mí me importa, sobre todo, que la televisión siga enseñando a mis hijos, a mi alumnado, que el dinero, el resentimiento, la avaricia, el "yo más que tú", los gritos... es lo que tienen para pasar el rato de sofá diario.

Estoy haciendo zapping a pesar de que sé que podría estar haciendo muchas cosas mejores que ésta y no puedo por menos que indignarme. Me indigna el lagrimeo absurdo de los que están a favor y la inquina no menos absurda de los que están en contra. Me duele ver que las folclóricas manipuladoras son mujeres y que la mayoría del periodismo mal llamado del corazón esté representado por mujeres (aunque los programas apestosos los dirijan hombres)

La Ley de Igualdad nos ayudará a ganar sueldos iguales a trabajos iguales, nos hará visibles en el lenguaje y hasta puede que algún día haya parejas en las que el reparto de las tareas domésticas no sea tema de conversación. Pero la batalla más dura no la ganaremos a corto plazo. Y es la batalla contra nosotras mismas y lo que nos han dicho que somos y lo que nos han dicho que necesitamos, y lo que nos han dicho que sentimos por el simple hecho de ser mujeres, y que nosotras por miedo a veces, por comodidad otras y por cansancio las más, nos hemos creído.
Cuando recuperemos la honestidad y alcancemos la suficiente valentía como para no vivir en función de "él", que no le usemos (a él) para salvarnos la vida, pero tampoco para hacerle culpable de nuestros errores, seremos mujeres libres.

Porque a poco que reflexionemos un poquito, tontas no somos, podremos darnos cuenta de que somos capaces de hacernos responsables de nuestras vidas. Tanto en la cárcel como fuera de ella. Sobre todo en la cárcel sentimental y manipuladora que nada tiene que ver con el amor.

2.5.07

Faustino.


Faustino es mi frutero.

Faustino no me invita a jugar al Casino. Faustino me toca el kiwi.

Faustino pretende saber más que yo de tomates para hacer salmorejo. Faustino tiene la fruta y la verdura más buena del mundo. Y la más cara. Patatas de Chipiona, tomates de Los Palacios y fresones de Palos de la Frontera. Riquísimo todo.

Pero Faustino quiere darme tomates agonizantes y flojos para mi salmorejo. Y no, eso sí que no. Yo quiero los tomates de Los Palacios, que saben a tomates casi como los de antes. Y los quiero rojos. Y los quiero maduros, pero maduros tipo Clooney, es decir, duritos, no maduros como Carlos Larrañaga.

Otro día que sea menos tarde, pondré la receta del salmorejo, por si queda algún ser humano que aún no la conozca.

30.1.07

Heroínas.


"MI NECESIDAD DE SER HEROíNA"
"Cuando ayudar significa hacerme daño...
cuando me involucro aunque no quiera...
cuando antepongo las necesidades del otro a las mías...
cuando me pongo la capa y vuelo y salvo.....
y sin querer.. me caigo.."

7.1.07

Ea, se acabó la penca... de la Navidad.


Ya puedo quitar las luces espantosas que mi peque disfruta tanto, recoger el arbolito que me quita el sitio de la lamparita, dejar de ir a comprar lo último que me falta, volver a disfrutar de Buenafuente y de House, pero sobre todo, se acabó la culpa, la obligación y la nostalgia por decreto. Porque a fin de cuentas, las cosas positivas de la Navidad, si exceptuamos las tarjetas felicitadoras de Miguel, puedo tenerlas cuando quiera.

3.1.07

Antonia

Él: "He pensado que como tú eres viuda y mi mujer ha muerto... bueno, mis hijos necesitan una madre."

Antonia: "Pero yo no necesito unos hijos."

Él, sorprendido: "¿Ah no?"

Antonia es una película.

Odette, otra.

Hay tantas...

28.12.06

McQ

Hace dos años ya. Era mi hermano. Es mi hermano. Y se fue sin despedirse... Y me dejó con la boca abierta y el alma rota.

27.12.06

Las cosas buenas de la Navidad.


Parece que no, pero las hay.

Una de ellas son las tarjetas "felicitadoras" de Miguel. ¿Por qué no me enamoraría yo perdidamente de Miguel? Si ya me lo decía mi abuelo: "Veleta, que eres una veleta".

La del primer año fue una carta de la "Fabrique de fournitures pour pianos & orgues", de 1.889. La del segundo año que sí, que no miento, decía: "Fabricante de cuchillos de Albacete intentando aprender, de incógnito, las últimas técnicas de exportación orientales". Lo del incógnito es pa flipar porque la foto era de un Fumanchú con cara de pocos amigos. Parecía de cualquier sitio menos de Albacete.

La de este año es de toreros. Del año la pera, claro. Perdón, una antigüedad muy valiosa, "El Regatero" y su cuadrilla el día de su alternativa en Madrid, en Julio de 1.858. El primer torero que acabó en plazas francesas. El fotógrafo se llamaba André Disdéri, inventor de la fotografía tipo "Tarjeta de visita". Gran representante del retrato fotográfico popular de corte academicista. Nombrado fotógrafo oficial de Francia por Napoleón III. Termina con esta perla: "Original en albúmina a partir de negativo de colodión húmedo". Sublime. Y anda que el sobre...

Tal vez algún día me lo camele (a Miguel, no al Regatero, que vaya patillas) y me cuente de dónde saca pa tanto como destaca. Es un señor (Miguel, no el Regatero), pero además es divertido. Se define a sí mismo como Observador de Arpías, aunque nunca me cuenta qué observa cuando me invita a comer, y ahora se dedica a buscar a la espía que llegó del frío.

Te quiero mucho, Miguel. Y Na zdravie, jejejeje.

26.12.06

No, gracias.

Qué difícil es decir que no. Decir que no a los amigos, a las amigas, a tu padre, a tu madre, al fontanero, a tus hijos, a un pretendiente, a dos, a tí misma... toda una vida intentando aprender a decir no cuando quiero decir no.

No importa por qué digo que no, es lo que yo elijo, da igual si es bueno o malo para mí, es mi decisión, ¿por qué ese empeño de todo el mundo en decirme lo que me conviene? ¿Acaso tengo pinta de no saber lo que me conviene?

No importa si me estoy equivocando, yo elijo, casi por primera vez en mi vida elijo decir no. No a mil cosas a las que antes decía si, bueno... para quedar bien, para no ser diferente, rara, o para que no me dijeran lo equivocadísima que es mi elección.

Pues bien, vuelvo a equivocarme por enésima vez y digo: No.

¿Lo entiendes? Bien. ¿No lo entiendes? te lo diré más claro: ¡¡¡ QUE NO, COJONES !!!!

¿Falta mucho para que termine la Navidad?

25.12.06

Memorias de África


¿Son incompatibles la independencia y el compromiso?
(Si me lavas la cabeza así, me comprometo a ser independiente)

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¿Estaría contigo si quisiera estar con otra?
Yo vuelvo siempre, ¿qué te pasa?
¿Conoces algún matrimonio al que admires?
No me gustaría descubrir un día que estoy al final de la vida de otra persona.
No estaré más unido a ti ni te querré más por un trozo de papel.
(Denys George Finch Hatton)

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Ante esa joven cabeza laureada
contemplarán tu cuerpo inerte
y descubrirán entre los rizos de tu pelo
una guirnalda aún sin marchitar.
(A.E. Housman)

17.12.06

Lo que cansa la soberbia


Estudio inglés después de colgar los cuadros, pasar la aspiradora, ordenar la cocina, tomarme un dolalgial para la resaca que me provoca parlotear toda la noche, recibir a mi ex y a su hermano, poner dos lavadoras, tenderlas, ayudar al peque con los deberes, perfilar la web del colegio, montar una película que tengo a medias, ordenar y guardar cientos de fotos antes de que se me pierdan para siempre, depilarme las piernas, ponerme crema en los ojos, leer algo edificante, navegar por la web buscando información para la chiquillería... no sigo, pero hay más.

Y todavía hay quien cree que el puenting es un deporte de riesgo.

13.12.06

Elegir es posible.


Puede que dejarte fuera un error, pero fue el único error que pude permitirme. (Renée)

10.12.06

Pedid y se os dará.

Deseamos cosas que ni siquiera queremos. Somos mujeres. (Oído en Ally MacBeal)


Cierto, yo he deseado cosas que no quería. Y como los deseos suelen cumplirse a poco que una rece (ya sabes, no pidas que el de arriba escucha), me casé.

Yo deseaba casarme porque sabía que eso era lo que esperaban de mí. Familia, amigos y demás afectos. No dejaban de machacarme con el reloj biológico, la urgencia, la utilidad, la necesidad, lo bien que me iba a venir... ¿pero con qué clase de gente me relacionaba yo?

La cuestión era que había peticiones y como el ego y la necesidad de aprobación pudieron más, me casé. Eso sí, a la Iglesia fui dopada, y hoy con la mente despejada y las culpas resueltas me alegro. Gracias a aquel traspiés hoy vivo con dos hijos maravillosos, dos milagros... por los que le estoy muy agradecida a la vida, a mi ex-marido y a mí misma.

Actualmente, como mi dignidad me impide aceptar dinero de un señor, la nevera la lleno yo solita y ya soy madre, no se me ocurre ningún motivo por el que pueda volver a desear que me pase lo que no quiero.

¿Canciones de amor?



En Ousferrats habla Tak de Tom Jones y su Deliah. "She was my woman", dice el payo que canta. Y habla de cuchillos y que se acabó la risa o algo así.
Yo no sé inglés, pero para esto que me preocupa no me hace falta.
"La maté porque era mía", se dice en español aún a estas alturas "del progreso" y de los "pasos de giganta" que dicen que hemos dado las mujeres.
No hace falta matar. La violencia no es sólo física. Hay una violencia encubierta y consensuada por casi todos y todas. ¿Jugamos a hacer una lista? No, mejor no, que habría gente que tendría que replantearse cambiar hasta los cimientos de su propia vida. ¿Y hay algo más duro y que dé más miedo que tener que cambiar?

Las "canciones de amor" y la publicidad son unas armas casi invencibles en contra de nuestra chiquillería, y de la gente en general, que aprende sin querer y sin anestesia que amar es sufrir, que te faltan muchos gajos para ser una persona entera y que con una talla 38, oliendo a 80 euros por botecito y vistiendo de D&G serás feliz... especialmente si eres mujer... no te digo ná el poder que daría que Cloneey te trajera a casa la leche (con perdón) por la mañana.

"Búscate un hombre que te quiera, que te tenga llenita la nevera"...
Pobres hombres, que responsabilidad, que dolor no poder elegir ser un hombre vulnerable en vez de un Action Man y compañero en vez de salvador de "presunta desvalida". No pueden elegir, no les conviene porque ni siquiera nosotras les queremos así. Nos va más el punto canalla, el que decide por nosotras y el que de vez en cuando, te hace alguna "putadita". Eso dicen.

"Tú que eres tan guapa y tan lista, tú que te mereces un príncipe o un dentista", ¿Y por qué no un ingeniero? Personalmente prefiero un arquitecto a un dentista, profesión tan noble como la de albañil, pero yo no podría hurgar en bocas ajenas... En cuanto a lo del príncipe, viendo a Letizia tan estresada y con este puntillo republicano que me está entrando, pues va a ser que no, que prefiero un buen bombero con una manguera "ad hoc".
Ah, y todos ellos, por favor, con casa propia.

"Sin ti no soy nada", de Amaral... Qué más da, la lista es interminable.

Y no, no vale decir que "eso es así". Las cosas no tienen por qué ser así, pueden ser infinitamente mejores. Que lo sé yo.


9.12.06

Juego de los 5 errores.

Hay algunos objetos (cinco concretamente) fuera de lugar, así que deja de mirar ese y di de qué color son el resto :-P

La culpa no existe, eso es mentira.

La culpa no existe.
No existe en origen, quiero decir. Yo no recuerdo haberme sentido culpable jamás hasta que alguien me dijo: "¿Cómo te sientes por haber hecho eso?"... Acababa de partir por la mitad una magnífica espada de mosquetero que le habían regalado a mi hermano. Desde mi punto de vista lo que yo había hecho era repartir justicia. Mi hermano se había reído de mí porque mi regalo era una muñeca a la que se le atascaba el párpado rígido de muerta que tienen las muñecas con las que pretendían enseñarnos a ser las magníficas mamás que la sociedad espera que seamos. Y no era la primera vez que el agravio comparativo con mi hermano, sólo un año mayor, ocurría. Invariablemente, los Reyes Magos traían bicicletas para él y muñecas enfermizas para mí, a pesar de que mis cartas, dirigidas específicamente a Baltasar solicitando su comprensión, dejaban bien claro que yo aquella injusticia no la entendía y que rogaba y hasta exigía que se pusiera remedio a aquello.
Me devanaba la sesera intentando averiguar qué quería mi tío que contestara, a poco que acertara con la respuesta podría salir corriendo y seguir jugando, que era lo único que me importaba. "¿A que no te sientes bien?", insistía el muy... Hasta ese momento, yo estaba bien. Después de presionarme para que contestara lo que él quería escuchar, y conseguirlo, entré en la peor parcela del mundo adulto: La culpa.


Ese día fue el maravilloso día de mi Primera Comunión. Me gané una bronca por meter los zapatos blancos en un charco, por mancharme de chocolate, por preguntar a un señor por su regalo y por negarle un beso a otro. Para colmo y en un ataque de inocencia suprema confesé a mi madre que estaba enamorada del fraile, misionero én África, con barba y sotana blanca, nada que ver con el cuervo carcamal que teníamos en Misa a diario. Ni qué decir tiene que fue uno de los peores días de mi vida, no pegué ojo, rezaba como una energúmena a ese señor tan varonil de barba blanca que me miraba a través de un triángulo alrededor del cual volaba una paloma que yo nunca entendí por qué la llamaban Trini, implorando su perdón.

El día de mi Primera Comunión estuvo repleto de ese sentimiento inventado por algún sádico ansioso de poder que hizo el descubrimiento de su vida, y de las nuestras.

A veces imagino cómo habría sido mi vida sin culpa... y me da rabia...

8.12.06

¿Gadget o chisme?